Voy a barrer y a ordenar mi pieza
como si mi cama
nunca hubiera sido abordada
por pilas
de prendas
de ropa,
como si el suelo
fuera solo para caminar,
y no
un tacho de basura
sin profundidad,
voy a pasarle Blem
a todos los muebles
y todo el mundo va a notarlo,
voy a traer al mundo
una pieza nueva,
una pieza limpia
y ordenada,
respetable,
una pieza
que no es la mía,
una pieza
que no soy yo,
para que todo el mundo
pueda verla
y esté orgulloso
de lo presentable
que está la pieza,
una pieza
que no es la mía,
una pieza
que no soy yo.
Fuerte el aplauso
para esta pieza,
belleza
despensa
de mis días contados,
amados los lados
de estas cuatro paredes
que gritan el nombre
de un hombre ordenado,
un nombre que no es el mío,
un hombre que no soy yo.
La pieza será la prueba
de qué bien que estoy,
tengo todo bajo control,
y mi pieza te lo cuenta,
barrida,
lustrada,
encendida,
encerada,
mi pieza bañada
de moral y respeto,
guarda un secreto
que solo yo sé:
el cuarto ordenado
socialmente exhibido,
pero el cuarto ordenado
pasa desapercibido.
martes, 27 de diciembre de 2016
Delfines
I.
Que el jueves se haga presente
para convertirme en delfín
y vos en Delfina
y tengamos sexo
solo por placer,
porque, claro,
podemos hacerlo,
pues claro,
somos delfines.
Que el jueves se haga presente
para convertirme en delfín
y vos en Delfina
y tengamos sexo
solo por placer,
porque, claro,
podemos hacerlo,
pues claro,
somos delfines.
Mi remedio inútil (Incesante)
Pensadores andantes del mundo de los muertos,
mi casa está acá a la vuelta,
pueden venir a cenar un día,
o cenarse una semana,
o mi vida entera.
Esta sensación vital esquizofrénica es como tener un cubo rubick metido en el ojete y no podérselo sacar. Y cuando sentís que lo estás sacando de a poquito, lo que en realidad sucede, es que lo estás metiendo cada vez más adentro. Porque te gusta, porque te duele, porque te gusta que te duela, y si sos hombre, te gusta más, porque te sentís la mujer que nunca vas a ser, pero una parte de vos ya lo es, lo ha sido siempre, y eso es hermoso.
Ellos, mis maestros, ven todos las mismas cosas. Sienten los mismos colores, colores que yo no puedo ver. Porque mis ojos están escupidos vaya yo a lograr saber de qué clase de veneno, de dónde, de cuándo, de quién, y si me pinta la curiosidad repentina, también de cómo.
Ellos, mis maestros, han venido de otro lugar.
Han nacido en otra tierra.
Ellos, mis maestros, saben algo que yo no.
Y escuchando música, cae la moneda, y me hace masajes dorados, que descontracturan pero contracturan, que desarman pero arman, pilares, y pilares de cuestionamientos, de incógnitas, de incongruencias, de faltas de sentido, de curiosidades, de preguntas, preguntas y preguntas. Y es ahí cuando me siento vivo y muerto, o loco y cuerdo, de repente me acuerdo, de la primera vez que pensé en Michi. Y ellos, mis maestros, saben algo que yo no y siguen avanzando, mientras yo cabalgo mi incesante tortuga, que quiere pero (pobre) no puede, y teme que no podrá nunca,
pero incesante seguro,
incesante siempre,
incesante mi duda,
incesante mi miedo,
incesante mi consciente acting,
por ende,
incesante estar hoy aquí,
incesante dar el presente,
incesante el aún dar más,
incesante el amor al acting
falso,
pero siempre
incesante
este momento,
que ya es pasado,
pero ahora,
para estos ojos
que miran,
apuntan
y disparan
esto no es más
que un descargo canábico
que finge ser
mi remedio inútil.
mi casa está acá a la vuelta,
pueden venir a cenar un día,
o cenarse una semana,
o mi vida entera.
Esta sensación vital esquizofrénica es como tener un cubo rubick metido en el ojete y no podérselo sacar. Y cuando sentís que lo estás sacando de a poquito, lo que en realidad sucede, es que lo estás metiendo cada vez más adentro. Porque te gusta, porque te duele, porque te gusta que te duela, y si sos hombre, te gusta más, porque te sentís la mujer que nunca vas a ser, pero una parte de vos ya lo es, lo ha sido siempre, y eso es hermoso.
Ellos, mis maestros, ven todos las mismas cosas. Sienten los mismos colores, colores que yo no puedo ver. Porque mis ojos están escupidos vaya yo a lograr saber de qué clase de veneno, de dónde, de cuándo, de quién, y si me pinta la curiosidad repentina, también de cómo.
Ellos, mis maestros, han venido de otro lugar.
Han nacido en otra tierra.
Ellos, mis maestros, saben algo que yo no.
Y escuchando música, cae la moneda, y me hace masajes dorados, que descontracturan pero contracturan, que desarman pero arman, pilares, y pilares de cuestionamientos, de incógnitas, de incongruencias, de faltas de sentido, de curiosidades, de preguntas, preguntas y preguntas. Y es ahí cuando me siento vivo y muerto, o loco y cuerdo, de repente me acuerdo, de la primera vez que pensé en Michi. Y ellos, mis maestros, saben algo que yo no y siguen avanzando, mientras yo cabalgo mi incesante tortuga, que quiere pero (pobre) no puede, y teme que no podrá nunca,
pero incesante seguro,
incesante siempre,
incesante mi duda,
incesante mi miedo,
incesante mi consciente acting,
por ende,
incesante estar hoy aquí,
incesante dar el presente,
incesante el aún dar más,
incesante el amor al acting
falso,
pero siempre
incesante
este momento,
que ya es pasado,
pero ahora,
para estos ojos
que miran,
apuntan
y disparan
esto no es más
que un descargo canábico
que finge ser
mi remedio inútil.
Fran y su novia
Fran y su novia comenzaron a besarse apasionadísimamente, con mucho ruido, con ricas ganas, con libre e intenso disfrute, como debe ser.
Y Gabi gritó: "¡viva el amor!".
Fran dejó de besar a su novia, tomó su cara entre sus enormes manos (seguramente suaves), construyó un puente con sus ojos, un puente directo a ella, y le dijo: "yo te uso y tú me usas".
Luego, siguieron besándose.
Y Gabi gritó: "¡viva el amor!".
Fran dejó de besar a su novia, tomó su cara entre sus enormes manos (seguramente suaves), construyó un puente con sus ojos, un puente directo a ella, y le dijo: "yo te uso y tú me usas".
Luego, siguieron besándose.
Reacción
¿Qué debería hacer?
¿Hundirme la cara en el barro y respirar?
¿Dibujar en el barro?
¿O evitar que llueva?
¿Qué debería hacer?
¿Coger más?
¿Coger menos?
¿Hacerme la paja más seguido?
¿Más todavía?
¿Qué debería hacer?
¿Cerrar el orto?
¿Escupir en sus caras?
¿Tragarme los mocos?
¿O meterme los dedos hasta el cerebelo?
¿Qué debería hacer?
¿Estar tranquilo?
¿Estar nervioso?
Reposo
mentiroso,
taquicárdico,
adictivo.
Lo quiero todo.
¿Qué debería hacer?
¿Pasar sin saludar?
¿Saludar sin culpa?
¿Hacer la mía?
¿Hacer la tuya?
¡Xuxa!
¡Vendeme el cicatricure!
La franquicia, el fondo de comercio,
porque esto no sana.
¿Qué debería hacer?
¿Comprar un destornillador,
abrir esta máquina,
quitarle ese bichito molesto
y quemarlo vivo en una olla con aceite hirviendo?
¿O domesticarlo?
¿Darle de comer?
Le pongo su agüita,
le pongo su comidita.
Que crezca y me devore.
Quizás,
casi desecho en sus ácidos gástricos,
ya no me preocupe por hacer algo,
y logre ver una luz,
una luz que me mira desde adentro,
una luz que siempre estuvo ahí,
una luz que aún en pleno nado digestivo en mi bicho doméstico,
me demanda que reaccione ante todo esto
y entonces...
¿Qué debería hacer?
¿Hundirme la cara en el barro y respirar?
¿Dibujar en el barro?
¿O evitar que llueva?
¿Qué debería hacer?
¿Coger más?
¿Coger menos?
¿Hacerme la paja más seguido?
¿Más todavía?
¿Qué debería hacer?
¿Cerrar el orto?
¿Escupir en sus caras?
¿Tragarme los mocos?
¿O meterme los dedos hasta el cerebelo?
¿Qué debería hacer?
¿Estar tranquilo?
¿Estar nervioso?
Reposo
mentiroso,
taquicárdico,
adictivo.
Lo quiero todo.
¿Qué debería hacer?
¿Pasar sin saludar?
¿Saludar sin culpa?
¿Hacer la mía?
¿Hacer la tuya?
¡Xuxa!
¡Vendeme el cicatricure!
La franquicia, el fondo de comercio,
porque esto no sana.
¿Qué debería hacer?
¿Comprar un destornillador,
abrir esta máquina,
quitarle ese bichito molesto
y quemarlo vivo en una olla con aceite hirviendo?
¿O domesticarlo?
¿Darle de comer?
Le pongo su agüita,
le pongo su comidita.
Que crezca y me devore.
Quizás,
casi desecho en sus ácidos gástricos,
ya no me preocupe por hacer algo,
y logre ver una luz,
una luz que me mira desde adentro,
una luz que siempre estuvo ahí,
una luz que aún en pleno nado digestivo en mi bicho doméstico,
me demanda que reaccione ante todo esto
y entonces...
¿Qué debería hacer?
Tijeretazo indebido
Perdóname pelo, debo cortarte.
Soy un pelotudo. Ese tijeretazo indebido me ha peinado las venas, lastimándolas, vaciándolas, haciendo que desaparezcan en un tachito de basura, de esos que hay en los baños.
Perdóname pelo, debo cortarte.
Por pensar demasiado las cosas terminé sin pensar nada, nada que realmente importe, aún ahora lo hago, sospecho que lo haré para siempre. Pisé la baldosa más floja y más agua y más barro del barrio barrial barrido por el barrendero, ese que me mira cuando paso. De ahora en más, ya no va a hacerlo. Ya no hay nada que ver.
Perdóname pelo, debo cortarte.
El miedo y yo aún cenamos en la misma mesa, aún me tiene atado en la misma silla. Eras el símbolo de un cambio, el despertar de una voz dormida, la llegada a un nuevo mundo, eras la prueba.
Perdóname pelo, debo cortarte.
No debo olvidar pulir mis tesoros más pequeños. Tu eres uno de ellos. Pero debes irte de todas formas, volverás renovado. Yo te esperaré con algunos años más encima, intentaré conservar los anteojos, y te esperaré con más pastos, con más almohadas, te esperaré con más colitas, buenas y no tanto. Te esperaré con más dedos para volver a sentirte. Dejaré de llorar para no acrecentar tu mar en este viaje temporal, tu barco acariciará mis lágrimas.
Así que ve pelo,
pero perdóname, debo cortarte, y debo hacerlo sin amor. Porque extrañarte será tan filoso como esta tijera que ahora sientes.
Soy un pelotudo. Ese tijeretazo indebido me ha peinado las venas, lastimándolas, vaciándolas, haciendo que desaparezcan en un tachito de basura, de esos que hay en los baños.
Perdóname pelo, debo cortarte.
Por pensar demasiado las cosas terminé sin pensar nada, nada que realmente importe, aún ahora lo hago, sospecho que lo haré para siempre. Pisé la baldosa más floja y más agua y más barro del barrio barrial barrido por el barrendero, ese que me mira cuando paso. De ahora en más, ya no va a hacerlo. Ya no hay nada que ver.
Perdóname pelo, debo cortarte.
El miedo y yo aún cenamos en la misma mesa, aún me tiene atado en la misma silla. Eras el símbolo de un cambio, el despertar de una voz dormida, la llegada a un nuevo mundo, eras la prueba.
Perdóname pelo, debo cortarte.
No debo olvidar pulir mis tesoros más pequeños. Tu eres uno de ellos. Pero debes irte de todas formas, volverás renovado. Yo te esperaré con algunos años más encima, intentaré conservar los anteojos, y te esperaré con más pastos, con más almohadas, te esperaré con más colitas, buenas y no tanto. Te esperaré con más dedos para volver a sentirte. Dejaré de llorar para no acrecentar tu mar en este viaje temporal, tu barco acariciará mis lágrimas.
