No había sucedido un solo beso
y mientras hablábamos
(vos llevabas la posta de la charla)
te interrumpí
para decirte que me encantabas.
Vos te reíste y me retrucaste
que "¿cómo puede ser?"
"No me conocés" me dijiste.
Para mi fue tan claro.
"¿Qué tiene que ver?
Eso no importa" te dije.
"Si te digo que me encantás,
es porque es así,
porque ya te inventé toda.
Vos me regalaste tu imagen,
y yo hice el resto.
De tus ojos
hice tu sospecha,
tu inconfundible sensación
de guardar algo más
detrás de ellos.
De tu boca
hice tus besos.
Los probé esa noche
para ver si me habían salido bien,
dudé,
y no volví a besarlos,
por si las dudas.
De tu pelo
hice un broche de abuela joven,
te lo colocaste en función de atártelo,
y así pareció mas corto,
tanto
que tuve que cortártelo
para que fuera cierto
y así combinara con tu ropa antigua.
De esas prendas
salieron tus ideas,
tu forma de ver el mundo,
la vida,
tu locura,
música,
películas
y libros.
Toda te hice en un segundo,
y vos callada,
me dijiste que no te conocía.
Yo te dije que eso no importaba
porque con lo demás
ya estaba hecho,
ya quería sentir el momento
de sumergirme
en semejante mujer construida.
Me tiré para ver si funcionabas bien,
dudé,
y no volví a hacerlo,
por si las dudas.
Pero me faltaba algo más,
algo que yo pudiera ver
pero no entender,
algo que pudiera ser
pero no crear.
Ya sabías caminar desde antes de todo,
y así nos llevaste hasta una parada de colectivo,
te pusiste los auris,
te pregunté que escuchabas,
me dijiste
"Sumo,
es una fiesta".
Ahí me di cuenta
que no te conocía,
que vos sabías algo que yo no,
que no me encantabas,
que yo me encantaba solo,
y supe que todo lo que había creado
me mantendría prisionero para siempre,
manteniendome vivo
a base del deseo
de besos
que jamás volvería a probar.
martes, 29 de agosto de 2017
El cuento de la buena pipa
No es
no tenerte
lo que me mata,
no es
no llegarte
el problema,
no es
la añoranza
de lo que no es,
no es
eso.
Es este loop
de todas las veces
lo que me cansa,
esta revancha
siempre pendiente
que se posterga sola
cada vez que te vas.
Es esta manía
que tienen las cosas
de no salir,
y vos tan calma,
indiferente
frente a la idea
de no llegar
a encontrarnos nunca,
a mi
me aterra.
Es por eso
que te hablo desde el adiós,
desde la despedida,
para que nunca te olvides
de que por acá
anda dando vueltas
una parte tuya,
parecida
a un cuerpo de mujer
vestido con ropa de otras décadas,
parecida
a una boca de mujer
fumando un cigarrillo armado,
y un lunar.
Es este cuento de la buena pipa
lo que me apaga la mecha,
me vuelvo un niño caprichoso
cruzándome entre tus pasos
solo para que veas
que sé caminar,
y te hago mal,
y me hace mal,
y todo mal.
Es esta manía
que tienen las cosas
de fallar,
es este cuento de la buena pipa,
es esta carga
que llevo en mis hombros,
esta promesa incansable
que no quiere dejarme libre
de intentar sucederte algo,
de querer que veas algo.
Tengo que entender
que mirás desde otro lado,
y que este deseo
es como un puño a la pared.
Por eso te hablo desde el adiós,
por eso te hablo desde la despedida,
por eso
cada cosa que te escribo
parece
como que se despide doliendo,
pero duele lindo,
como un hasta siempre.
Porque aunque empiece a caminar
hacia esos destellos de luz,
yo ya sé
que al final,
yo ya sé
que ahí,
en el lugar más último de las circunstancias,
donde las cosas parecen que sí,
yo ya sé
que no.
no tenerte
lo que me mata,
no es
no llegarte
el problema,
no es
la añoranza
de lo que no es,
no es
eso.
Es este loop
de todas las veces
lo que me cansa,
esta revancha
siempre pendiente
que se posterga sola
cada vez que te vas.
Es esta manía
que tienen las cosas
de no salir,
y vos tan calma,
indiferente
frente a la idea
de no llegar
a encontrarnos nunca,
a mi
me aterra.
