jueves, 23 de junio de 2016
Bailar en la cueva (Drexler)
La idea es eternamente nueva. Cae la noche y nos seguimos juntando a bailar en la cueva. Bailar, bailar, bailar. Ir en el ritmo, como una nube va en el viento. No estar en, sino ser el movimiento. Cerrar el juicio, cerrar los ojos, oir el ¡clak! con que se rompen los cerrojos. Bailar, bailar, bailar. Me guías tu o yo te guío. Mi cuerpo al tuyo y el tuyo al mío. Los dos bebiendo del mismo aire. El pulso latiendo y el muslo aprendiendo a leer en braille. La música enseña, sueña, duele, cura. Ya hacíamos música muchísimo antes de conocer la agricultura. La idea es eternamente nueva. Bailar, bailar, bailar.
miércoles, 22 de junio de 2016
Desaceleración
Sentado en el pasto, formo parte de un ciclo. El cáliz terrateniente vuelve a mi, y otra vez es el momento de la verdad. Lo agarro con la mano izquierda porque con la derecha voy a hacer lo que realmente importa, eso para lo que me preparé tanto. La parte del centro la mando hacia adentro, libero las trabas. Tomo su cuerpo para luego tomarlo todo. Empiezo desde cero y los grados (no de temperatura) van subiendo. Mientras aumentan, la incertidumbre de cuando será el momento preciso me invade cada vez más. Me pregunto si saldrá de a mucho, si saldrá de a poco. Cuánto aguantará el cáliz y, dependiendo de eso, cuánto deberé entregarle. De repente, la vida misma surge de su boca e inunda mi mano izquierda sin mojarme ni una sola célula. El cáliz está hecho. Levanto la mirada y me doy cuenta de que nadie se percató de nada, y yo tan preocupado. No se a quién le toca y estoy lejos de ser el centro de atención. Con la derecha cierro el termo, y el mate me lo tomo yo.
lunes, 20 de junio de 2016
A veces me escondo
La ciudad urgente contrastaba con cada pensamiento, con cada paso. Todas las batallas que esperaban por mí en el futuro parecían dibujarse en el presente, pero no me preocupaba, para nada. Lo mismo de siempre (o casi siempre) tenía lugar en mi rutina y yo lo recorría con gusto. “Que me pongo el abrigo, que me saco el abrigo” pensé. Fueron solo unos metros antes en los que decidí abandonar mi mundo y enfrentarme a lo que viniera, pero no me preocupaba, para nada. Los últimos segundos fueron ricos en oxígeno y una música enorme nació en mí, pero solo yo la escuché. Atravesé las puertas y cuando creí sentir explotar todo, me di cuenta que estaba en un lugar más tranquilo de lo que había pensado. Pero de repente, su canto penetró en mí como un suave cuchillo. Así que me dejé explotar segura y organizadamente. El silencio transparente embelleció mis reflexiones, combinado con la cantidad justa de sinceridad. Esa tarde vi indicios de lágrimas, mates varios, colores, amor, compresión y risas. Me alegré de todo eso, de como toda esa incertidumbre terminó por crear algo natural, puro y bueno. Y es que era de esperarse, si al fin y al cabo, todo se resumía en una planta. A veces me escondo, pero no, ese día no.