Así que ve pelo,
pero perdóname, debo cortarte, y debo hacerlo sin amor. Porque extrañarte será tan filoso como esta tijera que ahora sientes.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Besar
besarte la boca
tanto como los cachetes
el derecho más
porque es más gordo
que bien que se siente
apretado
entre mi pulgar
y la falange media
de mi dedo índice
ambos
son de la mano derecha
besarte la tuya
en el centro
sopapa
destapa
un tsunami de sensaciones
guardadas
esperando
té
con miel y limón
escondido
abajo de una mesita ratona
besarte la cara
como si te pegara un tiro
en el medio de la jeta
desfigurarte el rostro
potencial labial
te marco
hoy
no hay nadie más en el mundo
que lleve mi marca
yo llevo la tuya
besarte las ideas
tu llamado de hermana
emana
tu bondad entera
¡camarera
habilite la casa
que el momento no se pasa
sin tomar otra pinta!
privilegiada cinta
la que recoge tu pelo
es mi mano misma
acariciando el cielo
tanto como los cachetes
el derecho más
porque es más gordo
que bien que se siente
apretado
entre mi pulgar
y la falange media
de mi dedo índice
ambos
son de la mano derecha
besarte la tuya
en el centro
sopapa
destapa
un tsunami de sensaciones
guardadas
esperando
té
con miel y limón
escondido
abajo de una mesita ratona
besarte la cara
como si te pegara un tiro
en el medio de la jeta
desfigurarte el rostro
potencial labial
te marco
hoy
no hay nadie más en el mundo
que lleve mi marca
yo llevo la tuya
besarte las ideas
tu llamado de hermana
emana
tu bondad entera
¡camarera
habilite la casa
que el momento no se pasa
sin tomar otra pinta!
privilegiada cinta
la que recoge tu pelo
es mi mano misma
acariciando el cielo
lunes, 28 de noviembre de 2016
Utopía
Cuando la almohada ya no sea un río salado,
cuando ya no riegue mis plantas venenosas,
ni alimente las carnívoras,
cuando las veredas cesen las ofertas de colchones ilusorios,
y los billetes no sean más que árboles muertos,
muertos en vano,
y renazcan ausentes de muerte previa,
cuando showmatch quede en el olvido,
como un nunca más,
como un holocausto,
como una inquisición,
cuando los genitales vuelen,
cuando enfermemos solo de amor,
o por amor,
o por haber amado,
a alguien,
o a algo,
o a un momento,
cuando las guerras vuelvan al mar,
y los guerreros cegados entiendan
que cuando le quitás la vida a alguien
le estás
quitando
la vida
a alguien,
cuando vuelva a crecer el pasto,
cuando quiera traer a un niño al mundo,
cuando el mundo este apto
para mi niño,
cuando dejemos de ponerle fin a las historias,
cuando por fin sacie mi sed humanamente infinita,
infinitamente humana,
cuando por fin esta mano ya no hierva al contacto humeante de la tinta,
cuando por fin esta voz ya no convulsione por salir,
cuando todos seamos todos
y volvamos juntos a casa,
ahí quizás,
y solo quizás,
pueda escribir más lento.
cuando ya no riegue mis plantas venenosas,
ni alimente las carnívoras,
cuando las veredas cesen las ofertas de colchones ilusorios,
y los billetes no sean más que árboles muertos,
muertos en vano,
y renazcan ausentes de muerte previa,
cuando showmatch quede en el olvido,
como un nunca más,
como un holocausto,
como una inquisición,
cuando los genitales vuelen,
cuando enfermemos solo de amor,
o por amor,
o por haber amado,
a alguien,
o a algo,
o a un momento,
cuando las guerras vuelvan al mar,
y los guerreros cegados entiendan
que cuando le quitás la vida a alguien
le estás
quitando
la vida
a alguien,
cuando vuelva a crecer el pasto,
cuando quiera traer a un niño al mundo,
cuando el mundo este apto
para mi niño,
cuando dejemos de ponerle fin a las historias,
cuando por fin sacie mi sed humanamente infinita,
infinitamente humana,
cuando por fin esta mano ya no hierva al contacto humeante de la tinta,
cuando por fin esta voz ya no convulsione por salir,
cuando todos seamos todos
y volvamos juntos a casa,
ahí quizás,
y solo quizás,
pueda escribir más lento.
domingo, 20 de noviembre de 2016
La cordillera de Berlín
Toda mi vida depende de un papel,
no de mí,
no de vos,
mamá siempre va a ser mi novia,
y papá siempre va a tener la culpa de todo,
y toda mi vida depende de un papel.
Ya no quiero ver gente entera
porque eso no existe.
Quiero verlos a todos rotos,
muéstrense,
que rotos estamos todos
por dentro
el tiempo todo,
todo el tiempo.
Mi vida toda,
toda mi vida
depende de un papel.
¿Qué consejo puede considerarse acertado, si las fórmulas
son cuentos de hadas?
Si aprender buscamos, mi amor, ¿qué hemos estado haciendo?
A mi me enseñaron a odiar a los chilenos porque vendieron las
Malvinas.
"¡Chilenos de mierda!" gritaba Fede en la primaria a los 7 años,
creyendo saber algo,
sintiéndose parte de algo,
sin saber que "no sé" se escribe separado,
al igual que "por favor",
un reclamo,
un abrazo,
un rincón para llorar tranquilo.
"¡Chilenos de mierda!" gritaba mi padre,
y yo que admiraba sus puteadas,
hoy puteo sus admiraciones.
¿Qué culpa tengo yo de ser tan falible y qué culpa tiene un
chileno de que le hayan puesto nombre de la cordillera para allá?
¿Por qué no aquí?
O yo allá.
Aquí y ahora
es cuando.
Quisiera vestirme de explosivos,
la cantidad exacta para derrumbar todo el muro de los andes,
(la cordillera de Berlín),
y abrazar a aquel hermano que no conozco,
que está del otro lado,
hacer un fuego alimentado de cadáveres de generaciones pasadas,
que ya cadáveres son,
entonces,
usémoslos para algo,
danzar tirando tiros al aire,
a ver quién puede atrapar una bala con su cabeza,
para solucionar algo,
para hacer reír,
para darle un sentido más práctico a esta vida absurda,
para que mi muerte sea recordada
como aquel cuerpo explosivo,
que derrumbó la montaña,
y les regaló hoy,
un pedazo de vida.
no de mí,
no de vos,
mamá siempre va a ser mi novia,
y papá siempre va a tener la culpa de todo,
y toda mi vida depende de un papel.
Ya no quiero ver gente entera
porque eso no existe.
Quiero verlos a todos rotos,
muéstrense,
que rotos estamos todos
por dentro
el tiempo todo,
todo el tiempo.
Mi vida toda,
toda mi vida
depende de un papel.
¿Qué consejo puede considerarse acertado, si las fórmulas
son cuentos de hadas?
Si aprender buscamos, mi amor, ¿qué hemos estado haciendo?
A mi me enseñaron a odiar a los chilenos porque vendieron las
Malvinas.
"¡Chilenos de mierda!" gritaba Fede en la primaria a los 7 años,
creyendo saber algo,
sintiéndose parte de algo,
sin saber que "no sé" se escribe separado,
al igual que "por favor",
un reclamo,
un abrazo,
un rincón para llorar tranquilo.
"¡Chilenos de mierda!" gritaba mi padre,
y yo que admiraba sus puteadas,
hoy puteo sus admiraciones.
¿Qué culpa tengo yo de ser tan falible y qué culpa tiene un
chileno de que le hayan puesto nombre de la cordillera para allá?
¿Por qué no aquí?
O yo allá.
Aquí y ahora
es cuando.
Quisiera vestirme de explosivos,
la cantidad exacta para derrumbar todo el muro de los andes,
(la cordillera de Berlín),
y abrazar a aquel hermano que no conozco,
que está del otro lado,
hacer un fuego alimentado de cadáveres de generaciones pasadas,
que ya cadáveres son,
entonces,
usémoslos para algo,
danzar tirando tiros al aire,
a ver quién puede atrapar una bala con su cabeza,
para solucionar algo,
para hacer reír,
para darle un sentido más práctico a esta vida absurda,
para que mi muerte sea recordada
como aquel cuerpo explosivo,
que derrumbó la montaña,
y les regaló hoy,
un pedazo de vida.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Té
Ese perfume con aroma a jengibre...
quisiera disolverte en un té
y beberlo
para completarte
como un rompecabezas
dentro mío.
Luego digerirte,
limpiarte de mi sistema
pero nunca del todo,
siempre sospechando
que después de tantos años
todavía quedan restos tuyos
ácidos
pegados en las paredes de mi estómago,
a veces dándome arcadas,
a veces dándome calor,
como recordando un rico aroma
que no se de qué es.
quisiera disolverte en un té
y beberlo
para completarte
como un rompecabezas
dentro mío.
Luego digerirte,
limpiarte de mi sistema
pero nunca del todo,
siempre sospechando
que después de tantos años
todavía quedan restos tuyos
ácidos
pegados en las paredes de mi estómago,
a veces dándome arcadas,
a veces dándome calor,
como recordando un rico aroma
que no se de qué es.
lunes, 31 de octubre de 2016
Martín
En ese momento, era Martín. Nadie más que Martín quería yo ser. Mi vida, mi espejo, mi cuerpo hubiera dado por ser Martín. Todo era silencio cuando él cantaba. Martín era el momento mismo. Nada más, nada menos. Martín no necesitaba nada. Sonreía y no se daba cuenta. Era feliz y no se percataba, por eso era feliz. De repente, me di cuenta... ¡yo era Martín! Estaba ahí, en lo alto de la tarima invisible, del razonamiento inexistente, de la angustia emitida. Explotaba de energía, salía como un volcán de pompas de jabón por mi garganta, la inundaba, poder puro. Me sentía vivo, parte de todo. Estaba donde tenía que estar. Si de todos los tiempos y lugares, hubiera solo uno en el que yo debiera estar para mantener el orden universal del cosmos, ese sería el lugar. Era mi ser, en toda su liberación. Y todos iban de la mano, de mi mano. Una mano que iba con las de ellos, éramos uno. Era Martín, era él. Y Martín, en ese momento, era la felicidad hecha cuerpo.
jueves, 20 de octubre de 2016
El cielo se desmorona
El cielo se desmorona,
se cae a pedazos.
Se suicida
solo para nosotros.
El cielo se desmorona,
apaga su velador,
baja la térmica,
manda a las nubes a casa
para que se mojen en el camino
y lleguen a su hogar,
agarren una toalla,
sequen sus melenas blancas esponjosas
y se sacudan,
y sean libres danzando mojadas
porque el cielo se desmorona,
y no es tarde,
sino que es exactamente preciso.
Es una lluvia exacta;
cada centímetro cúbico sabe donde y cuando caer
ya que el cielo se desmorona,
se quiebra en llanto,
hace nacer una ducha sin canillas,
sin fierros,
sin cloro.
Es una ducha que viene del primer mundo,
y no hablo de países,
sino de la lluvia primera,
la ducha original,
el baño que el cielo hace nacer para nosotros,
para que te vea venir a lo lejos
por la misma cuadra,
o la cuadra de enfrente,
y cruce, ajeno a toda duda,
mojándome feliz, mojándome más todavía,
y te reconozca a lo lejos
y vos me reconozcas a mí,
me analices y me sientas dentro tuyo,
sin aún tocarnos,
como yo te siento dentro solo al verte,
y te invite:
¡Vení a mojarte conmigo!
¡Dancemos bajo la lluvia!
¡Respiremos bajo el agua!
Dame tu mano
y creemos un momento único,
un momento irrepetiblemente fugaz.
Creemos un momento jamás creado,
deborémonos los labios en un beso bien ruidoso,
bien húmedo,
un beso como debe ser,
un beso con B mayúscula,
un beso que te haga saber cuántas ganas,
cuántas ganas,
cuántas ganas había
mientras nos fusionamos en un abrazo subacuático.
Dejá caer todas tus bolsas y entregate a este momento,
que cada gota de esta lluvia
está cayendo para nosotros.
se cae a pedazos.
Se suicida
solo para nosotros.
El cielo se desmorona,
apaga su velador,
baja la térmica,
manda a las nubes a casa
para que se mojen en el camino
y lleguen a su hogar,
agarren una toalla,
sequen sus melenas blancas esponjosas
y se sacudan,
y sean libres danzando mojadas
porque el cielo se desmorona,
y no es tarde,
sino que es exactamente preciso.
Es una lluvia exacta;
cada centímetro cúbico sabe donde y cuando caer
ya que el cielo se desmorona,
se quiebra en llanto,
hace nacer una ducha sin canillas,
sin fierros,
sin cloro.
Es una ducha que viene del primer mundo,
y no hablo de países,
sino de la lluvia primera,
la ducha original,
el baño que el cielo hace nacer para nosotros,
para que te vea venir a lo lejos
por la misma cuadra,
o la cuadra de enfrente,
y cruce, ajeno a toda duda,
mojándome feliz, mojándome más todavía,
y te reconozca a lo lejos
y vos me reconozcas a mí,
me analices y me sientas dentro tuyo,
sin aún tocarnos,
como yo te siento dentro solo al verte,
y te invite:
¡Vení a mojarte conmigo!
¡Dancemos bajo la lluvia!
¡Respiremos bajo el agua!
Dame tu mano
y creemos un momento único,
un momento irrepetiblemente fugaz.
Creemos un momento jamás creado,
deborémonos los labios en un beso bien ruidoso,
bien húmedo,
un beso como debe ser,
un beso con B mayúscula,
un beso que te haga saber cuántas ganas,
cuántas ganas,
cuántas ganas había
mientras nos fusionamos en un abrazo subacuático.
Dejá caer todas tus bolsas y entregate a este momento,
que cada gota de esta lluvia
está cayendo para nosotros.
lunes, 17 de octubre de 2016
La pared y la mariposa
El tiempo es un actor que interpreta eternamente el papel de divisor de caminos. Yo soy parte de una tribu, o al menos lo era. Vagábamos, cual manada, por el desierto. Era tal el ocaso de esa tarde y el naranja del cielo era tan igual al naranja de la arena del suelo, que parecía no haber horizonte, parecía no haber un sol pero aun así no ser de noche. Vagábamos, como por nada, como por todo, como si ignoráramos completa y absolutamente el paso del tiempo. Recuerdo que estábamos caminando todos juntos, encontrándonos a cada segundo hasta que apareció cierta mariposa de ciertos colores extraños, como si hubiera sido pintada por un artista de otro mundo. Voló hacia nosotros, y de repente, de la nada misma, se trazó ante nosotros una pared de un material llamativamente extraño. La mejor aproximación que puedo darles es "gelatina violeta claro", una pared de gelatina violeta claro, transparente. Pared que se estrenó en nuestra vida, pared nueva y virgen de teorías y errores humanos, errores contaminantes. En la tribu eramos varios, dormíamos todos bajos distintos techos. Nos encontrábamos para enseñarnos, para aprendernos. Íbamos, al menos hasta ese momento, hacia el mismo lado. El caso es que uno de nosotros se atrevió a tantear la gelatinosa pared. Apoyó su mano pensando en la pared, siendo la pared. Dio un paso mas allá y se decidió a intentar atravesarla, pero atravesarla no dificultosamente sino como si lo único que supiera hacer en el mundo fuera atravesar paredes gelatina, como si ya hubiera atravesado mil paredes gelatina, como si hubiera nacido para atravesar paredes gelatina, tan fácil lo hizo parecer. Se convenció de que podía pasar. Y pasó, ahora está del otro lado. Otro mas se atrevió, apoya, atraviesa, pasa. Ahora otro, apoya, atraviesa, pasa. Otro curioso, apoya, atraviesa, pasa. Pasaron todos, uno atrás del otro, como ideas en una mente. Hasta que quedé yo. Era mi turno de enfrentarme con esa pared, de conocerla, de transitarla, de degustarla, de sentirla, de atravesarla mientras me dejo atravesar por ella. Me acerqué, me apoyé, me uní a ella y.... no hubo caso. La pared se volvió totalmente sólida. A la vista era exactamente igual que antes, nada había cambiado. Pero ahora era completa y escalofriantemente sólida. "No puedo" fue lo primero que pensé. "No pertenezco al otro lado, hay todo un hemisferio que jamas podrá ser mio ni yo ser de él. Quiero pasar, nada mas quiero. ¿Qué tantas maravillas se esconden de ese lado? ¿Qué mas hay para escuchar? ¿Cuáles son los mensajes que no logro recibir? ¿Cuáles son las ideas que no logro decodificar? ¿Por qué soy tan ignorante y por qué me es tan difícil lo que para todos es tan fácil? ¿Por qué esta caída absurda, esta confesión patética y penosa de ejercicios matemáticos que a nadie le importan? Al fin y al cabo estoy solo. Todos habían pasado, juntos, sonriendo, pintando de color fácil a la vida. Los miré a través de la transparencia de la pared, sin saber que hacer, con la mirada desesperada y cargada de deseo y buenas intenciones. Ellos, del otro lado, se miraron, me miraron, son seres que miran, que gesticulan, que hablan, que transmiten pedazos de mundo. Algo ha cambiado, el aire lo dice. Me miraron de reojo, dijeron adiós con la boca cerrada (lo dijeron con los ojos), dieron media vuelta y se marcharon. Los vi alejarse en el desierto naranja como el cielo, hasta que en un momento, cuando estaban llegando a lo que para mi era el horizonte, para ellos su casa, pude ver como uno por uno, se convertían en ciertas mariposas de ciertos colores extraños, y volvían volando, directo hacia mi, directo a buscarme. Volvían directo a llevarme.
