lunes, 20 de junio de 2016

A veces me escondo

La ciudad urgente contrastaba con cada pensamiento, con cada paso. Todas las batallas que esperaban por mí en el futuro parecían dibujarse en el presente, pero no me preocupaba, para nada. Lo mismo de siempre (o casi siempre) tenía lugar en mi rutina y yo lo recorría con gusto. “Que me pongo el abrigo, que me saco el abrigo” pensé. Fueron solo unos metros antes en los que decidí abandonar mi mundo y enfrentarme a lo que viniera, pero no me preocupaba, para nada. Los últimos segundos fueron ricos en oxígeno y una música enorme nació en mí, pero solo yo la escuché. Atravesé las puertas y cuando creí sentir explotar todo, me di cuenta que estaba en un lugar más tranquilo de lo que había pensado. Pero de repente, su canto penetró en mí como un suave cuchillo. Así que me dejé explotar segura y organizadamente. El silencio transparente embelleció mis reflexiones, combinado con la cantidad justa de sinceridad. Esa tarde vi indicios de lágrimas, mates varios, colores, amor, compresión y risas. Me alegré de todo eso, de como toda esa incertidumbre terminó por crear algo natural, puro y bueno. Y es que era de esperarse, si al fin y al cabo, todo se resumía en una planta. A veces me escondo, pero no, ese día no.

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