viernes, 17 de junio de 2016
La última canción
Ayer no salí con mis amigos. Madrugar. Claro, porque hoy tenía que madrugar. Así que así fue. A las 9 de la noche estaba acostado, me levanté a las 8 de la mañana sin la necesidad de alarma alguna, tal como lo quería. Me levanté y me fui a duchar, con ese extraño cansancio del "recién me levanto". Salí de la ducha, me fui a cambiar, y tenía el celu. Esperen. Nunca les conté de qué se trata todo esto. La idea es la mini vacación. ¿Qué tiene de parecido ir a Belgrano e ir a Paris? Piensen esto. "Viajar a Belgrano" es lo mismo que decir "viajar a un lugar que no conozco" (en mi caso, porque no conozco Belgrano). Y "viajar a Paris" es lo mismo que decir "viajar a un lugar que no conozco". O sea que desde cierto punto de vista se puede decir que "viajar a Belgrano" y "viajar a Paris" podrían llegar a ser un acto de la misma familia de actos (¿qué?). Por ende la idea de hoy, viernes (no curso), era ir a conocer Belgrano. A mí me gusta mucho viajar en tren, subte, bondi, etc, SIEMPRE Y CUANDO cuente con mis auriculares para escuchar música y vivir esa sensación de estar en un videoclip constante, de colorear el mundo, musicalizar la película que se proyecta a través de nuestros ojos. Así que bien, ya tenía todo mi día planeado. Salí de la ducha, me fui a cambiar, y tenía el celu. El celu donde tenía la tarjeta de memoria. La tarjeta de memoria donde tenía la carpeta "música celu". La carpeta "música celu" donde tenía todas las canciones que me gusta escuchar cuando viajo en transporte público. Obviamente, este viaje a Belgrano iba a hacerlo solo, porque me encanta viajar solo, dejarme ser y dejar de comportarme. Porque inconscientemente todos nos comportamos de cierta manera cuando estamos con alguien, para bien o para mal. Así que la idea era viajar a Belgrano, solo, escuchando música con mis auriculares. Quería salir a las 10 de casa, ya duchado, cambiado y desayunado. Antes que nada, quería bajarle un par de canciones más a mi celular. Por eso conecté el celu a la pc con un cable USB para bajarle las canciones, y vi que la pc no detectaba ningún celular. Entonces saqué la memoria del dispositivo, la conecté a un adaptador, y conecté el adaptador a la pc. "Bien, me lo reconoce" pensé. Seleccioné las 18 canciones más que quería bajar a mi celular y las copié a la carpeta. La barrita empezó a cargar y subía lentamente, hasta que de repente "error" y un número de varias cifras al lado. Había habido un error con una de las canciones. 12 de ellas se habían copiado bien, las 6 faltantes no se habían podido copiar. Decidí copiar estas 6 una por una. Pude copiar 5, y me faltaba la última canción. Cuando la fui a copiar, me tiró "error" y un número de varias cifras al lado, nuevamente. Entonces decidí sacar la memoria de la pc y volverla a conectar. Hice eso. Volví a intentar copiar esa última canción y sucedió lo mismo. Así que medité un renovador "ya fue" y saqué la memoria, resignando esa canción faltante. Coloqué la memoria en mi teléfono y este me respondió con un helado "tarjeta de memoria vacía". Mi temperatura corporal empezaba a subir. Saqué y volví a poner la tarjeta en mi teléfono una y otra vez, y no había caso. Desesperé. Intenté conectarla de nuevo a la computadora y entonces apareció "debe formatear el disco para poder usarlo". "¿Qué? ¿Me está pidiendo que formatee el disco para poder abrirlo? Eso no tiene lógica alguna" pensé. La saqué y la volví a conectar en la pc una y otra vez. “Formatee el disco para poder usarlo” TU VIEJA VA A FORMATEAR EL DISCO. No hubo caso. No quería viajar sin música, porque eso no era parte del plan, de la idea, la cual era viajar a Belgrano, solo, escuchando música con mis auriculares. Intenté conectar la memoria al celular de nuevo. "Tarjeta de memoria vacía". Empecé a reclamar una serie de "no's" constantes cada vez más tristes y fuertes. Pateé cosas, trompeé otras. Grité. Llamé por teléfono a mi vieja buscando ayuda (¿en qué me iba a ayudar mi vieja estando en otro lado que no fuera acá?). Aparte de esto, mi celular venía andando mal hace rato, me tenía las pelotas llenas. FUE LA GOTA QUE REVALSÓ EL VASO. Agarré mi maldito celular y con toda la ira de mi cuerpo lo estallé contra la pared. El celular se reventó en aproximadamente 4 partes. Adiós para siempre, hijo de mil puta. Fue entonces cuando mi hermano me dijo que