viernes, 14 de octubre de 2016
Victoria
Que victoria es ser el novio de Victoria, y que placer es estar a las 5 de la tarde en la vereda, tocando el timbre, de cara a su portón verde. Del otro lado del portón, está su casa, victoriosa, que te encara con un jardín de pastos cortos y dos plantas que parecieran ser copos de nieve gigantes, o cabelleras latinas (pero hechas de clorofila), dos plantas en el centro del jardín, acompañadas eternamente por piedras a sus costados, y plantitas más pequeñas. Observo a esas dos reinas desde el otro lado del portón, con ambos pies en este río de baldosas flojas, hoy secas, porque hoy no llueve. No, hoy hay sol. Un sol totalmente inimaginable. Imagínense el sol mas mágico, utópico y vital que puedan y ahora multiplíquenlo por el mismo. Es un sol de belleza al cuadrado, un sol de quimera. Ya toqué el timbre, y mientras espero, por al lado mio pasa un niño de pelo corto, de ropa ajustada, cachetón, vestido con tirantes de jean y una remera rayada, con un chupetin Mr. Pop de frutilla (al cual no le ha quitado todo el envoltorio, sino que se lo ha dejado puesto a la mitad del palito, invertido hacia abajo, como en una suerte de vestido que podría fingir ser un paraguas cerrado) y dice: "Hoy es el cumpleaños de Victoria". Ese niño es el vecino de Victoria. Nunca en mi vida lo vi, ni lo conozco, no sé quién es... pero es el vecino de Victoria, siento que es el vecino de Victoria, tiene que serlo. Y luego del pasar del niño, sale la madre de Victoria por el portón. Nunca en mi vida la vi, ni la conozco, no sé quién es... pero es la madre de Victoria, mi alma sabe que es la madre de Victoria, tiene que serlo. Me saluda, me invita a pasar, paso. Costeo las piedras cuales soles en el sistema solar del jardín de Victoria, doy un paseo, una semivuelta que me lleva a la galería de la casa de Victoria. Una galería que no tiene ni cuadros, ni mesa, ni sillas, ni nada. Solo está la abuela de Victoria. Como podrán imaginar algunos, o nadie, o todos, a ella tampoco la conozco, pero realmente sé que es la abuela de Victoria, yo lo sé, tiene que serlo. La saludo, sonriente como desde que toqué el timbre o desde antes quizás, no lo sé, y ella me saluda en un abrazo, cálido como el recuerdo de un cuerpo olvidado, y le confieso: "¿Usted sabía que esta casa es la casa donde vivían mis abuelos?" Y ella me contesta: "Sí, me contó Victoria, que increíble casualidad" y en ese momento, automáticamente, yo recuerdo cuando Victoria me contó donde vivía y yo le conté que esa casa, tiempo atrás, había sido de mis abuelos... Pero me detengo a pensarlo, y la verdad es que no recuerdo haberle contado a Victoria lo de la casa, pero siento que lo hice, sé que lo hice, tuve que haberlo hecho. Y luego de su abuela, ahí está Victoria, sentada lo mas cerca posible del ventanal semiabierto que da al fondo de la casa. Está posada en una silla enorme, sentada, con las rodillas elevadas hasta su pecho, abrazándose las piernas, con la mirada perdida en el fondo verde y soleado de vida, iluminado, encantado. A exactamente cuatro pasos de llegar a nuestro encuentro, ella hace un paneo con su mirada hasta llegar a mí, y abre sus brazos para recibirme en un abrazo y un beso, no sin antes decirme: "Gracias por venir", con un tono como asumiendo que ha sido para mi un sacrificio visitarla, como asumiendo que la decisión de ir a verla ha sido ardua y rendida, una decisión de rodillas al suelo, de cabeza agachada y mirada triste... pero no. ¿Cómo puede pensar eso? Si toda la historia del universo estuviera representada en la escala de un año, yo estaría siglos disfrutando del estar cerca de Victoria, estaría siglos simplemente mirándola, admirando semejante perfección, semejante belleza, semejante hermosura que es Victoria en sí, con sus labios finitos, que por alguna razón le dan un aire de cara de rata, la cual también es favorecida por sus dientes pequeños, y más aún cuando se ata el pelo. Hasta que conocí a Victoria, jamás había notado la belleza de las ratas. Victoria me recibe con un beso en la boca, como siempre. Pero me detengo a pensar, y empiezo a sospechar si Victoria alguna vez me había besado. ¿Victoria ya me había besado los labios antes, alguna vez? ¿Siquiera un mínimo roce de labios? Y me doy cuenta que Victoria, nunca, jamás, en toda mi vida, nunca en mis 20 años, nunca en dos décadas, en un quinto de siglo, nunca en 7300 días, Victoria jamás me había besado... hasta ese momento.
Lo he pensado mucho tiempo, lo he reflexionado hasta más adentro que las tripas, y es el día de hoy que aún no sé como pude haber siquiera respirado por primera vez en mi vida sin aquel beso de Victoria.
Lo he pensado mucho tiempo, lo he reflexionado hasta más adentro que las tripas, y es el día de hoy que aún no sé como pude haber siquiera respirado por primera vez en mi vida sin aquel beso de Victoria.
domingo, 2 de octubre de 2016
Al carajo
Al carajo con todo.
Al carajo con esta farsa hecha vida.
Al carajo con este empleo que asumimos, con estas reglas que seguimos.
Al carajo con cuidar mis palabras.
Al carajo con cuidar mi imagen para tener sexo.
Al carajo con la formalidad, con los modales, con pensarlo dos veces.
¿Qué mierda tienen que pensar?
Si va a estar todo bien, si no pasa nada, si tu existencia es tan insignificante como la mía y a la vez sos vos quien crea esta fantasía.
Al carajo con hacer la cama, con la ropa en el cajón, al carajo con el orden.
Al carajo con el auto, con la patente, con el seguro. Al carajo con llegar a tiempo, al carajo con hacer fila, con cortar boleta, con cerrar el sobre.
Al carajo con Macri, al carajo con Scioli.
Al carajo con el traje y la corbata.
¿Qué mierda hacemos usando ropa, cuando somos hijos del pasto?
Al carajo con mis hijos.
Al carajo con mis padres, que tuvieron una vida antes de mí, que se encontraron solos en este parque mundo de diversiones y ahora están ahí, mirando el noticiero todo el día.
Al carajo con el noticiero.
Al carajo con este país de mierda, con los países.
¿Qué mierda es un país?
Al carajo con los mapas.
Al carajo con las fronteras, líneas mentirosas, líneas aspiradas por la nariz, líneas aspiradas a la fuerza por todos nuestros maestros.
Al carajo con dormir.
¿Cómo hago para dormir tranquilo
cuando existo,
cuando se sabe de mi existencia,
cuando no sé qué voy a hacer,
cuando gasto tiempo escuchando palabras vacías salir de un pizarrón?
Al carajo con ellos.
Al carajo con los demás.
Al carajo con todos ustedes.
¿Qué mierda hago acá leyéndoles, tratando de que abran los ojos ante mi pensamiento, que suspiren, cuando en realidad yo soy una máscara igual que ustedes, cuando jamás van a poder ver por mis ojos ni estar en mi cuerpo?
Al carajo con mi cuerpo.
Al carajo con mis ojos.
Al carajo con mi voz.
Al carajo con este intento infinitamente fallido de conquistarlos.
Al carajo con el decir saber cuando no sabemos nada, cuando una estrella está más cerca que nuestra propia mano, cuando un disparo no se oye, cuando todo lo que sucede es una ilusión, y cuando todo lo que queremos hacer es mandar todo al carajo.
Al carajo con esta farsa hecha vida.
Al carajo con este empleo que asumimos, con estas reglas que seguimos.
Al carajo con cuidar mis palabras.
Al carajo con cuidar mi imagen para tener sexo.
Al carajo con la formalidad, con los modales, con pensarlo dos veces.
¿Qué mierda tienen que pensar?
Si va a estar todo bien, si no pasa nada, si tu existencia es tan insignificante como la mía y a la vez sos vos quien crea esta fantasía.
Al carajo con hacer la cama, con la ropa en el cajón, al carajo con el orden.
Al carajo con el auto, con la patente, con el seguro. Al carajo con llegar a tiempo, al carajo con hacer fila, con cortar boleta, con cerrar el sobre.
Al carajo con Macri, al carajo con Scioli.
Al carajo con el traje y la corbata.
¿Qué mierda hacemos usando ropa, cuando somos hijos del pasto?
Al carajo con mis hijos.
Al carajo con mis padres, que tuvieron una vida antes de mí, que se encontraron solos en este parque mundo de diversiones y ahora están ahí, mirando el noticiero todo el día.
Al carajo con el noticiero.
Al carajo con este país de mierda, con los países.
¿Qué mierda es un país?
Al carajo con los mapas.
Al carajo con las fronteras, líneas mentirosas, líneas aspiradas por la nariz, líneas aspiradas a la fuerza por todos nuestros maestros.
Al carajo con dormir.
¿Cómo hago para dormir tranquilo
cuando existo,
cuando se sabe de mi existencia,
cuando no sé qué voy a hacer,
cuando gasto tiempo escuchando palabras vacías salir de un pizarrón?
Al carajo con ellos.
Al carajo con los demás.
Al carajo con todos ustedes.
¿Qué mierda hago acá leyéndoles, tratando de que abran los ojos ante mi pensamiento, que suspiren, cuando en realidad yo soy una máscara igual que ustedes, cuando jamás van a poder ver por mis ojos ni estar en mi cuerpo?
Al carajo con mi cuerpo.
Al carajo con mis ojos.
Al carajo con mi voz.
Al carajo con este intento infinitamente fallido de conquistarlos.
Al carajo con el decir saber cuando no sabemos nada, cuando una estrella está más cerca que nuestra propia mano, cuando un disparo no se oye, cuando todo lo que sucede es una ilusión, y cuando todo lo que queremos hacer es mandar todo al carajo.
miércoles, 7 de septiembre de 2016
Aimé
Aimé buscada, Aimé desconocida.
¿Cómo encontrarte sin tenerte en mi vida?
Te miro y no te creo,
ni tu cuerpo ni tus anteojos,
ni tu voz grave, gravedad
de todos mis planetas.
Aimé mirada, Aimé pedida.
¿Cuándo será el segundo en el que nazcas en mi vida?
Naciente en el río que nutre mi tierra,
nubes del mar que te llevan a la cuna,
lista para amarme,
lista para ser amada.
Aimé querida, Aimé encontrada.
¿Acaso te gustan los cuentos de hadas?
¿O acaso te gusta pintar que te pinta pintarla de que la pintás de eso?
En cualquier caso,
acepto.
Aimé revelada, Aimé obtenida.
¿Cuánto tiempo faltará hasta que seas mía y me recueste en tu regazo,
y atrape tus dedos con mi nuca?
Conocerte será como vivir otra vida,
una vida nueva
que me eleve en el aire y haga que mis ojos vean colores que ni siquiera puedo imaginar,
una vida nueva
que me arrastre y me recontra cague a trompadas para que escriba cartas y canciones,
canciones y cartas,
un cuentito, un cuentito,
te canto un cuentito,
te cuento un canto,
la guitarrita,
el piano,
pequeño vislumbre de tu arte sin color.
Aimé entregada, Aimé abierta
de piernas, toda
lista y sedienta
para que yo,
listo y sediento,
me encarne en tus películas y en tus autores,
en tu forma de hablar, en tu forma de hablarme.
¿¡Quién carajo sos Aimé!? ¿¡Dónde estuviste toda mi vida que hoy es otra vida,
una vida nueva
que me amanece en tus canciones robadas
y en tus acuarelas heredadas que me prestaste para que yo las vea
y piense en vos al leer las acuarelas que robaste
mientras suenan las canciones que ponés para que suenen AL PALO mientras hacés el amor!?
Aimé quieta, Aimé calma,
sincera,
que mentira mas grande,
que actriz,
que bien te vés actuando.
La próxima, avisame de entrada,
te compraré un ticket y me sentaré
en primera fila.
Aimé perdida, Aimé llorada,
debo entender que nunca hubo nada.
Te has ido antes de llegar
y nunca logré escuchar tus canciones,
ni estar en tu cuarto
y pensar en qué disco poner antes de lanzarme a tus deseos.
Has sido cruel Aimé,
sin saberlo,
sin quererlo,
sin planearlo
pero has sido cruel Aimé.
Me has mostrado un nuevo mundo
y ahora lo has hecho volar en pedazos.