Es por eso
que te hablo desde el adiós,
desde la despedida,
para que nunca te olvides
de que por acá
anda dando vueltas
una parte tuya,
parecida
a un cuerpo de mujer
vestido con ropa de otras décadas,
parecida
a una boca de mujer
fumando un cigarrillo armado,
y un lunar.
Es este cuento de la buena pipa
lo que me apaga la mecha,
me vuelvo un niño caprichoso
cruzándome entre tus pasos
solo para que veas
que sé caminar,
y te hago mal,
y me hace mal,
y todo mal.
Es esta manía
que tienen las cosas
de fallar,
es este cuento de la buena pipa,
es esta carga
que llevo en mis hombros,
esta promesa incansable
que no quiere dejarme libre
de intentar sucederte algo,
de querer que veas algo.
Tengo que entender
que mirás desde otro lado,
y que este deseo
es como un puño a la pared.
Por eso te hablo desde el adiós,
por eso te hablo desde la despedida,
por eso
cada cosa que te escribo
parece
como que se despide doliendo,
pero duele lindo,
como un hasta siempre.
Porque aunque empiece a caminar
hacia esos destellos de luz,
yo ya sé
que al final,
yo ya sé
que ahí,
en el lugar más último de las circunstancias,
donde las cosas parecen que sí,
yo ya sé
que no.
Del daño
No te diste cuenta
del daño que hiciste
hasta que empezaste a dudar
de tus acciones.
Ni te enteraste,
hasta que cuestionaste
la existencia
del autocontrol.
Me quisiste enseñar
a través de la palabra
pero te olvidaste
que los maestros no hablan,
que los maestros hacen
con el ejemplo
para quien quiera verlo
y aprender.
No te diste cuenta
que aunque querías enseñarme algo,
lo único que me enseñaste
fue a ponerme la capucha,
a caminar mirando el piso,
y castigarme
por no estar a tu altura;
a guardarme.
Porque como verás,
yo no estoy terminado,
ni sé cómo ser,
simplemente
la voy piloteando
así:
siendo.
No te diste cuenta
del daño que hiciste,
hasta que entendiste
que para aprender a ser
no sirven las palabras,
sirven las acciones;
que para aprender a ser
no sirve el consejo,
sirve el ejemplo;
que para aprender a ser
no sirve fingir,
sirve ser lo que nace,
y confiar
en que los demás
ya aprendieron
y juzgarán por ser inevitable,
pero no le harán caso
a la voz incallable de la subjetividad,
porque quieran o no,
también están en la misma,
aprendiendo a ser
ya siendo.
Te preocupaste
por mi existencia
en el mundo
y dejaste de lado la tuya,
ya bastante deberías tener con eso
como para venir
a querer
hacer
mi tarea:
no te diste cuenta
del daño.
Que de mis cuentas
me encargo yo,
porque sino
no aprendo mas:
no te diste cuenta
del daño.
Que vivir en certezas
es como ahogarse
con tu propia baba
en un mar de caramelos.
No te diste cuenta
del daño
que hiciste
por querer hacerte cargo
del aprendizaje
de una vida ajena.
del daño que hiciste
hasta que empezaste a dudar
de tus acciones.
Ni te enteraste,
hasta que cuestionaste
la existencia
del autocontrol.
Me quisiste enseñar
a través de la palabra
pero te olvidaste
que los maestros no hablan,
que los maestros hacen
con el ejemplo
para quien quiera verlo
y aprender.
No te diste cuenta
que aunque querías enseñarme algo,
lo único que me enseñaste
fue a ponerme la capucha,
a caminar mirando el piso,
y castigarme
por no estar a tu altura;
a guardarme.
Porque como verás,
yo no estoy terminado,
ni sé cómo ser,
simplemente
la voy piloteando
así:
siendo.
No te diste cuenta
del daño que hiciste,
hasta que entendiste
que para aprender a ser
no sirven las palabras,
sirven las acciones;
que para aprender a ser
no sirve el consejo,
sirve el ejemplo;
que para aprender a ser
no sirve fingir,
sirve ser lo que nace,
y confiar
en que los demás
ya aprendieron
y juzgarán por ser inevitable,
pero no le harán caso
a la voz incallable de la subjetividad,
porque quieran o no,
también están en la misma,
aprendiendo a ser
ya siendo.
Te preocupaste
por mi existencia
en el mundo
y dejaste de lado la tuya,
ya bastante deberías tener con eso
como para venir
a querer
hacer
mi tarea:
no te diste cuenta
del daño.