tenía una tarjeta de memoria para prestarme si quería. ¡GENIAL! Pero esperen... ¿a dónde mierda iba a conectar la tarjeta de memoria si mi celular ya no consistía en una única pieza funcional? Me lamenté y me enojé, lo cual me llevó a agarrar dos de las piezas no funcionales a las que antes llamaba "celular" y las volví a revolear contra la pared, solo de la bronca que tenía. Pateé muebles, se cayeron perfumes, anteojos, cosas. Mi día se arruinó en cuestión de minutos, y yo pseudodestruí mi pieza en tan solo 15. Así que acá estoy. Sentado en la silla de mi pieza (la cual levanté en el aire y estuve a punto de estrellarla contra el piso, pero me contuve) relatando esta serie de eventos desafortunados que terminaron por llevarse mi alegría y mis ganas de todo. Sin embargo, recupero un poco de esos tónicos escribiendo esto. Aun así, los pulmones me lloran y veo todo en blanco y negro, todo. No está de más decir que a todo esto yo todavía tenía que desayunar y armar la mochila que iba a acompañarme en este viaje. No llegaba, se me hacía tarde. ¿Viajar sin música o quedarme y aguantar este viaje para otra ocasión en la cual pudiera hacerlo como de verdad quería hacerlo? Me quedé. Me pregunté cuál sería la cura para tal angustia, y creo que lo que voy a hacer el día de hoy es irme a algún lugar verde, soleado, solo, con una guitarra. Por supuesto que no tienen que decirme que "no es para tanto", "hay cosas peores", "es una boludés" porque YA LO SÉ. Pero vamos, ¿me van a decir que ninguno de ustedes colapsó alguna vez por una boludés? No seamos hipócritas. Así que, si me lo permiten, quisiera mandar a todo el mundo a la re putísima madre que lo re contra re mil re parió. Y si en el camino a la re putísima madre que lo re contra re mil re parió pasan por Belgrano, avísenme que voy con ustedes.
martes, 14 de junio de 2016
El cielo de hoy
El cielo de hoy, nublado y cierto, llenó de luz a esa ventana, clara y vertical como siempre, pero con el pasajero brillo del momento. Su llegada quitó de cuadro ese cristal y me atrapó estúpidamente con su perfumada y severa presencia. Eché raíces donde lo sentí prudente y solo la vi pasar. Al rato, volvió como en una suerte de arrepentimiento y se instaló a mi lado. Me miró y sonrió por debajo, y esa tormenta se sintió diluir como la caricia interna de un insignificante y tibio té que resultaría ser todo lo contrario.
Antes de bajar, me lanzó una mirada que escaló su hombro para llegar a mi. Su silencio dijo tanto como cantidad de cenizas nacieron en mi pantalón. 100 metros después, decidí bajar e ir tras ella, a ver hasta donde llego esta vez.
Antes de bajar, me lanzó una mirada que escaló su hombro para llegar a mi. Su silencio dijo tanto como cantidad de cenizas nacieron en mi pantalón. 100 metros después, decidí bajar e ir tras ella, a ver hasta donde llego esta vez.
lunes, 13 de junio de 2016
Claudia en el zaguán (La Banda del Río Salí)
Para ti, mi amor.
Y abrazada a su almohada, Claudia se acordó. Se acordó de los besos, de los abrazos, y tuvo sed. Se acordó de esas noches interminables en la casa de sus padres. Esa casa en la que tanto tiempo habían estado solos y juntos. Porque ellos viajaban. Los padres. No viajaban lejos pero viajaban siempre. Se acordó. Se acordó del pasillo, del zaguán. De la ventana en el zaguán, esa ventanita de vitró. ¡Del amor en la ventana se acordó! Ese amor, agarrada fuerte al marco, o posando las manos ante las luces de una ciudad que se adivinaba cómplice. Se acordó de las noches interminables, con desvelo y alegría, que parecían sonrisas. De las sonrisas interminables, con desvelo y alegría, que parecían refusilos. Y de los refusilos interminables, con desvelo y alegría, que parecían... que parecían...
¡No, no, no, no, no lo decían! Pero se miraban (y qué manera de besarse). Qué manera de recorrerse el cuerpo por entero (desde la cabeza hasta los tobillos), en franco descenso por la espalda, no sin antes... no sin antes pasar y detenerse ahí, ahí, justo ahí, en aquel pedacito de piel tersa. Ese pedacito de piel tersa que está detrás de la rodilla, que no sabemos cómo se llama, no tenemos idea, pero que es imposible pasar por ahí sin detenerse a dibujar con la boca, con la lengua, con los dientes, con los labios, con los nervios. Hombro, cuello, nuca, oreja, nariz, costilla, atentos en la espera de que un "¡Qué beso!" los haga cómplices.