Me has pintado con pintura invisible
mientras yo,
¡iluso!
no me cansaba de ver colores que ni siquiera puedo imaginar,
como las acuarelas de tu padre
y las canciones que ponés para que suenen AL PALO
mientras te subís a una bicicleta hermosa que no sabés usar.
Me has metido dentro de tu casa
o fue la ilusión.
Pues entonces
trato hecho.
Deberá alcanzar con leer tus libros,
con pintar tus acuarelas,
que combinan con tus uñas
y tu forma de hablar
que me sigue a todos lados.
Deberá alcanzar con reírme al lado tuyo
de películas del siglo pasado,
melancolías lloradas de una utopía única,
listas interminables,
una casa de madera,
un sueño
en el que vos
sos la vida
de un mundo
en el que los sueños
se hacen
realidad.
¿Cómo encontrarte sin tenerte en mi vida?
Te miro y no te creo,
ni tu cuerpo ni tus anteojos,
ni tu voz grave, gravedad
de todos mis planetas.
Aimé mirada, Aimé pedida.
¿Cuándo será el segundo en el que nazcas en mi vida?
Naciente en el río que nutre mi tierra,
nubes del mar que te llevan a la cuna,
lista para amarme,
lista para ser amada.
Aimé querida, Aimé encontrada.
¿Acaso te gustan los cuentos de hadas?
¿O acaso te gusta pintar que te pinta pintarla de que la pintás de eso?
En cualquier caso,
acepto.
Aimé revelada, Aimé obtenida.
¿Cuánto tiempo faltará hasta que seas mía y me recueste en tu regazo,
y atrape tus dedos con mi nuca?
Conocerte será como vivir otra vida,
una vida nueva
que me eleve en el aire y haga que mis ojos vean colores que ni siquiera puedo imaginar,
una vida nueva
que me arrastre y me recontra cague a trompadas para que escriba cartas y canciones,
canciones y cartas,
un cuentito, un cuentito,
te canto un cuentito,
te cuento un canto,
la guitarrita,
el piano,
pequeño vislumbre de tu arte sin color.
Aimé entregada, Aimé abierta
de piernas, toda
lista y sedienta
para que yo,
listo y sediento,
me encarne en tus películas y en tus autores,
en tu forma de hablar, en tu forma de hablarme.
¿¡Quién carajo sos Aimé!? ¿¡Dónde estuviste toda mi vida que hoy es otra vida,
una vida nueva
que me amanece en tus canciones robadas
y en tus acuarelas heredadas que me prestaste para que yo las vea
y piense en vos al leer las acuarelas que robaste
mientras suenan las canciones que ponés para que suenen AL PALO mientras hacés el amor!?
Aimé quieta, Aimé calma,
sincera,
que mentira mas grande,
que actriz,
que bien te vés actuando.
La próxima, avisame de entrada,
te compraré un ticket y me sentaré
en primera fila.
Aimé perdida, Aimé llorada,
debo entender que nunca hubo nada.
Te has ido antes de llegar
y nunca logré escuchar tus canciones,
ni estar en tu cuarto
y pensar en qué disco poner antes de lanzarme a tus deseos.
Has sido cruel Aimé,
sin saberlo,
sin quererlo,
sin planearlo
pero has sido cruel Aimé.
Me has mostrado un nuevo mundo
y ahora lo has hecho volar en pedazos.
Me has pintado con pintura invisible
mientras yo,
¡iluso!
no me cansaba de ver colores que ni siquiera puedo imaginar,
como las acuarelas de tu padre
y las canciones que ponés para que suenen AL PALO
mientras te subís a una bicicleta hermosa que no sabés usar.
Me has metido dentro de tu casa
o fue la ilusión.
Pues entonces
trato hecho.
Deberá alcanzar con leer tus libros,
con pintar tus acuarelas,
que combinan con tus uñas
y tu forma de hablar
que me sigue a todos lados.
Deberá alcanzar con reírme al lado tuyo
de películas del siglo pasado,
melancolías lloradas de una utopía única,
listas interminables,
una casa de madera,
un sueño
en el que vos
sos la vida
de un mundo
en el que los sueños
se hacen
realidad.
sábado, 27 de agosto de 2016
La chinura de la noche
Es la chinura de la noche
El momento de soltar
La estadía momentánea
La alegría de estar
Escaparnos del hogar
Para vivir el momento
Sin futuro en especial
Ni pasado de lamentos
Escribo mi propio cuento
Voy descifrando mi historia
Triunfando en mis sueños
Y añorando la victoria
El momento de soltar
La estadía momentánea
La alegría de estar
Escaparnos del hogar
Para vivir el momento
Sin futuro en especial
Ni pasado de lamentos
Escribo mi propio cuento
Voy descifrando mi historia
Triunfando en mis sueños
Y añorando la victoria
miércoles, 24 de agosto de 2016
Tengo ganas de patear cosas
Tengo ganas de patear cosas
Patear cosas para romperlas
Pero mejor si no se rompen
Tengo ganas de patear cosas
Cosas duras
Para sentirlo
Tengo ganas de patear cosas
Me sale mal solucionar las cosas
Me sale muy bien patearlas
Tengo ganas de patear cosas
Para que algo, por lo menos algo
Cambie de lugar, de parecer, de forma
Tengo ganas de patear cosas
Patearlas hasta que me canse
Hasta que vuelva a tener ganas
Ganas de patear cosas
Para seguir pateándolas
Hasta que me canse de patearlas
Patear cosas para romperlas
Pero mejor si no se rompen
Tengo ganas de patear cosas
Cosas duras
Para sentirlo
Tengo ganas de patear cosas
Me sale mal solucionar las cosas
Me sale muy bien patearlas
Tengo ganas de patear cosas
Para que algo, por lo menos algo
Cambie de lugar, de parecer, de forma
Tengo ganas de patear cosas
Patearlas hasta que me canse
Hasta que vuelva a tener ganas
Ganas de patear cosas
Para seguir pateándolas
Hasta que me canse de patearlas
lunes, 22 de agosto de 2016
La teoría de la ardilla
Yo existo. Ustedes existen. Nosotros existimos. Bueno… creo que existo, creo que existen, creo que existimos. Todos dudamos de eso alguna vez, pero una cosa es segura: si en verdad existimos, también es verdad que gastamos gran parte de nuestra existencia estando preocupados por algo. Primero el colegio, luego el qué dirán, luego tu sexualidad, luego tus gustos, luego la facultad, luego el trabajo, luego tus padres, el dinero, tu vida. Es muy raro pensar en el sentido que acabamos de darle a la palabra “vida”. Metida en ese contexto de dinero y trabajo, la sonoridad de “vida” hace referencia a tu vida en el sistema, a tu propio laburo para poder mantenerte solo, a tu propio coche, a tu propia casa, a tu televisión, tu traje y tu corbata. Entonces, si realmente existimos, ¿es esa la vida en la que venimos a existir? Vivimos en casas (mucho más grandes que nosotros, vale aclarar), que están en una manzana (mucho más grande que nuestra casa), que está en un barrio, en una ciudad, en una provincia, en un país, en un continente, en un hemisferio, en un planeta, en un sistema solar, en una galaxia, en un cúmulo de galaxias, en un cúmulo de cúmulos de galaxias (mucho, pero mucho más grande que vos y que tu casa). Si existimos, la verdad es que lo hacemos muy poco: no somos nada. Si nosotros existimos, entonces ¿qué les queda a las galaxias? ¿Super existir? No. Nosotros existimos, poquito, pero lo hacemos. ¡Preocupados! Pero lo hacemos.
Todo empezó con una almohada. Una habitación, mi hermano y yo, una cama de dos plazas, una tele, unas cortinas, una ventana. Mi hermano toma la almohada y la tira al suelo. Luego me dice: “¿ves? Si mamá estuviese acá me diría: -¿Qué haces Ignacio? Levantá la almohada del suelo, no la tires” como si el hecho de que la almohada estuviera en el suelo produjera algún tipo de diferencia… en nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. La almohada en el piso, ¿y? ¿Cuál es el problema? No se murió nadie, no se arruinó nada. ¿Qué es lo que tanto hay que solucionar? La almohada está en el piso, y no pasa nada. Nunca pasa nada. Mi hermano tira la almohada al piso y no sucede nada más. Solo una almohada en el piso. Entonces, ¿qué tal si llevamos ese ejemplo a un plano más alto? Desarmo toda la cama de la habitación. Le saco la frazada, la sábana y el elástico. Hago un bollo con todo y lo tiro en el piso. Miento, en realidad, lo revoleo por el aire y que caiga donde caiga. Si, desarmé la cama, las sábanas están todas tiradas por la habitación y la cama hecha un desastre… ¿y? Entonces rompo un vidrio, rompo la ventana de la habitación, la hago pedazos lanzándole una silla. La ventana estalla en pedazos de vidrio incontables y caen para todos lados. Rompo el vidrio del espejo, tiro la televisión al piso, hago pis por la ventana previamente rota, la cual ahora es solo un agujero en una pared, escribo con aerosol las paredes de la habitación… ¿y? ¿Cuál es el problema? ¿Acaso cambió algo? En nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. Nada. Todo supuesto desastre que acaba de acontecer, no desató prácticamente nada en ninguna parte. Y pienso en mi madre, preocupada por la ventana rota, casi a los gritos por mi locura, preocupada por la cama desplumada, las paredes grafiteadas, el televisor estallado y muerto en el piso. Después de todo eso, pienso, entonces ¿qué sucede si dejo el colegio, si dejo la universidad, si nunca trabajo, si termino en la calle, si no tengo plata, si no tengo familia, si me suicido, si me muero? Y la verdad es que no sucede nada. Nuestros problemas (si se pueden llamar así) no son nada, no importan nada, no cambian nada, no mueven nada, no son absolutamente NADA. Y nosotros preocupados. De repente me doy cuenta que la vida no tiene sentido. Me doy cuenta de que vivimos en un juego de cumplir responsabilidades y objetivos fantasmas que no existen ni aquí ni en ningún lado. Me doy cuenta de que todo es en vano, que nada importa, que no afectamos en nada a nada en absoluto. Pienso en dejar el colegio, pienso en dejar la universidad, pienso en dejar el trabajo, pienso en abandonarlo todo. Pienso en suicidarme (realmente lo hago), si total, mi vida no es nada, en nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. Y en ese momento, veo a la ardilla. Una ardilla que no existe ni existió pero la veo. La ardilla está en su rueda, corriendo, y cada tanto se detiene. La ardilla corre en su rueda y cuando se detiene, se cae, porque la rueda viene girando muy rápido y no puede mantenerse en pie si no corre en esta rueda que gira. Y me vi a mí, los vi a ustedes, nos vi a nosotros. Nosotros, que no sabemos siquiera si existimos, pero aun así corremos. Ahí está mi respuesta momentánea, provisoria, caducante. Vivimos en un sistema, en un planeta que funciona de cierta manera, vivimos en una vida ya planeada, una realidad ya diseñada. Podemos cambiarla, si, pero realidad al fin. Una realidad que no es igual para nadie. Yo, en este momento, el “yo” que yo conozco, no existe más que en mí. En ustedes, solo existe su percepción de mí, como ninguno de ustedes de verdad existe en mi realidad, solo las percepciones de ustedes que yo tengo. Jamás podré ver a través de sus ojos. Jamás conoceré su universo, su mundo, su realidad. Y ustedes jamás la mía. Nada existe de verdad, porque todo existe. Nuestra vida es nuestra rueda. Mi solución provisoria es la siguiente: utilizar el sistema. Si nuestra existencia dudosa no es absolutamente nada en nuestro cúmulo de galaxias, ¿qué nos queda más que ser felices? No podemos preocuparnos por nada más. La rueda siempre va a seguir girando, y el que no corre, lamentablemente se cae. Pero lo que tenemos que hacer es correr por algo, no correr en vano. Y correr por algo que realmente valga la pena (una pena también inexistente). Debemos de correr para ser felices. Pero no correr hacia la felicidad, sino ser felices mientras corremos. ¿Hacia dónde? Hacia ningún lado, no hay nada al otro lado del túnel. Todo lo que hay es el trayecto. Correr por nuestros amigos, correr por nuestra familia, correr por esos momentos de sol al aire libre con una guitarra y tus hermanos de vida. Correr por tus abuelos, correr por tus tíos, correr por vos. Cito a Sebastián De Caro, que habla de “robar el mundo”: “La felicidad la tenemos en la mano, desde el día en que nacemos, todos. No hay un medidor de felicidad que haga presumir que Mick Jagger, cuando toca en River, es más feliz que nosotros ahora. No es que nos está esperando una felicidad consagrada que tienen los grandes, los millonarios, los dueños del mundo. Todos padecemos y todos somos felices por momentos.” Eso es lo que hay que hacer. Esta rueda es mía, aprópiense de su rueda. Vivan el momento, el ahora, porque es lo único que existe, no hay nada más, nunca lo hubo, nunca lo habrá. Si nos hicieron gastar 12 años de nuestra vida en la escuela, usémoslos para aprender, para criticarla, para sabotearla, para cambiarla, para crecer, para conocer gente, gente que posiblemente quede para siempre dando vueltas por nuestro cuerpo. Si para comer es necesario plata, si para viajar es necesario plata, si para TODO es necesario plata, trabajemos. Pero no trabajemos por la plata en sí, no juntemos plata por juntar plata. Robémonos el mundo, trabajemos por esa pizza con tus amigos, trabajemos por ese viaje al sur, trabajemos por esa guitarra, por esa bicicleta. Trabajemos para sabotear el sistema. Trabajemos por la plata que nos mantiene corriendo en la rueda y disfrutemos cada instante de estadía en ella lo más que podamos, como si fuera el último, como si fuéramos los reyes del mundo que verdaderamente somos en el mundo de cada uno. Gocemos cada momento, cada paso en la rueda, cada preciso segundo, cada partícula de aire absorbida. Nada importa al fin y al cabo, ni la almohada, ni la cama, ni la ventana. Pero no rompas la ventana, admirala. No tires la almohada porque tu mamá se pone mal porque estás haciendo lío, y vos lo que más querés es que tu mamá sea feliz. Hace cosas para que tu mamá sea feliz, hacele bien. No desarmes la cama (tampoco la armes, no sirve de nada). Cito a Pierre Schäeffer: “Un torrente de luz nos lanzó hasta este sitio en que vivimos. Eso es ya algo extraordinario, aún a pesar de lo poco que alcancemos a comprender... ¡Queda tanto por hacer!” Seamos el amigo del espejo, seamos los dueños del mundo, seamos los autores de lo que vaya a suceder en cada segundo de nuestras vidas, sin obstruir a la casualidad, a las cosas inesperadas y a las coincidencias. Seamos la causa y el efecto. Demos por dar, causemos la felicidad en los demás, seamos agradecidos. Sepamos que cada segundo en este extraño lugar en el que terminamos es un suceso espectacular, y que tarde o temprano se acaba. No te tires de la rueda, no saltes. La rueda sigue girando, y correr en ella es una aventura extraordinaria. No te la pierdas.
