martes, 14 de junio de 2016

El cielo de hoy

El cielo de hoy, nublado y cierto, llenó de luz a esa ventana, clara y vertical como siempre, pero con el pasajero brillo del momento. Su llegada quitó de cuadro ese cristal y me atrapó estúpidamente con su perfumada y severa presencia. Eché raíces donde lo sentí prudente y solo la vi pasar. Al rato, volvió como en una suerte de arrepentimiento y se instaló a mi lado. Me miró y sonrió por debajo, y esa tormenta se sintió diluir como la caricia interna de un insignificante y tibio té que resultaría ser todo lo contrario.
Antes de bajar, me lanzó una mirada que escaló su hombro para llegar a mi. Su silencio dijo tanto como cantidad de cenizas nacieron en mi pantalón. 100 metros después, decidí bajar e ir tras ella, a ver hasta donde llego esta vez.

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