Y del placer de verla caminar a la heladera a las 6 de la mañana a buscar una botella de agua. Ser testigo manso de sus gracias caminantes, en ese pasillo que se dibuja entre heladera y cama, cama y heladera, cada vez que se abre esa puerta. Y más tarde, entre las sábanas, La Cordillera de Los Andes, El Aconcagua, Los Valles Calchaquíes. Mientras tanto, abajo de la tierra, las placas tectónicas chocan unas contra otras, formando y desarmando cosas. Detenerse en un espejo de agua y darse cuenta de que Claudia, tal vez, tenga otros nombres.
Y abrazada a su almohada, Claudia se acordó. Se acordó de los besos, de los abrazos, y tuvo sed. Se acordó de esas noches interminables en la casa de sus padres. Esa casa en la que tanto tiempo habían estado solos y juntos. Porque ellos viajaban. Los padres. No viajaban lejos pero viajaban siempre. Se acordó. Se acordó del pasillo, del zaguán. De la ventana en el zaguán, esa ventanita de vitró. ¡Del amor en la ventana se acordó! Ese amor, agarrada fuerte al marco, o posando las manos ante las luces de una ciudad que se adivinaba cómplice. Se acordó de las noches interminables, con desvelo y alegría, que parecían sonrisas. De las sonrisas interminables, con desvelo y alegría, que parecían refusilos. Y de los refusilos interminables, con desvelo y alegría, que parecían... que parecían...
¡No, no, no, no, no lo decían! Pero se miraban (y qué manera de besarse). Qué manera de recorrerse el cuerpo por entero (desde la cabeza hasta los tobillos), en franco descenso por la espalda, no sin antes... no sin antes pasar y detenerse ahí, ahí, justo ahí, en aquel pedacito de piel tersa. Ese pedacito de piel tersa que está detrás de la rodilla, que no sabemos cómo se llama, no tenemos idea, pero que es imposible pasar por ahí sin detenerse a dibujar con la boca, con la lengua, con los dientes, con los labios, con los nervios. Hombro, cuello, nuca, oreja, nariz, costilla, atentos en la espera de que un "¡Qué beso!" los haga cómplices.
Y del placer de verla caminar a la heladera a las 6 de la mañana a buscar una botella de agua. Ser testigo manso de sus gracias caminantes, en ese pasillo que se dibuja entre heladera y cama, cama y heladera, cada vez que se abre esa puerta. Y más tarde, entre las sábanas, La Cordillera de Los Andes, El Aconcagua, Los Valles Calchaquíes. Mientras tanto, abajo de la tierra, las placas tectónicas chocan unas contra otras, formando y desarmando cosas. Detenerse en un espejo de agua y darse cuenta de que Claudia, tal vez, tenga otros nombres.
sábado, 11 de junio de 2016
Canción del elegido
Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de si. Pero mi historia es difícil. No voy a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la Vía Láctea. Es una historia enterrada, es sobre un ser de la nada.
Nació de una tormenta, en el sol de una noche, el penúltimo mes. Fue de planeta en planeta buscando agua potable. Quizás buscando la vida, buscando la muerte, eso nunca se sabe. Quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable. O por lo menos querible, besable, amable.
El descubrió que las minas del Rey Salomón se hallaban en el cielo y no en el África ardiente como pensaba la gente. Pero las piedras son frías, y le interesaban calor y alegría. Las joyas no tenían alma. Solo eran espejos, colores brillantes. Y al fin bajó hacia la guerra... perdón, quise decir a la Tierra.
Hubo la historia de un golpe. Sintió en su cabeza cristales molidos. Y comprendió que la guerra era la paz del futuro. Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.
La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo. Iba matando canallas con su cañón del futuro...
Nació de una tormenta, en el sol de una noche, el penúltimo mes. Fue de planeta en planeta buscando agua potable. Quizás buscando la vida, buscando la muerte, eso nunca se sabe. Quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable. O por lo menos querible, besable, amable.
El descubrió que las minas del Rey Salomón se hallaban en el cielo y no en el África ardiente como pensaba la gente. Pero las piedras son frías, y le interesaban calor y alegría. Las joyas no tenían alma. Solo eran espejos, colores brillantes. Y al fin bajó hacia la guerra... perdón, quise decir a la Tierra.