Todo empezó con una almohada. Una habitación, mi hermano y yo, una cama de dos plazas, una tele, unas cortinas, una ventana. Mi hermano toma la almohada y la tira al suelo. Luego me dice: “¿ves? Si mamá estuviese acá me diría: -¿Qué haces Ignacio? Levantá la almohada del suelo, no la tires” como si el hecho de que la almohada estuviera en el suelo produjera algún tipo de diferencia… en nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. La almohada en el piso, ¿y? ¿Cuál es el problema? No se murió nadie, no se arruinó nada. ¿Qué es lo que tanto hay que solucionar? La almohada está en el piso, y no pasa nada. Nunca pasa nada. Mi hermano tira la almohada al piso y no sucede nada más. Solo una almohada en el piso. Entonces, ¿qué tal si llevamos ese ejemplo a un plano más alto? Desarmo toda la cama de la habitación. Le saco la frazada, la sábana y el elástico. Hago un bollo con todo y lo tiro en el piso. Miento, en realidad, lo revoleo por el aire y que caiga donde caiga. Si, desarmé la cama, las sábanas están todas tiradas por la habitación y la cama hecha un desastre… ¿y? Entonces rompo un vidrio, rompo la ventana de la habitación, la hago pedazos lanzándole una silla. La ventana estalla en pedazos de vidrio incontables y caen para todos lados. Rompo el vidrio del espejo, tiro la televisión al piso, hago pis por la ventana previamente rota, la cual ahora es solo un agujero en una pared, escribo con aerosol las paredes de la habitación… ¿y? ¿Cuál es el problema? ¿Acaso cambió algo? En nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. Nada. Todo supuesto desastre que acaba de acontecer, no desató prácticamente nada en ninguna parte. Y pienso en mi madre, preocupada por la ventana rota, casi a los gritos por mi locura, preocupada por la cama desplumada, las paredes grafiteadas, el televisor estallado y muerto en el piso. Después de todo eso, pienso, entonces ¿qué sucede si dejo el colegio, si dejo la universidad, si nunca trabajo, si termino en la calle, si no tengo plata, si no tengo familia, si me suicido, si me muero? Y la verdad es que no sucede nada. Nuestros problemas (si se pueden llamar así) no son nada, no importan nada, no cambian nada, no mueven nada, no son absolutamente NADA. Y nosotros preocupados. De repente me doy cuenta que la vida no tiene sentido. Me doy cuenta de que vivimos en un juego de cumplir responsabilidades y objetivos fantasmas que no existen ni aquí ni en ningún lado. Me doy cuenta de que todo es en vano, que nada importa, que no afectamos en nada a nada en absoluto. Pienso en dejar el colegio, pienso en dejar la universidad, pienso en dejar el trabajo, pienso en abandonarlo todo. Pienso en suicidarme (realmente lo hago), si total, mi vida no es nada, en nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. Y en ese momento, veo a la ardilla. Una ardilla que no existe ni existió pero la veo. La ardilla está en su rueda, corriendo, y cada tanto se detiene. La ardilla corre en su rueda y cuando se detiene, se cae, porque la rueda viene girando muy rápido y no puede mantenerse en pie si no corre en esta rueda que gira. Y me vi a mí, los vi a ustedes, nos vi a nosotros. Nosotros, que no sabemos siquiera si existimos, pero aun así corremos. Ahí está mi respuesta momentánea, provisoria, caducante. Vivimos en un sistema, en un planeta que funciona de cierta manera, vivimos en una vida ya planeada, una realidad ya diseñada. Podemos cambiarla, si, pero realidad al fin. Una realidad que no es igual para nadie. Yo, en este momento, el “yo” que yo conozco, no existe más que en mí. En ustedes, solo existe su percepción de mí, como ninguno de ustedes de verdad existe en mi realidad, solo las percepciones de ustedes que yo tengo. Jamás podré ver a través de sus ojos. Jamás conoceré su universo, su mundo, su realidad. Y ustedes jamás la mía. Nada existe de verdad, porque todo existe. Nuestra vida es nuestra rueda. Mi solución provisoria es la siguiente: utilizar el sistema. Si nuestra existencia dudosa no es absolutamente nada en nuestro cúmulo de galaxias, ¿qué nos queda más que ser felices? No podemos preocuparnos por nada más. La rueda siempre va a seguir girando, y el que no corre, lamentablemente se cae. Pero lo que tenemos que hacer es correr por algo, no correr en vano. Y correr por algo que realmente valga la pena (una pena también inexistente). Debemos de correr para ser felices. Pero no correr hacia la felicidad, sino ser felices mientras corremos. ¿Hacia dónde? Hacia ningún lado, no hay nada al otro lado del túnel. Todo lo que hay es el trayecto. Correr por nuestros amigos, correr por nuestra familia, correr por esos momentos de sol al aire libre con una guitarra y tus hermanos de vida. Correr por tus abuelos, correr por tus tíos, correr por vos. Cito a Sebastián De Caro, que habla de “robar el mundo”: “La felicidad la tenemos en la mano, desde el día en que nacemos, todos. No hay un medidor de felicidad que haga presumir que Mick Jagger, cuando toca en River, es más feliz que nosotros ahora. No es que nos está esperando una felicidad consagrada que tienen los grandes, los millonarios, los dueños del mundo. Todos padecemos y todos somos felices por momentos.” Eso es lo que hay que hacer. Esta rueda es mía, aprópiense de su rueda. Vivan el momento, el ahora, porque es lo único que existe, no hay nada más, nunca lo hubo, nunca lo habrá. Si nos hicieron gastar 12 años de nuestra vida en la escuela, usémoslos para aprender, para criticarla, para sabotearla, para cambiarla, para crecer, para conocer gente, gente que posiblemente quede para siempre dando vueltas por nuestro cuerpo. Si para comer es necesario plata, si para viajar es necesario plata, si para TODO es necesario plata, trabajemos. Pero no trabajemos por la plata en sí, no juntemos plata por juntar plata. Robémonos el mundo, trabajemos por esa pizza con tus amigos, trabajemos por ese viaje al sur, trabajemos por esa guitarra, por esa bicicleta. Trabajemos para sabotear el sistema. Trabajemos por la plata que nos mantiene corriendo en la rueda y disfrutemos cada instante de estadía en ella lo más que podamos, como si fuera el último, como si fuéramos los reyes del mundo que verdaderamente somos en el mundo de cada uno. Gocemos cada momento, cada paso en la rueda, cada preciso segundo, cada partícula de aire absorbida. Nada importa al fin y al cabo, ni la almohada, ni la cama, ni la ventana. Pero no rompas la ventana, admirala. No tires la almohada porque tu mamá se pone mal porque estás haciendo lío, y vos lo que más querés es que tu mamá sea feliz. Hace cosas para que tu mamá sea feliz, hacele bien. No desarmes la cama (tampoco la armes, no sirve de nada). Cito a Pierre Schäeffer: “Un torrente de luz nos lanzó hasta este sitio en que vivimos. Eso es ya algo extraordinario, aún a pesar de lo poco que alcancemos a comprender... ¡Queda tanto por hacer!” Seamos el amigo del espejo, seamos los dueños del mundo, seamos los autores de lo que vaya a suceder en cada segundo de nuestras vidas, sin obstruir a la casualidad, a las cosas inesperadas y a las coincidencias. Seamos la causa y el efecto. Demos por dar, causemos la felicidad en los demás, seamos agradecidos. Sepamos que cada segundo en este extraño lugar en el que terminamos es un suceso espectacular, y que tarde o temprano se acaba. No te tires de la rueda, no saltes. La rueda sigue girando, y correr en ella es una aventura extraordinaria. No te la pierdas.
lunes, 15 de agosto de 2016
Querido niño oculto
"Querido niño oculto
¿En dónde pasas tus días?
¿Por qué ya no me miras?
Sufrís de ser tan culto
Por si acaso, ante ti me disculpo
Mas no contestas mi duda
Siento la fiebre que suda
Sin encontrar un contesto
Depende a qué esté dispuesto
Depende a quién acuda
Estás oculto del mundo
Sintiendo los días dormir
Siempre queriendo salir
De ese escondite profundo
Aunque de ese sitio inmundo
Siempre encontrás salida
Sabés disfrutar la vida
En cada ocasión
Recibiendo a la pasión
Como un viaje de ida
Así encontrás tu recreo
Te olvidás de hacerte valer
Y al olvidarte lográs volver
A este valioso paseo
Dejás correr el deseo
El amor y la intuición
Lo que marca tu situación
Es solamente tu instinto
Eso te hace distinto
Querido niño en mi corazón"
Para el niño interior que todos llevamos dentro y que deberíamos (debemos) dejarlo salir a jugar más seguido.
¿En dónde pasas tus días?
¿Por qué ya no me miras?
Sufrís de ser tan culto
Por si acaso, ante ti me disculpo
Mas no contestas mi duda
Siento la fiebre que suda
Sin encontrar un contesto
Depende a qué esté dispuesto
Depende a quién acuda
Estás oculto del mundo
Sintiendo los días dormir
Siempre queriendo salir
De ese escondite profundo
Aunque de ese sitio inmundo
Siempre encontrás salida
Sabés disfrutar la vida
En cada ocasión
Recibiendo a la pasión
Como un viaje de ida
Así encontrás tu recreo
Te olvidás de hacerte valer
Y al olvidarte lográs volver
A este valioso paseo
Dejás correr el deseo
El amor y la intuición
Lo que marca tu situación
Es solamente tu instinto
Eso te hace distinto
Querido niño en mi corazón"
Para el niño interior que todos llevamos dentro y que deberíamos (debemos) dejarlo salir a jugar más seguido.
Llegó el extranjero al planeta
Llegó el extranjero al planeta. Me encontró moviendo la tierra con un sombrero de paja en la cabeza y unos tirantes de jean, arropado por el atardecer. No sé si cayó de arriba, si surgió de abajo o si apareció simplemente, pero ahí estaba. Y sí que estaba, de todo dudaba, todo cuestionaba. Me preguntó y yo le contesté, le conté, le mostré. Lo llevé a las montañas, a los pastizales. Y luego vinimos a la playa. Lo llevé al mar, se sumergió, flotaba y nadaba. Hasta que llegó el atardecer. Si hubieran visto el atardecer resplandecer en sus ojos. Y de repente me miró, y yo asentí, entendiéndolo. Él colocó su mano en su pecho y brotaron un par de lágrimas de sus ojos. El sol se fue y cayó la noche, y todo cambió. Me preguntó qué había sucedido, y yo le expliqué que el sol se había ido. Y ahí se puso a llorar, nervioso, preocupado, triste, corría de un lado a otro buscando respuesta. "¡¿A dónde fue?! ¿Por qué se fue así sin más? ¿No podía quedarse? ¡No quería que se fuera!". Lo tranquilicé, le hice esperar, y esperamos, sentados en la arena. Estuvo triste toda la noche. De repente, el color naranja se empezó a asomar de nuevo. Sus ojos no podían creer lo que veía: el sol había vuelto. "¡Está volviendo!", "Sí" le dije, "el sol siempre vuelve”. Y se fue de regreso. Tiempo después recibí sus cartas. Ahí él me contaba, me mostraba. Me decía, entusiasmado, que les había contado a todos:
"¡Todo, les he contado todo! Llegué a casa y les he contado. Les conté sobre esos enormes yacimientos interminables de agua, esos yacimientos que no puedes ver dónde terminan: los mares. Les conté de esas rocas gigantes con pastizales que se mezclan con el cielo como si estuviesen hechos el uno para el otro: las montañas. Les conté de esos lugares de los que uno nunca quiere irse, esos que me mostraste vos. Les conté sobre la sensación de estar bajo el agua, y flotar, y nadar, y flotar, y nadar. También sobre la sensación de tirarse en el pasto a ver el cielo. Sobre la sensación de respirar profunnnnnndo y largar el aire. Les conté de las casualidades, de que no hay manera de explicarlas y que algunas llegan a ser tan maravillosas como la vida misma. Les conté de la arena que acompaña al mar y de esa increíble escena cuando el sol ya se está yendo y se pone todo naranja. Al principio no me creían. No me creían que solo por un color uno sintiera algo parecido a la felicidad. Un color: naranja. Les conté como solo se necesita un color y ya. Y como podemos verlo todos los días. Les conté del sol. Les conté que todos y cada uno de los días aparece, nunca falta, pero nunca eh. Es una promesa eterna de que siempre aparecerá. Cuando se hace de noche se va y no saben si volverá a iluminarlos o si esta vez se ha ido para siempre. ¿Cómo tienen la certeza de que cuando se va, al otro día volverá? Todos los días sale el sol. Nos enojemos con él, nos pongamos tristes por su culpa, nos caigamos, nos lastimemos, nos perdamos y le digamos que no vuelva más, que nos deje solos, siempre vuelve. A veces trae nubes, para no sentirse tan solo, pero a veces trae tantas que ni lo podés ver, en sus días de timidez. Y aún así, no me creen. No me creen que sea verdad, que ustedes cuenten con eso, y que nada pueda cambiarlo. Todo, les he contado todo, pero aun así, no logran creer que absolutamente todos pero todos los días, pase lo que pase, el sol vuelve a salir. Siempre vuelve a salir.”