Que de mis cuentas
me encargo yo,
porque sino
no aprendo mas:
no te diste cuenta
del daño.
Que vivir en certezas
es como ahogarse
con tu propia baba
en un mar de caramelos.
No te diste cuenta
del daño
que hiciste
por querer hacerte cargo
del aprendizaje
de una vida ajena.
Diálogos
Te sentaste en frente mío,
y con los labios palpitando
un rojo francesa dorada,
ojos verdes elfa,
sonriente,
y con la mirada presa
de un estado alterado del sistema,
capturada en una facción oriental que,
por momentos,
se distingue
de entre toda tu maraña de belleza,
pedazo de fotografía
lo análogo de tu rostro,
te sentaste en frente mío
y me dijiste algo,
y yo,
que convivo
con el constante anhelo de tus palabras,
no te dí mucha bola.
Quizás por miedo
a que las mías
no fueran las justas,
a que mis gestos
no fueran los exactos,
a que la causa de tu atención
se aburriera de mí.
Es que sos una avalancha de inexistencia,
te alimenté
de creencias y virtudes sin fundamento,
y ahora sos una luz con mente propia,
como una diosa del olimpo
que le cabe el churro y la música piola,
que me mira, me sonríe, me habla,
y yo,
que solo pienso en comerle la boca,
no le presté atención
a lo que salía de ella.
Ahora que ese momento
ya es película,
no recuerdo
ni tu diálogo ni el mío.
Pensé en hablarte
y preguntarte qué fue,
pero no sé como te lo vas a tomar,
no sé qué onda vos,
no sé qué onda,
no sé.
Pensé en decirte
que entre el ruido
y la vorágine propia
de las cosas sucediendo,
no entendí bien lo que decías,
ni registro tuve de mi contesto,
como tampoco voluntad,
razón del diálogo de hoy.
Pensé en hablarte
y preguntarte
¿qué dijiste?
¿para qué?
¿con qué fin?
¿cuál era tu final ideal de esto
entre todas las posibilidades?
¿con qué dulce rellenaste esas frases?
¿a qué sabían esas palabras
que enviaste y no llegaron?
Pensé en hablarte
y decirte de ir,
que vengas,
que nos vayamos,
pensé en decirte todo.
Quiero llamarte y pedirte perdón,
pero ¿perdón por qué?,
¿por qué a vos?,
si no tuviste nada que ver,
si dentro de tu mugre
jugaste limpio,
si me pasaste a buscar
y yo no estaba
por haber estado buscando
algo para regalarte
cuando llegaras a buscarme.
No sé qué me habrás dicho
pero si algo entendí
es que algo querías,
es que algo buscabas,
y que si el perdón me lo debe alguien,
ese alguien
soy yo.
miércoles, 14 de junio de 2017
Contexto
Acá abajo hay un mundo que pocos ven,
un mundo que late,
un mundo máquina
que maquinea,
alimentado del deseo
de una incesante búsqueda
hacia ningún lado.
Acá abajo hay un mundo que pocos conocen.
Qué tan pocos somos nosotros,
qué tan pocos nos sentimos,
qué tan pocos queremos ser.
Seamos pocos,
y hagámonos cargo.
Somos nosotros
los motores de este poderío
que está latiendo,
haciendo retumbar los tambores,
colocando bien las voces,
afinando bien las guitarras,
nadie
se queda
afuera,
si el piano está desafinado
nos afinamos todos a él,
y tocamos todos,
que nadie
se quede
afuera,
por más imposible que sea.
Si nadie tiene las fórmulas,
ni las maneras,
ni los por qué,
ni los cómo,
en qué otro lugar
puedo poner mi sudor
y mis lágrimas
que no sea
en el constante proceso
de transformar mi entorno,
en exigirme,
en exigirles,
en generar que este mar en el que nado
sea el mar en el que quiero nadar,
sea el mar en el que siempre he nadado,
sea simplemente
el mar,
todo
el mar.
Qué más me queda que dejarme flotar,
sin esperar más las costas,
sin esperar más los barcos,
qué más me queda
que aprender a nadar sin que me enseñen,
ver qué hay más abajo,
bajar más,
con mucho miedo a no salir,
pero sin miedo a seguir bajando.
Qué más me queda
que entregarme a mi lugar en el mundo
y confiar,
confiar
y confiar.
un mundo que late,
un mundo máquina
que maquinea,
alimentado del deseo
de una incesante búsqueda
hacia ningún lado.