Hubo la historia de un golpe. Sintió en su cabeza cristales molidos. Y comprendió que la guerra era la paz del futuro. Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.
La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo. Iba matando canallas con su cañón del futuro...
Sabe quién soy
Me conoce, sabe quién soy. La vi un día, y pude verla. La vi al otro día, y pude verla. Así, pude verla todos los días cada vez que la miraba. Siempre desde lejos la miraba, viéndola mientras lo hacía. Y ayer la estaba mirando y de repente la vi. Pero ella no me miraba, por eso no podía verme. Y mi indudable inconsciente me aseguró eso sin argumento aparentemente necesario. Pero hoy, hoy cuando no la veía, hoy cuando no la miraba, hice un click y ví que al mirarla podía ver como ella me veía al mirarme. Me conoce, sabe quién soy.
viernes, 10 de junio de 2016
Viajes
La veo. La estoy viendo en este momento. Mientras escribo esto, la veo. Es una pequeña esfera de poder incansable, dulce y tierna por dentro, transparente. Tiene un pulover sabor frutilla y posee a sus dos amores en sus manos, uno en cada una. Crea virtudes de sus defectos, pide perdón por sus errores. Lleva a cabo lo que siente, y así me hace entender que tengo que respetar el arte ajeno. No quiero dejar de verla. Ni a ella ni a los rulos que nacen de su alma. Está pegándole a todos los cuerpos, y yo quisiera verla eternamente.
martes, 7 de junio de 2016
Jamás salí de ahí
Canciones, recuerdos, miradas, besos, abrazos, el pasado, las historias que escribimos, la historia que escribimos, nuestra historia. Es increíble como las cosas pasan cuando uno las piensa demasiado. ¿Casualidad? Ha de ser más que eso. Justo en el momento en que uno se pone a recordar, el recuerdo aparece frente a nosotros. No antes, no después. Siempre en el momento preciso, en el momento en el que lo invocamos. ¿O será que siempre lo estamos haciendo y solo aparece en un momento al azar? Me dí cuenta que jamás salí de ahí. El tiempo pasó, la vida avanzó, ya no soy el mismo de ayer, y vos tampoco, pero jamás me fui, jamás. Estuve ahí siempre, con vos, y vos estuviste acá siempre, conmigo. Jamás me fui de vos, jamás te fuiste de mi. Y hoy sonrío porque seas feliz, y te amo a la distancia, lejos, en el recuerdo. Ya tomaste tu camino, te fuiste agarrada de una nueva mano que te llevará por una historia distinta a la nuestra. Nuestro libro quedó sin escribir, en stand by, posiblemente para siempre, y te adentraste en otro mundo. No habrá que hacer otra cosa que seguir el curso actual, seguir escribiendo, componiendo, recordando, cantando para vivir. Y en cada paso que dé en ese curso, cada nuevo día que transcurra, siempre voy a estar pensando en nuestro mundo. Y las perlas de nuestro mundo siempre estarán guardadas con un amor lloroso en lo más profundo de mi alma. Todas las perlas. Canciones, recuerdos, miradas, besos, abrazos, el pasado, las historias que escribimos, la historia que escribimos, nuestra historia.
domingo, 5 de junio de 2016
Otoño
Que lindo es el otoño. Hojas secas en todos los pisos, flores secas en todos los lillos. Dormir todo emponchado, buscar más sábanas en el rincón olvidado del placard, sentir el solsito calentador en la cara. Caminar con las manos en los bolsillos del abrigo y la bufanda hasta la pera. Tomar té, mate cocido, mate. Cualquier cosa hecha con harina y acompañada por mate sirve en las tardes otoñales. Volver a casa caminando pensando en que tenés mucho frío y en cuántas ganas tenés de llegar a tu casa. Abrir rápido la puerta, encender la estufa, ir sacándose de a poco las prendas, abrigo por abrigo, uno por uno. Dejar el gorrito y los guantes en la mesa, colgar la campera en la silla, hacerse unas tostadas y un mate cocido. Sentarse en la silla y empezar a pensar en lo cálido que es el otoño. Sonreir por dentro, agarrar el celular, abrir la aplicación de "notas" y empezar a escribir. Estar en otoño, apreciar el otoño, vivir el otoño. Ser feliz.
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