"¡Todo, les he contado todo! Llegué a casa y les he contado. Les conté sobre esos enormes yacimientos interminables de agua, esos yacimientos que no puedes ver dónde terminan: los mares. Les conté de esas rocas gigantes con pastizales que se mezclan con el cielo como si estuviesen hechos el uno para el otro: las montañas. Les conté de esos lugares de los que uno nunca quiere irse, esos que me mostraste vos. Les conté sobre la sensación de estar bajo el agua, y flotar, y nadar, y flotar, y nadar. También sobre la sensación de tirarse en el pasto a ver el cielo. Sobre la sensación de respirar profunnnnnndo y largar el aire. Les conté de las casualidades, de que no hay manera de explicarlas y que algunas llegan a ser tan maravillosas como la vida misma. Les conté de la arena que acompaña al mar y de esa increíble escena cuando el sol ya se está yendo y se pone todo naranja. Al principio no me creían. No me creían que solo por un color uno sintiera algo parecido a la felicidad. Un color: naranja. Les conté como solo se necesita un color y ya. Y como podemos verlo todos los días. Les conté del sol. Les conté que todos y cada uno de los días aparece, nunca falta, pero nunca eh. Es una promesa eterna de que siempre aparecerá. Cuando se hace de noche se va y no saben si volverá a iluminarlos o si esta vez se ha ido para siempre. ¿Cómo tienen la certeza de que cuando se va, al otro día volverá? Todos los días sale el sol. Nos enojemos con él, nos pongamos tristes por su culpa, nos caigamos, nos lastimemos, nos perdamos y le digamos que no vuelva más, que nos deje solos, siempre vuelve. A veces trae nubes, para no sentirse tan solo, pero a veces trae tantas que ni lo podés ver, en sus días de timidez. Y aún así, no me creen. No me creen que sea verdad, que ustedes cuenten con eso, y que nada pueda cambiarlo. Todo, les he contado todo, pero aun así, no logran creer que absolutamente todos pero todos los días, pase lo que pase, el sol vuelve a salir. Siempre vuelve a salir.”
sábado, 13 de agosto de 2016
Ir y venir
Hoy la Luna está debajo mío. Me dejo caer a ella, mientras los peces cantan. Hoy confirmo todo, hoy comienzo de nuevo. Voy y vengo. Siento irme del centro, ni los algoritmos sirven. Ya estás ciega hacia mí, más yo invisible. Decaigo hacia arriba, solidamente resignado. Y es ahí cuando reaparecés, como un viento nostálgico, como un océano que levita por encima de las nubes, que son tuyas también. Me elevás como una pluma en el aire, como una idea en el cosmos. No tardo más de dos segundos en dejar que me convenzas, y ya no importa nada. No importa de dónde viene el amor, no importa si existe al menos. No importa si todos los filósofos incompletos del mundo van en contra de mis endorfinas. Yo te veo, sé que estás ahí, siento que estás ahí. Compro al amor con ignorancia. Me deslizo por cada célula de tus dedos con el más loco de los placeres, el más invasor de todos. Ya ni siquiera recuerdo quién era hace dos minutos, ni me importa. Estás en mí ahora, yo estoy en vos. Viajo en vos, a las montañas de tu pecho, a las playas de tu vientre, a cada dibujo en tus arenas. No poseo recuerdo alguno en mi memoria... estoy en vos.
Pero de repente, un inconsciente indicio me pincha, y 10 milisegundos después, una tormenta de arena decide morir en mí. Me ahoga por el cuello, por el pecho, luego por cada una de mis extremidades. Van muriendo uno por uno todos los rastros de tu luz. Y ya está, completamente y para siempre. Es como una sombra que me escala desde abajo, lento, cada vez más lento. Muero por un instante, y de golpe, sin darme respiro alguno, me salvás con una caricia en el cuello, con tus uñas en mis pelos. Tus manos van en las mías, como mi alma en tu poder, para que luego, libre de todo camino, vuelva a los oscuros rincones de la lógica. Vengo. Voy y vengo. Y siento que esto es algo que nunca acabará, una serie de finales infinitos. Porque no recuerdo nada, salvo una intrigante y única idea. La idea de que todo, cada cosa que veo, siempre ha sido así, como lo es hoy, como siempre lo será.
Pero de repente, un inconsciente indicio me pincha, y 10 milisegundos después, una tormenta de arena decide morir en mí. Me ahoga por el cuello, por el pecho, luego por cada una de mis extremidades. Van muriendo uno por uno todos los rastros de tu luz. Y ya está, completamente y para siempre. Es como una sombra que me escala desde abajo, lento, cada vez más lento. Muero por un instante, y de golpe, sin darme respiro alguno, me salvás con una caricia en el cuello, con tus uñas en mis pelos. Tus manos van en las mías, como mi alma en tu poder, para que luego, libre de todo camino, vuelva a los oscuros rincones de la lógica. Vengo. Voy y vengo. Y siento que esto es algo que nunca acabará, una serie de finales infinitos. Porque no recuerdo nada, salvo una intrigante y única idea. La idea de que todo, cada cosa que veo, siempre ha sido así, como lo es hoy, como siempre lo será.
jueves, 11 de agosto de 2016
Queda tanto por hacer (Pierre Schäeffer)
"Y bien, en lugar de oponer una ciencia gregaria a una filosofía laxa, una ciencia aplastante a una filosofía débil, conjuguemos pues ambas para encontrar una forma de renacimiento. Ello quiere decir: no elijas entre tus cinco sentidos; ayúdate del oído para ver mejor, del ojo para oír mejor, conjuga tus dos cerebros a la vez, tanto el del poeta como el del sabio. Deja de oponer ciencia y filosofía, matemáticas y literatura. Haz niños inteligentes, cuyo espíritu se abra a las formaciones más diversas, y sobre todo, enséñales a cambiar el sentido de su mirada: que dejen de poner al hombre al centro del universo, en esa soledad imbécil que le vuelve desesperado y perverso. Es cierto que la mediocridad abruma, pero no añadamos más: un torrente de luz nos lanzó hasta este sitio en que vivimos. Eso es ya algo extraordinario, aún a pesar de lo poco que alcancemos a comprender... ¡Queda tanto por hacer!"
martes, 9 de agosto de 2016
Malabarear
Formado a la luz de la Luna,
bailando en un sol digital,
sabés que no hace mal
por un rato volver a la cuna.
Te miro y la niebla no apuna,
florece tu corazón,
que perfuma esta sensación
que venís a compartir conmigo.
Malabareás al lado mío,
reina de mi canción.
Lanzás las pelotas al aire,
es de noche como ayer.
Aún así puedo ver
que me invitás a tu baile.
Pero gana mi lado cobarde,
fracaso al disimular.
La verdad te quiero cantar
lo mucho que te he anhelado.
Malabareás a mi costado,
reina de mi amar.
Y al igual que cae la bocha,
voy a caer en el colchón,
cerrando esta canción
como un vino que se descorcha.
Más nunca apago esta antorcha
que se enciende con tu mirar.
Siempre puedo sospechar
que estás cerca mío,
malabareando conmigo,
reina de mi soñar.
bailando en un sol digital,
sabés que no hace mal
por un rato volver a la cuna.
Te miro y la niebla no apuna,
florece tu corazón,
que perfuma esta sensación
que venís a compartir conmigo.
Malabareás al lado mío,
reina de mi canción.
Lanzás las pelotas al aire,
es de noche como ayer.
Aún así puedo ver
que me invitás a tu baile.
Pero gana mi lado cobarde,
fracaso al disimular.
La verdad te quiero cantar
lo mucho que te he anhelado.
Malabareás a mi costado,
reina de mi amar.
Y al igual que cae la bocha,
voy a caer en el colchón,
cerrando esta canción
como un vino que se descorcha.
Más nunca apago esta antorcha
que se enciende con tu mirar.
Siempre puedo sospechar
que estás cerca mío,
malabareando conmigo,
reina de mi soñar.
lunes, 8 de agosto de 2016
Décima primera
Besado por todos tus dientes
Tocado por toda tu piel
De aroma a té con miel
Y miles de cuentas pendientes
Igual te pido te sientes
Y me regales un sordo escuchar
Pues hoy te quiero cantar
Lo que nunca voy a decirte
Más nunca voy a herirte
Solo te voy besar
Tocado por toda tu piel
De aroma a té con miel
Y miles de cuentas pendientes
Igual te pido te sientes
Y me regales un sordo escuchar
Pues hoy te quiero cantar
Lo que nunca voy a decirte
Más nunca voy a herirte
Solo te voy besar
domingo, 7 de agosto de 2016
Por dormirte algún día
Que toques mi espalda,
yo dejaría.
Con las manos heladas
y la mirada perdida.
No me opondría
a tu roce homicida,
a tu pelo cortado
a la perfecta medida.
Aprovecharía
tu cautiva energía,
con los brazos abiertos,
nuestras manos unidas.
Tu aspecto suicida,
tu apariencia de diva,
tu golpiza exhaustiva
desde abajo hasta arriba.
Por dormirte algún día,
yo te escribiría,
con todas mis rimas
y una imperfecta ironía.
Intentando buscarte
en esta ciudad perdida,
que amanece de noche
y anochece de día.
yo dejaría.
Con las manos heladas
y la mirada perdida.
No me opondría
a tu roce homicida,
a tu pelo cortado
a la perfecta medida.
Aprovecharía
tu cautiva energía,
con los brazos abiertos,
nuestras manos unidas.
Tu aspecto suicida,
tu apariencia de diva,
tu golpiza exhaustiva
desde abajo hasta arriba.
Por dormirte algún día,
yo te escribiría,
con todas mis rimas
y una imperfecta ironía.
Intentando buscarte
en esta ciudad perdida,
que amanece de noche
y anochece de día.
sábado, 6 de agosto de 2016
Arte lento
Ahhhhhh... ¡PEDÍS! Solo pedís...
Pedís humo, pedís agua, pedís amor, pedís sexo. Pedís que te pida, y él te pide, por tu tanga tanto como por tu presencia. Y te canta, te escribe, te recita un hipócrita "¿esa tanga no era rosa?", porque conoce esa tanga, domestica esa tanga. El recuerdo de esa toalla llorosa navega burbujeante por los lagos del interior de su boca. Pretende que nada más las risas le importan, pero no es tan así. Él sabe enojarse, sí que conoce ese sentimiento. "¡Ey! Tu nariz roja no me agrada" le dije sin decirle nada.
El arte es lento, como tu efecto en mí, al contrario del mío, que ibuprofenó tus ventrículos de la noche a la mañana. Es lento, como lentas caen las cartas en mi buzón, cuando el impulso nervioso parte de tu mente, viajando por tus tendones hasta tus dedos, obligados innegablemente a relajarse, a soltar las cartas, a dormir en tu bolsillo. No, no es birra, no es vino, no es jugo. Es el arte, lento, que destierra a la cordura de mi mente.
Pedís humo, pedís agua, pedís amor, pedís sexo. Pedís que te pida, y él te pide, por tu tanga tanto como por tu presencia. Y te canta, te escribe, te recita un hipócrita "¿esa tanga no era rosa?", porque conoce esa tanga, domestica esa tanga. El recuerdo de esa toalla llorosa navega burbujeante por los lagos del interior de su boca. Pretende que nada más las risas le importan, pero no es tan así. Él sabe enojarse, sí que conoce ese sentimiento. "¡Ey! Tu nariz roja no me agrada" le dije sin decirle nada.
El arte es lento, como tu efecto en mí, al contrario del mío, que ibuprofenó tus ventrículos de la noche a la mañana. Es lento, como lentas caen las cartas en mi buzón, cuando el impulso nervioso parte de tu mente, viajando por tus tendones hasta tus dedos, obligados innegablemente a relajarse, a soltar las cartas, a dormir en tu bolsillo. No, no es birra, no es vino, no es jugo. Es el arte, lento, que destierra a la cordura de mi mente.
Te diré que sí a todo (Musa bis)
Mía compañera, ¿te acuerdas de que me atreví a desafiarte? Pues ya no quiero hacerlo. No te enrosques en mis muros de plastilina. En lugar de eso, perdóname, no debí presionarte. Perdóname solo si lo deseas. Yo, por mi parte, lo hagas o no, te diré que sí a todo. Viajaré en el tiempo contigo, como un pez en la corriente. Responderé todas tus preguntas. No dudes de que seguirás desbordando en mis rincones, pero volveré a no decírtelo, tal como tan bien nos hace no hacerlo. Sospecharé de todas tus miradas y no dudaré de tus señales. Serás bienvenida en mi casa aunque no vivas en ella. Te miraré para saberte, te sabré para mirarte. Todo será blanco como tu alma, la que jamás mancharé con mi pincel de realidad. Te amaré aunque no digas nada, nadie quiere que lo hagas, ni tu, ni yo. Calcaré todos tus pensamientos y los haré míos, para que sean nuestros. Te robaré cada uno de tus versos, porque aunque cuente con mis anteojos, sabes ver las cosas mejor que yo. Te amaré sin que termines de saberlo. Te acariciaré para que mi piel se erize al compás de la tuya. Te besaré sin tocar tus labios, te miraré sin abrir los ojos. Aceptaré vivir fuera de tu realidad palpable, feliz y sonriente, como me haces sentir. Seré tu compañero, tu mi compañera. Jamás te dejaré sola. A donde vayas, tendrás mi mano disponible para que vayamos juntos si lo deseas. Seré tu alma complementaria en tus aventuras y tus desgracias. Mi amor callado, no debí presionarte. ¿Para qué irnos a otro lado si nuestra casa ya es perfecta a su manera? Ahora lo veo bien, ahora te veo bien. Seré tu amo de casa, tu cocina, tu fuego y tu lapicera. Te acompañaré hasta donde deba acompañarte, y luego te diré adiós. Pero hasta entonces, compañera mía, te diré que sí a todo.
De sensaciones
Se trata de sensaciones. Todo se trata de sensaciones. De ver hasta dónde llegamos, de conocer nuestros límites como la palma de nuestra mano para poder estirarlos siempre un cachito más. Se trata de ver con qué tanta creatividad fuimos creados, qué tantas sorpresas fueron escondidas dentro nuestro. Por eso la música, por eso las plantas, por eso el cielo y los atardeceres, los libros. Por eso los besos, por eso los abrazos, las caricias, el sexo.