Acá abajo hay un mundo que pocos conocen.
Qué tan pocos somos nosotros,
qué tan pocos nos sentimos,
qué tan pocos queremos ser.
Seamos pocos,
y hagámonos cargo.
Somos nosotros
los motores de este poderío
que está latiendo,
haciendo retumbar los tambores,
colocando bien las voces,
afinando bien las guitarras,
nadie
se queda
afuera,
si el piano está desafinado
nos afinamos todos a él,
y tocamos todos,
que nadie
se quede
afuera,
por más imposible que sea.
Si nadie tiene las fórmulas,
ni las maneras,
ni los por qué,
ni los cómo,
en qué otro lugar
puedo poner mi sudor
y mis lágrimas
que no sea
en el constante proceso
de transformar mi entorno,
en exigirme,
en exigirles,
en generar que este mar en el que nado
sea el mar en el que quiero nadar,
sea el mar en el que siempre he nadado,
sea simplemente
el mar,
todo
el mar.
Qué más me queda que dejarme flotar,
sin esperar más las costas,
sin esperar más los barcos,
qué más me queda
que aprender a nadar sin que me enseñen,
ver qué hay más abajo,
bajar más,
con mucho miedo a no salir,
pero sin miedo a seguir bajando.
Qué más me queda
que entregarme a mi lugar en el mundo
y confiar,
confiar
y confiar.
Aseguridad
24/7
me interné a hacerlo.
Pasé foto
tras foto,
tras texto,
tras foto.
Viajando años
y años
hacia atrás,
buscando.
Mirando
tu cara fotografiada,
con tus ojos sin vida,
congelados en el tiempo,
mirándome.
Buscando
en esos ojos
algo
que me diga
algo
que me haga
(sentir)
algo.
Tuve que asegurarme.
Busqué en cada foto
para quedarme tranquilo
de que no eras vos.
Tuve que asegurarme
de que cuando te dejé ir,
no la dejé irse a ella.
Tuve que asegurarme
de que ella
no eras vos,
de que vos
no eras ella.
Porque si eras vos...
Porque si eras ella...
¿Y si eras vos?
¿Y si eras ella?
Tuve que asegurarme
de que si eras vos
iba a darme cuenta,
de que iba a pasar foto,
tras foto,
tras texto,
tras foto,
y se iba a apagar la luz,
se iba a caer el mundo,
se iba a inundar mi cuarto,
e iba a darme cuenta
de que dejé ir
a mi mejor amiga,
a mi compañera de vida,
y tenía que asegurarme
de que no,
de que esto sigue,
de que no sos
la luz
al final
del túnel.
Tuve que mejorar mi mentira,
para asegurarme
de mentirme
bien
a mí mismo,
asegurarme
de ignorar
que eras ella.
Asegurarme
de mentirme
y convencerme
de que no soy víctima
de la tortura
indisimulable
de extrañarte,
pero te extraño,
y aunque te extraño,
tuve que hacerme creer
que no,
que la cosa
no funcionaba,
que la cosa
no iba.
Tuve que asegurarme
de no abrir los ojos,
de no mirar,
para no ver
la magia
que todos
vemos
en vos,
para no
caer
en la cuenta
de tu perfección absoluta,
de tu encastre para con mi forma,
de lo bien
que encajaban
nuestras bocas,
nuestros pensamientos,
nuestras palabras,
nuestro habla,
nuestra fibra óptica.
Tuve que asegurarme,
y asegurarte
para no
lastimarte,
y amarte
a la distancia.
Tuve que asegurarme
de que puedo amar tu recuerdo,
vivir con tu ausencia
y soñar
con todo
lo que pudo
haber
sido
pero
no
fue.
me interné a hacerlo.
Pasé foto
tras foto,
tras texto,
tras foto.
Viajando años
y años
hacia atrás,
buscando.
Mirando
tu cara fotografiada,
con tus ojos sin vida,
congelados en el tiempo,
mirándome.
Buscando
en esos ojos
algo
que me diga
algo
que me haga
(sentir)
algo.
Tuve que asegurarme.
Busqué en cada foto
para quedarme tranquilo
de que no eras vos.
Tuve que asegurarme
de que cuando te dejé ir,
no la dejé irse a ella.
Tuve que asegurarme
de que ella
no eras vos,
de que vos
no eras ella.
Porque si eras vos...
Porque si eras ella...
¿Y si eras vos?
¿Y si eras ella?
Tuve que asegurarme
de que si eras vos
iba a darme cuenta,
de que iba a pasar foto,
tras foto,
tras texto,
tras foto,
y se iba a apagar la luz,
se iba a caer el mundo,
se iba a inundar mi cuarto,
e iba a darme cuenta
de que dejé ir
a mi mejor amiga,
a mi compañera de vida,
y tenía que asegurarme
de que no,
de que esto sigue,
de que no sos
la luz
al final
del túnel.
Tuve que mejorar mi mentira,
para asegurarme
de mentirme
bien
a mí mismo,
asegurarme
de ignorar
que eras ella.
Asegurarme
de mentirme
y convencerme
de que no soy víctima
de la tortura
indisimulable
de extrañarte,
pero te extraño,
y aunque te extraño,
tuve que hacerme creer
que no,
que la cosa
no funcionaba,
que la cosa
no iba.
Tuve que asegurarme
de no abrir los ojos,
de no mirar,
para no ver
la magia
que todos
vemos
en vos,
para no
caer
en la cuenta
de tu perfección absoluta,
de tu encastre para con mi forma,
de lo bien
que encajaban
nuestras bocas,
nuestros pensamientos,
nuestras palabras,
nuestro habla,
nuestra fibra óptica.
Tuve que asegurarme,
y asegurarte
para no
lastimarte,
y amarte
a la distancia.
Tuve que asegurarme
de que puedo amar tu recuerdo,
vivir con tu ausencia
y soñar
con todo
lo que pudo
haber
sido
pero
no
fue.
miércoles, 19 de abril de 2017
Ahora que dejamos de vernos
Ahora que dejamos de vernos,
tengo que volver a mis espacios.
Tengo que devolverte los tuyos
para que vuelvan a ser tuyos.
Tengo que respetar tus guaridas
y dejar de frecuentarlas.
Volver a las mías
para olvidarme
de que alguna vez
estuviste en ellas.
Tengo que volver
a aprender
a ser,
a actuar
sin tener en cuenta
tu mirada,
tu presencia,
tu reacción
ante el movimiento
de mi cuerpo.
Tengo que empezar de nuevo,
y volver a moverme
como si no estuvieras ahí,
porque ya
no estás
ahí.
Tengo que cambiar las baldosas de mi cocina
porque las baldosas
se hicieron tuyas
desde la primera vez
que te tiraste en el piso
solamente
a ver el techo,
a ver el techo
y nada más.
Tengo que vivir en la vigilia
porque mi sueño
se hizo tuyo
desde la primera vez
que dormimos juntos.
Tengo que mudarme de mi casa
porque mi casa
se hizo tuya
desde que la pisaste
por primera vez.
Tengo que cambiar de cama
porque mi cama
se hizo tuya
desde la primera vez
que me viste caer dormido en ella,
mi almohada
tiene que irse con vos
porque se hizo tuya
desde la primera vez
que se dibujó con tu pelo,
desde la primera vez
que sintió tu baba.
Tengo que abandonar la música
porque mi música
se hizo tuya
desde la primera vez
que te toqué una canción,
desde la primera vez
que te escribí un poema.
Tengo que dejar la poesía
porque ya no encuentro
otra manera
de escribir
que no sea
escribiéndote,
y ese
es un problema,
porque la poesía
no puede ser tuya,
porque no es de nadie,
porque nadie la conoce,
pero aún así
mi poesía
se hizo tuya
desde la primera vez
que nos besamos,
desde la primera vez
que me llamaron la atención
tus cachetes,
desde que le preguntaste el nombre a la camarera.
Tengo que salirme de mi cuerpo
porque mi cuerpo
se hizo tuyo
desde que entendiste
lo que las anteriores
no entendieron.
Tengo que cambiar de palabras
porque mis palabras
se hicieron tuyas
desde que te dije
todo
lo que nunca
le había dicho
a nadie.
Tengo que cambiar de familia
porque mi familia
se hizo tuya
desde la primera vez
que los hiciste reír,
desde la primera vez
que se dieron cuenta
que eras igual a mí,
que estabas
en la misma
que yo.
Tengo que dejar mi vida
porque mi vida
se hizo tuya
desde que
ya no estás
acá.
tengo que volver a mis espacios.
Tengo que devolverte los tuyos
para que vuelvan a ser tuyos.