Se trata de sensaciones, de ver hasta dónde vemos, de descubrir qué tanto pueden saborear nuestros ojos y qué tanto pueden ver nuestros oídos, dejarnos ir hasta donde puedan llevarnos para luego empezar de nuevo. Es todo lo que nos hace olvidar la falsa homogeneidad de las cosas, es todo lo que nos mueve de manera distinta. Es lo que damos y lo que recibimos. Se trata de sensaciones, todo se trata de sensaciones.
Se trata de sensaciones, de ver hasta dónde vemos, de descubrir qué tanto pueden saborear nuestros ojos y qué tanto pueden ver nuestros oídos, dejarnos ir hasta donde puedan llevarnos para luego empezar de nuevo. Es todo lo que nos hace olvidar la falsa homogeneidad de las cosas, es todo lo que nos mueve de manera distinta. Es lo que damos y lo que recibimos. Se trata de sensaciones, todo se trata de sensaciones.
Turista de la gama
El cielo es celeste. Pero en un disparo fugaz, juega a ser un turista de la gama. Abandona su casa celeste y se copia del pasto, tiñéndose de verde. Pero en el pasto encuentra los campos de trigo, de los que toma la ruta hacia el amarillo. Desde los campos observa al sol, al que le roba un naranja melódico para su piel de nubes dermatológicas. El sol se ríe por lo bajo del cielo camaleón y se marcha, mancha, de vida y sal. Primero se convierte en luna y pone una pizca de dedo gordo en el agua, luego comienza a sumergirse. Se convierte en ballena, luego en barco y luego en bote. Navega lentamente sin moverse y se convierte en una lamparita, un foco, un rayo de luz, que termina por hundirse en el mar, sin mojarse. El cielo anaranjado se vuelve rojo de la vergüenza, pero al tiempo se mima y se hace violeta para poder acercarse al mar, que le devuelve ese color celeste que mañana volverá a olvidar.
Furiosa descripción de un cristal dormido
Primero que nada, el sol. Penetra cada vidrio que construya, cada planta que plante. Montañas blancas de algodón gaseoso asoman su improcesable silueta, de manera inmóvil y sutil. El cielo no podría estar más celeste. Cae un pájaro del cielo y creo verlo hacerse pedazos, estallar en tuercas y tornillos. Todo parece estar hecho de un exitoso plástico. Un fénix reposa al otro lado de la galaxia, dándome su espalda como ofrenda, y hay perros que vuelan y gatos que ladran al amanecer. Tortugas amarillas que se adivinan como taxis y se dibujan en la arena gris. Pilas de testigos pintan el paisaje como quieren, como pueden, como se les da la gana. Pero primero que nada, el sol, que pega como un humo contenido, como una flor empulmonada que de sorpresa me sorprende, y deja toda esa oscuridad divina, bien en claro, de una vez y para siempre.
sábado, 30 de julio de 2016
Mi papel principal
-¡No! ¡No me acaricies ahora!- fue lo primero que pensé, y por pensar eso luego pensé más cosas. Como por ejemplo:
-¿Acabo de pedir que no me acaricie?-
-¿Estoy queriendo que ese placer divino (música de dermis) se silencie y viaje lejos?-
-¿Qué es lo que sucede?-
Y ahí me di cuenta. Estaba tan perdido leyendo. En realidad no leía, solo le prestaba atención a algo que me interesó. Al menos eso hacía hasta que comenzaste a acariciarme. Ay, ¡te maldije tanto! ¡De verdad me interesaba eso que no estaba leyendo, en serio quería prestarle atención! Pero ya no pude hacerlo. Porque no puedo negarte, no puedo dejarte afuera, no puedo no entrar a tu casa. Llegaste a buscarme, a reclamar mi compañía. Mi presencia es tu departamento, tu tiempo compartido.
Ya no pude más. Abandoné por completo ese punto que entretenía y tenía a mi atención. Ya no pude quedarme en él porque de repente llegaste tú a acariciarme, y cuando eso sucede, solo deseo dedicar cada impulso nervioso de mi mente a recibir, sentir, degustar y disfrutar tus caricias. Todo lo demás en este mundo queda después, nada más me importa hacer. Nunca pondré tus caricias en segundo plano. Siempre serán mi papel principal.
-¿Acabo de pedir que no me acaricie?-
-¿Estoy queriendo que ese placer divino (música de dermis) se silencie y viaje lejos?-
-¿Qué es lo que sucede?-
Y ahí me di cuenta. Estaba tan perdido leyendo. En realidad no leía, solo le prestaba atención a algo que me interesó. Al menos eso hacía hasta que comenzaste a acariciarme. Ay, ¡te maldije tanto! ¡De verdad me interesaba eso que no estaba leyendo, en serio quería prestarle atención! Pero ya no pude hacerlo. Porque no puedo negarte, no puedo dejarte afuera, no puedo no entrar a tu casa. Llegaste a buscarme, a reclamar mi compañía. Mi presencia es tu departamento, tu tiempo compartido.
Ya no pude más. Abandoné por completo ese punto que entretenía y tenía a mi atención. Ya no pude quedarme en él porque de repente llegaste tú a acariciarme, y cuando eso sucede, solo deseo dedicar cada impulso nervioso de mi mente a recibir, sentir, degustar y disfrutar tus caricias. Todo lo demás en este mundo queda después, nada más me importa hacer. Nunca pondré tus caricias en segundo plano. Siempre serán mi papel principal.
jueves, 23 de junio de 2016
Bailar en la cueva (Drexler)
La idea es eternamente nueva. Cae la noche y nos seguimos juntando a bailar en la cueva. Bailar, bailar, bailar. Ir en el ritmo, como una nube va en el viento. No estar en, sino ser el movimiento. Cerrar el juicio, cerrar los ojos, oir el ¡clak! con que se rompen los cerrojos. Bailar, bailar, bailar. Me guías tu o yo te guío. Mi cuerpo al tuyo y el tuyo al mío. Los dos bebiendo del mismo aire. El pulso latiendo y el muslo aprendiendo a leer en braille. La música enseña, sueña, duele, cura. Ya hacíamos música muchísimo antes de conocer la agricultura. La idea es eternamente nueva. Bailar, bailar, bailar.
miércoles, 22 de junio de 2016
Desaceleración
Sentado en el pasto, formo parte de un ciclo. El cáliz terrateniente vuelve a mi, y otra vez es el momento de la verdad. Lo agarro con la mano izquierda porque con la derecha voy a hacer lo que realmente importa, eso para lo que me preparé tanto. La parte del centro la mando hacia adentro, libero las trabas. Tomo su cuerpo para luego tomarlo todo. Empiezo desde cero y los grados (no de temperatura) van subiendo. Mientras aumentan, la incertidumbre de cuando será el momento preciso me invade cada vez más. Me pregunto si saldrá de a mucho, si saldrá de a poco. Cuánto aguantará el cáliz y, dependiendo de eso, cuánto deberé entregarle. De repente, la vida misma surge de su boca e inunda mi mano izquierda sin mojarme ni una sola célula. El cáliz está hecho. Levanto la mirada y me doy cuenta de que nadie se percató de nada, y yo tan preocupado. No se a quién le toca y estoy lejos de ser el centro de atención. Con la derecha cierro el termo, y el mate me lo tomo yo.
lunes, 20 de junio de 2016
A veces me escondo
La ciudad urgente contrastaba con cada pensamiento, con cada paso. Todas las batallas que esperaban por mí en el futuro parecían dibujarse en el presente, pero no me preocupaba, para nada. Lo mismo de siempre (o casi siempre) tenía lugar en mi rutina y yo lo recorría con gusto. “Que me pongo el abrigo, que me saco el abrigo” pensé. Fueron solo unos metros antes en los que decidí abandonar mi mundo y enfrentarme a lo que viniera, pero no me preocupaba, para nada. Los últimos segundos fueron ricos en oxígeno y una música enorme nació en mí, pero solo yo la escuché. Atravesé las puertas y cuando creí sentir explotar todo, me di cuenta que estaba en un lugar más tranquilo de lo que había pensado. Pero de repente, su canto penetró en mí como un suave cuchillo. Así que me dejé explotar segura y organizadamente. El silencio transparente embelleció mis reflexiones, combinado con la cantidad justa de sinceridad. Esa tarde vi indicios de lágrimas, mates varios, colores, amor, compresión y risas. Me alegré de todo eso, de como toda esa incertidumbre terminó por crear algo natural, puro y bueno. Y es que era de esperarse, si al fin y al cabo, todo se resumía en una planta. A veces me escondo, pero no, ese día no.
viernes, 17 de junio de 2016
La última canción
Ayer no salí con mis amigos. Madrugar. Claro, porque hoy tenía que madrugar. Así que así fue. A las 9 de la noche estaba acostado, me levanté a las 8 de la mañana sin la necesidad de alarma alguna, tal como lo quería. Me levanté y me fui a duchar, con ese extraño cansancio del "recién me levanto". Salí de la ducha, me fui a cambiar, y tenía el celu. Esperen. Nunca les conté de qué se trata todo esto. La idea es la mini vacación. ¿Qué tiene de parecido ir a Belgrano e ir a Paris? Piensen esto. "Viajar a Belgrano" es lo mismo que decir "viajar a un lugar que no conozco" (en mi caso, porque no conozco Belgrano). Y "viajar a Paris" es lo mismo que decir "viajar a un lugar que no conozco". O sea que desde cierto punto de vista se puede decir que "viajar a Belgrano" y "viajar a Paris" podrían llegar a ser un acto de la misma familia de actos (¿qué?). Por ende la idea de hoy, viernes (no curso), era ir a conocer Belgrano. A mí me gusta mucho viajar en tren, subte, bondi, etc, SIEMPRE Y CUANDO cuente con mis auriculares para escuchar música y vivir esa sensación de estar en un videoclip constante, de colorear el mundo, musicalizar la película que se proyecta a través de nuestros ojos. Así que bien, ya tenía todo mi día planeado. Salí de la ducha, me fui a cambiar, y tenía el celu. El celu donde tenía la tarjeta de memoria. La tarjeta de memoria donde tenía la carpeta "música celu". La carpeta "música celu" donde tenía todas las canciones que me gusta escuchar cuando viajo en transporte público. Obviamente, este viaje a Belgrano iba a hacerlo solo, porque me encanta viajar solo, dejarme ser y dejar de comportarme. Porque inconscientemente todos nos comportamos de cierta manera cuando estamos con alguien, para bien o para mal. Así que la idea era viajar a Belgrano, solo, escuchando música con mis auriculares. Quería salir a las 10 de casa, ya duchado, cambiado y desayunado. Antes que nada, quería bajarle un par de canciones más a mi celular. Por eso conecté el celu a la pc con un cable USB para bajarle las canciones, y vi que la pc no detectaba ningún celular. Entonces saqué la memoria del dispositivo, la conecté a un adaptador, y conecté el adaptador a la pc. "Bien, me lo reconoce" pensé. Seleccioné las 18 canciones más que quería bajar a mi celular y las copié a la carpeta. La barrita empezó a cargar y subía lentamente, hasta que de repente "error" y un número de varias cifras al lado. Había habido un error con una de las canciones. 12 de ellas se habían copiado bien, las 6 faltantes no se habían podido copiar. Decidí copiar estas 6 una por una. Pude copiar 5, y me faltaba la última canción. Cuando la fui a copiar, me tiró "error" y un número de varias cifras al lado, nuevamente. Entonces decidí sacar la memoria de la pc y volverla a conectar. Hice eso. Volví a intentar copiar esa última canción y sucedió lo mismo. Así que medité un renovador "ya fue" y saqué la memoria, resignando esa canción faltante. Coloqué la memoria en mi teléfono y este me respondió con un helado "tarjeta de memoria vacía". Mi temperatura corporal empezaba a subir. Saqué y volví a poner la tarjeta en mi teléfono una y otra vez, y no había caso. Desesperé. Intenté conectarla de nuevo a la computadora y entonces apareció "debe formatear el disco para poder usarlo". "¿Qué? ¿Me está pidiendo que formatee el disco para poder abrirlo? Eso no tiene lógica alguna" pensé. La saqué y la volví a conectar en la pc una y otra vez. “Formatee el disco para poder usarlo” TU VIEJA VA A FORMATEAR EL DISCO. No hubo caso. No quería viajar sin música, porque eso no era parte del plan, de la idea, la cual era viajar a Belgrano, solo, escuchando música con mis auriculares. Intenté conectar la memoria al celular de nuevo. "Tarjeta de memoria vacía". Empecé a reclamar una serie de "no's" constantes cada vez más tristes y fuertes. Pateé cosas, trompeé otras. Grité. Llamé por teléfono a mi vieja buscando ayuda (¿en qué me iba a ayudar mi vieja estando en otro lado que no fuera acá?). Aparte de esto, mi celular venía andando mal hace rato, me tenía las pelotas llenas. FUE LA GOTA QUE REVALSÓ EL VASO. Agarré mi maldito celular y con toda la ira de mi cuerpo lo estallé contra la pared. El celular se reventó en aproximadamente 4 partes. Adiós para siempre, hijo de mil puta. Fue entonces cuando mi hermano me dijo que tenía una tarjeta de memoria para prestarme si quería. ¡GENIAL! Pero esperen... ¿a dónde mierda iba a conectar la tarjeta de memoria si mi celular ya no consistía en una única pieza funcional? Me lamenté y me enojé, lo cual me llevó a agarrar dos de las piezas no funcionales a las que antes llamaba "celular" y las volví a revolear contra la pared, solo de la bronca que tenía. Pateé muebles, se cayeron perfumes, anteojos, cosas. Mi día se arruinó en cuestión de minutos, y yo pseudodestruí mi pieza en tan solo 15. Así que acá estoy. Sentado en la silla de mi pieza (la cual levanté en el aire y estuve a punto de estrellarla contra el piso, pero me contuve) relatando esta serie de eventos desafortunados que terminaron por llevarse mi alegría y mis ganas de todo. Sin embargo, recupero un poco de esos tónicos escribiendo esto. Aun así, los pulmones me lloran y veo todo en blanco y negro, todo. No está de más decir que a todo esto yo todavía tenía que desayunar y armar la mochila que iba a acompañarme en este viaje. No llegaba, se me hacía tarde. ¿Viajar sin música o quedarme y aguantar este viaje para otra ocasión en la cual pudiera hacerlo como de verdad quería hacerlo? Me quedé. Me pregunté cuál sería la cura para tal angustia, y creo que lo que voy a hacer el día de hoy es irme a algún lugar verde, soleado, solo, con una guitarra. Por supuesto que no tienen que decirme que "no es para tanto", "hay cosas peores", "es una boludés" porque YA LO SÉ. Pero vamos, ¿me van a decir que ninguno de ustedes colapsó alguna vez por una boludés? No seamos hipócritas. Así que, si me lo permiten, quisiera mandar a todo el mundo a la re putísima madre que lo re contra re mil re parió. Y si en el camino a la re putísima madre que lo re contra re mil re parió pasan por Belgrano, avísenme que voy con ustedes.
martes, 14 de junio de 2016
El cielo de hoy
El cielo de hoy, nublado y cierto, llenó de luz a esa ventana, clara y vertical como siempre, pero con el pasajero brillo del momento. Su llegada quitó de cuadro ese cristal y me atrapó estúpidamente con su perfumada y severa presencia. Eché raíces donde lo sentí prudente y solo la vi pasar. Al rato, volvió como en una suerte de arrepentimiento y se instaló a mi lado. Me miró y sonrió por debajo, y esa tormenta se sintió diluir como la caricia interna de un insignificante y tibio té que resultaría ser todo lo contrario.