Tengo que respetar tus guaridas
y dejar de frecuentarlas.
Volver a las mías
para olvidarme
de que alguna vez
estuviste en ellas.
Tengo que volver
a aprender
a ser,
a actuar
sin tener en cuenta
tu mirada,
tu presencia,
tu reacción
ante el movimiento
de mi cuerpo.
Tengo que empezar de nuevo,
y volver a moverme
como si no estuvieras ahí,
porque ya
no estás
ahí.
Tengo que cambiar las baldosas de mi cocina
porque las baldosas
se hicieron tuyas
desde la primera vez
que te tiraste en el piso
solamente
a ver el techo,
a ver el techo
y nada más.
Tengo que vivir en la vigilia
porque mi sueño
se hizo tuyo
desde la primera vez
que dormimos juntos.
Tengo que mudarme de mi casa
porque mi casa
se hizo tuya
desde que la pisaste
por primera vez.
Tengo que cambiar de cama
porque mi cama
se hizo tuya
desde la primera vez
que me viste caer dormido en ella,
mi almohada
tiene que irse con vos
porque se hizo tuya
desde la primera vez
que se dibujó con tu pelo,
desde la primera vez
que sintió tu baba.
Tengo que abandonar la música
porque mi música
se hizo tuya
desde la primera vez
que te toqué una canción,
desde la primera vez
que te escribí un poema.
Tengo que dejar la poesía
porque ya no encuentro
otra manera
de escribir
que no sea
escribiéndote,
y ese
es un problema,
porque la poesía
no puede ser tuya,
porque no es de nadie,
porque nadie la conoce,
pero aún así
mi poesía
se hizo tuya
desde la primera vez
que nos besamos,
desde la primera vez
que me llamaron la atención
tus cachetes,
desde que le preguntaste el nombre a la camarera.
Tengo que salirme de mi cuerpo
porque mi cuerpo
se hizo tuyo
desde que entendiste
lo que las anteriores
no entendieron.
Tengo que cambiar de palabras
porque mis palabras
se hicieron tuyas
desde que te dije
todo
lo que nunca
le había dicho
a nadie.
Tengo que cambiar de familia
porque mi familia
se hizo tuya
desde la primera vez
que los hiciste reír,
desde la primera vez
que se dieron cuenta
que eras igual a mí,
que estabas
en la misma
que yo.
Tengo que dejar mi vida
porque mi vida
se hizo tuya
desde que
ya no estás
acá.
El negro consuelo
Si yo por si acaso me río
del negro cuando pifia,
no es por alguna malicia
o envidia dentro mío.
Lo que pasa es que me río
porque el negro quizás es mi hermano.
Quisiera darle la mano
porque él también se equivoca.
Me relaja que pifie cuando toca,
el negro también es humano.
del negro cuando pifia,
no es por alguna malicia
o envidia dentro mío.
Lo que pasa es que me río
porque el negro quizás es mi hermano.
Quisiera darle la mano
porque él también se equivoca.
Me relaja que pifie cuando toca,
el negro también es humano.
Ajedrez
Que pérdida de tiempo
besarse,
pudiendo charlar.
Que pérdida de tiempo
besarse,
pudiendo estar comiendo
juntos
y besarnos mientras masticamos
porque no se habla con la boca llena.
Que pérdida de tiempo
los labios
cuando hay ajedrez.
Me gusta pensar
(ya lo sabés)
que no tenemos que decirnos todo,
porque nos juega en contra
y nos pone en jaque,
porque lo único
que se puede hacer
con el veneno
es tomarlo.
Será el camimo a la desgracia
si nos damos las cartas equivocadas,
si te entrego mis fichas pasadas
de alcohol,
vomitivas,
un rey adicto
a la tristeza
en rehabilitación,
caballos dopados
y torres castigadas.
Desde su punto más alto
se pueden ver los restos
de todos mis castillos,
incinerados por mi propia mano,
guiada por mi propio delirio,
mi propio rey,
mis propios caballos.
Los peones
son como el tiempo,
no pueden retroceder
pero pueden estancarse
de igual a igual,
frente a frente,
tus peones y los míos,
que los pusimos ahí,
y aunque queramos
no podemos cambiar
las cosas que hicimos.