Antes de bajar, me lanzó una mirada que escaló su hombro para llegar a mi. Su silencio dijo tanto como cantidad de cenizas nacieron en mi pantalón. 100 metros después, decidí bajar e ir tras ella, a ver hasta donde llego esta vez.
Antes de bajar, me lanzó una mirada que escaló su hombro para llegar a mi. Su silencio dijo tanto como cantidad de cenizas nacieron en mi pantalón. 100 metros después, decidí bajar e ir tras ella, a ver hasta donde llego esta vez.
lunes, 13 de junio de 2016
Claudia en el zaguán (La Banda del Río Salí)
Para ti, mi amor.
Y abrazada a su almohada, Claudia se acordó. Se acordó de los besos, de los abrazos, y tuvo sed. Se acordó de esas noches interminables en la casa de sus padres. Esa casa en la que tanto tiempo habían estado solos y juntos. Porque ellos viajaban. Los padres. No viajaban lejos pero viajaban siempre. Se acordó. Se acordó del pasillo, del zaguán. De la ventana en el zaguán, esa ventanita de vitró. ¡Del amor en la ventana se acordó! Ese amor, agarrada fuerte al marco, o posando las manos ante las luces de una ciudad que se adivinaba cómplice. Se acordó de las noches interminables, con desvelo y alegría, que parecían sonrisas. De las sonrisas interminables, con desvelo y alegría, que parecían refusilos. Y de los refusilos interminables, con desvelo y alegría, que parecían... que parecían...
¡No, no, no, no, no lo decían! Pero se miraban (y qué manera de besarse). Qué manera de recorrerse el cuerpo por entero (desde la cabeza hasta los tobillos), en franco descenso por la espalda, no sin antes... no sin antes pasar y detenerse ahí, ahí, justo ahí, en aquel pedacito de piel tersa. Ese pedacito de piel tersa que está detrás de la rodilla, que no sabemos cómo se llama, no tenemos idea, pero que es imposible pasar por ahí sin detenerse a dibujar con la boca, con la lengua, con los dientes, con los labios, con los nervios. Hombro, cuello, nuca, oreja, nariz, costilla, atentos en la espera de que un "¡Qué beso!" los haga cómplices.
Y del placer de verla caminar a la heladera a las 6 de la mañana a buscar una botella de agua. Ser testigo manso de sus gracias caminantes, en ese pasillo que se dibuja entre heladera y cama, cama y heladera, cada vez que se abre esa puerta. Y más tarde, entre las sábanas, La Cordillera de Los Andes, El Aconcagua, Los Valles Calchaquíes. Mientras tanto, abajo de la tierra, las placas tectónicas chocan unas contra otras, formando y desarmando cosas. Detenerse en un espejo de agua y darse cuenta de que Claudia, tal vez, tenga otros nombres.
Y abrazada a su almohada, Claudia se acordó. Se acordó de los besos, de los abrazos, y tuvo sed. Se acordó de esas noches interminables en la casa de sus padres. Esa casa en la que tanto tiempo habían estado solos y juntos. Porque ellos viajaban. Los padres. No viajaban lejos pero viajaban siempre. Se acordó. Se acordó del pasillo, del zaguán. De la ventana en el zaguán, esa ventanita de vitró. ¡Del amor en la ventana se acordó! Ese amor, agarrada fuerte al marco, o posando las manos ante las luces de una ciudad que se adivinaba cómplice. Se acordó de las noches interminables, con desvelo y alegría, que parecían sonrisas. De las sonrisas interminables, con desvelo y alegría, que parecían refusilos. Y de los refusilos interminables, con desvelo y alegría, que parecían... que parecían...
¡No, no, no, no, no lo decían! Pero se miraban (y qué manera de besarse). Qué manera de recorrerse el cuerpo por entero (desde la cabeza hasta los tobillos), en franco descenso por la espalda, no sin antes... no sin antes pasar y detenerse ahí, ahí, justo ahí, en aquel pedacito de piel tersa. Ese pedacito de piel tersa que está detrás de la rodilla, que no sabemos cómo se llama, no tenemos idea, pero que es imposible pasar por ahí sin detenerse a dibujar con la boca, con la lengua, con los dientes, con los labios, con los nervios. Hombro, cuello, nuca, oreja, nariz, costilla, atentos en la espera de que un "¡Qué beso!" los haga cómplices.
Y del placer de verla caminar a la heladera a las 6 de la mañana a buscar una botella de agua. Ser testigo manso de sus gracias caminantes, en ese pasillo que se dibuja entre heladera y cama, cama y heladera, cada vez que se abre esa puerta. Y más tarde, entre las sábanas, La Cordillera de Los Andes, El Aconcagua, Los Valles Calchaquíes. Mientras tanto, abajo de la tierra, las placas tectónicas chocan unas contra otras, formando y desarmando cosas. Detenerse en un espejo de agua y darse cuenta de que Claudia, tal vez, tenga otros nombres.
sábado, 11 de junio de 2016
Canción del elegido
Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de si. Pero mi historia es difícil. No voy a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la Vía Láctea. Es una historia enterrada, es sobre un ser de la nada.
Nació de una tormenta, en el sol de una noche, el penúltimo mes. Fue de planeta en planeta buscando agua potable. Quizás buscando la vida, buscando la muerte, eso nunca se sabe. Quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable. O por lo menos querible, besable, amable.
El descubrió que las minas del Rey Salomón se hallaban en el cielo y no en el África ardiente como pensaba la gente. Pero las piedras son frías, y le interesaban calor y alegría. Las joyas no tenían alma. Solo eran espejos, colores brillantes. Y al fin bajó hacia la guerra... perdón, quise decir a la Tierra.
Hubo la historia de un golpe. Sintió en su cabeza cristales molidos. Y comprendió que la guerra era la paz del futuro. Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.
La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo. Iba matando canallas con su cañón del futuro...
Nació de una tormenta, en el sol de una noche, el penúltimo mes. Fue de planeta en planeta buscando agua potable. Quizás buscando la vida, buscando la muerte, eso nunca se sabe. Quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable. O por lo menos querible, besable, amable.
El descubrió que las minas del Rey Salomón se hallaban en el cielo y no en el África ardiente como pensaba la gente. Pero las piedras son frías, y le interesaban calor y alegría. Las joyas no tenían alma. Solo eran espejos, colores brillantes. Y al fin bajó hacia la guerra... perdón, quise decir a la Tierra.
Hubo la historia de un golpe. Sintió en su cabeza cristales molidos. Y comprendió que la guerra era la paz del futuro. Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.
La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo. Iba matando canallas con su cañón del futuro...
Sabe quién soy
Me conoce, sabe quién soy. La vi un día, y pude verla. La vi al otro día, y pude verla. Así, pude verla todos los días cada vez que la miraba. Siempre desde lejos la miraba, viéndola mientras lo hacía. Y ayer la estaba mirando y de repente la vi. Pero ella no me miraba, por eso no podía verme. Y mi indudable inconsciente me aseguró eso sin argumento aparentemente necesario. Pero hoy, hoy cuando no la veía, hoy cuando no la miraba, hice un click y ví que al mirarla podía ver como ella me veía al mirarme. Me conoce, sabe quién soy.
viernes, 10 de junio de 2016
Viajes
La veo. La estoy viendo en este momento. Mientras escribo esto, la veo. Es una pequeña esfera de poder incansable, dulce y tierna por dentro, transparente. Tiene un pulover sabor frutilla y posee a sus dos amores en sus manos, uno en cada una. Crea virtudes de sus defectos, pide perdón por sus errores. Lleva a cabo lo que siente, y así me hace entender que tengo que respetar el arte ajeno. No quiero dejar de verla. Ni a ella ni a los rulos que nacen de su alma. Está pegándole a todos los cuerpos, y yo quisiera verla eternamente.
martes, 7 de junio de 2016
Jamás salí de ahí
Canciones, recuerdos, miradas, besos, abrazos, el pasado, las historias que escribimos, la historia que escribimos, nuestra historia. Es increíble como las cosas pasan cuando uno las piensa demasiado. ¿Casualidad? Ha de ser más que eso. Justo en el momento en que uno se pone a recordar, el recuerdo aparece frente a nosotros. No antes, no después. Siempre en el momento preciso, en el momento en el que lo invocamos. ¿O será que siempre lo estamos haciendo y solo aparece en un momento al azar? Me dí cuenta que jamás salí de ahí. El tiempo pasó, la vida avanzó, ya no soy el mismo de ayer, y vos tampoco, pero jamás me fui, jamás. Estuve ahí siempre, con vos, y vos estuviste acá siempre, conmigo. Jamás me fui de vos, jamás te fuiste de mi. Y hoy sonrío porque seas feliz, y te amo a la distancia, lejos, en el recuerdo. Ya tomaste tu camino, te fuiste agarrada de una nueva mano que te llevará por una historia distinta a la nuestra. Nuestro libro quedó sin escribir, en stand by, posiblemente para siempre, y te adentraste en otro mundo. No habrá que hacer otra cosa que seguir el curso actual, seguir escribiendo, componiendo, recordando, cantando para vivir. Y en cada paso que dé en ese curso, cada nuevo día que transcurra, siempre voy a estar pensando en nuestro mundo. Y las perlas de nuestro mundo siempre estarán guardadas con un amor lloroso en lo más profundo de mi alma. Todas las perlas. Canciones, recuerdos, miradas, besos, abrazos, el pasado, las historias que escribimos, la historia que escribimos, nuestra historia.
domingo, 5 de junio de 2016
Otoño
Que lindo es el otoño. Hojas secas en todos los pisos, flores secas en todos los lillos. Dormir todo emponchado, buscar más sábanas en el rincón olvidado del placard, sentir el solsito calentador en la cara. Caminar con las manos en los bolsillos del abrigo y la bufanda hasta la pera. Tomar té, mate cocido, mate. Cualquier cosa hecha con harina y acompañada por mate sirve en las tardes otoñales. Volver a casa caminando pensando en que tenés mucho frío y en cuántas ganas tenés de llegar a tu casa. Abrir rápido la puerta, encender la estufa, ir sacándose de a poco las prendas, abrigo por abrigo, uno por uno. Dejar el gorrito y los guantes en la mesa, colgar la campera en la silla, hacerse unas tostadas y un mate cocido. Sentarse en la silla y empezar a pensar en lo cálido que es el otoño. Sonreir por dentro, agarrar el celular, abrir la aplicación de "notas" y empezar a escribir. Estar en otoño, apreciar el otoño, vivir el otoño. Ser feliz.
martes, 31 de mayo de 2016
El calor era una decisión que no tomaba
El calor era una decisión que no tomaba. Me refugiaba en canciones y la dulce soledad que me acompañaba desde que salí. Caminar, bondi, tren, subte. Llegué. Desconocía que tan lejos y que tan rápido. Solo llegué. Otro bondi, que se guiaba por un libro desconocido, me llevó a otro lugar. Seguí solo, pacíficamente solo. Almorcé solo, y estaba bueno. Ya no tenía más sed y me sobraba lo que tenía. Se lo dí a otro. Y pensé si hubiera hecho eso estando acompañado o en un lugar que ya conociera de memoria. La idea de darle esa coca que me sobraba surgió en mi de la nada, fluyó y no podía evitarlo. Y por eso lo hice, porque quise hacerlo. Y lo hice. Pegué la vuelta, y cuando llegué a casa, ansié volver, solo, a tomar otro bondi, a almorzar de nuevo, a regalar otra coca.
Pasaron
Pasaron tantas cosas. Tantos años, tanta gente. A veces siento que todas esas imágenes son parte de otra vida, como si fuera un sueño o una anécdota ajena que recreé personal en mi. Amores pasados que mal o bien son parte de mi historia. Y me hace pensar en lo que vendrá y en todo lo que ya pasó en tan solo dos décadas. La velocidad del tiempo es demasiado impactante y sospecho que nunca voy a llegar a asimilarla del todo.
lunes, 30 de mayo de 2016
Agradezco
Son las 02:30 de la madrugada. Estoy en mi cama leyendo El
Principito por segunda vez. Reflexiones van y vienen. Pero de repente hay una
que me atrae consistentemente y me genera la necesidad de agradecer. Hay mil
cosas que no tengo y nunca voy a tener, y mil cosas que no soy y nunca voy a
ser. Hay cosas que creí que quería tener y cosas que creí que quería ser, pero
no. Así que agradezco. Agradezco estar donde estoy. Agradezco escribir.
Agradezco tener los pensamientos que tengo. Agradezco mis inquietudes.
Agradezco mis dudas. Agradezco mis emociones y mis sensibilidades. Agradezco la
música. Agradezco la guitarra y el piano. Agradezco el aire libre. Agradezco el
cielo y el pasto. Agradezco a los perros. Agradezco al amor. Agradezco al mate.
Agradezco a los atardeceres naranjas en la playa. Agradezco la nostalgia y
agradezco las musas, los amores pasados. Hay mil cosas que agradezco y mil
cosas que aún no llegaron, pero ya las voy a agradecer. Agradezco por eso.
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