Solo tenemos que dejarlos ahí,
estancados,
ignorados,
marginados,
y esperar que el otro
llegue heroique
con su espada
(rota),
su caballo
(roto),
y decapite este peón
que solo quiere violencia,
va para adelante
cegado,
a la bandera blanca
negado,
con paso firme,
con el horizonte entre las cejas,
enfermo por el deseo
de convertirse en reina
para infiltrarse en mi castillo,
enamorar a mi rey
y desatar
una vez más
todo su poder
contra el otro reino,
sin darse cuenta
que ambos reyes son iguales
y que si estuvieran solos en el mundo
no podrían hacerse daño
ni aunque quisieran hacerlo.
Jaque mate amargo,
lavado,
mal cebado,
y sin sentido.
besarse,
pudiendo charlar.
Que pérdida de tiempo
besarse,
pudiendo estar comiendo
juntos
y besarnos mientras masticamos
porque no se habla con la boca llena.
Que pérdida de tiempo
los labios
cuando hay ajedrez.
Me gusta pensar
(ya lo sabés)
que no tenemos que decirnos todo,
porque nos juega en contra
y nos pone en jaque,
porque lo único
que se puede hacer
con el veneno
es tomarlo.
Será el camimo a la desgracia
si nos damos las cartas equivocadas,
si te entrego mis fichas pasadas
de alcohol,
vomitivas,
un rey adicto
a la tristeza
en rehabilitación,
caballos dopados
y torres castigadas.
Desde su punto más alto
se pueden ver los restos
de todos mis castillos,
incinerados por mi propia mano,
guiada por mi propio delirio,
mi propio rey,
mis propios caballos.
Los peones
son como el tiempo,
no pueden retroceder
pero pueden estancarse
de igual a igual,
frente a frente,
tus peones y los míos,
que los pusimos ahí,
y aunque queramos
no podemos cambiar
las cosas que hicimos.
Solo tenemos que dejarlos ahí,
estancados,
ignorados,
marginados,
y esperar que el otro
llegue heroique
con su espada
(rota),
su caballo
(roto),
y decapite este peón
que solo quiere violencia,
va para adelante
cegado,
a la bandera blanca
negado,
con paso firme,
con el horizonte entre las cejas,
enfermo por el deseo
de convertirse en reina
para infiltrarse en mi castillo,
enamorar a mi rey
y desatar
una vez más
todo su poder
contra el otro reino,
sin darse cuenta
que ambos reyes son iguales
y que si estuvieran solos en el mundo
no podrían hacerse daño
ni aunque quisieran hacerlo.
Jaque mate amargo,
lavado,
mal cebado,
y sin sentido.
Bostezo
Yo, sentado.
Él, sentado.
Yo, lo miro.
Él, me mira.
Yo, a sus ojos
Él, a mis ojos
Y, de repente,
él, bosteza.
Y una nube cósmica nace desde mi estómago.
Mis baldozas de piel
tiemblan
cuales placas tectónicas,
igual que mis piernas
totalmente rendidas
ante su poder dominante
del temblor de mis extremidades
y de mis nervios ascendentes
imposibles de condimentar,
cortar,
rebajar.
Es inevitable pensar
lo inevitable que es
el efecto de lo inevitable
y aun así
trato de frenarlo,
pero caigo por un tobogán naranja
hacia la arenilla rasposa de rodillas.
¿A quién querés engañar?
Sabés que viene a por vos,
sabés que es imprable
y que en las fronteras de tu mente
no piden documento,
sus aduaneros son ebrios asquerosos,
o ebrios felices
que solo quieren volver a casa,
a la misma casa que ayer,
y saben
que intentar frenar
un sentimiento de tal porte
sería un esfuerzo tan en vano
como buscar certezas.
Entendiendo esto,
y sonriendo al asumirlo,
dejo que la bestia se apodere de mi.
Sube por mi espalda,
escala por mi nuca,
efervece por mi garganta
y se infla
como un globo de aire caliente,
globo soñador,
globo adormecedor,
globo almohada.
Me suelto,
me relajo,
y tranquilo,
bostezo yo también.
Él, sentado.
Yo, lo miro.
Él, me mira.
Yo, a sus ojos
Él, a mis ojos
Y, de repente,
él, bosteza.
Y una nube cósmica nace desde mi estómago.
Mis baldozas de piel
tiemblan
cuales placas tectónicas,
igual que mis piernas
totalmente rendidas
ante su poder dominante
del temblor de mis extremidades
y de mis nervios ascendentes
imposibles de condimentar,
cortar,
rebajar.
Es inevitable pensar
lo inevitable que es
el efecto de lo inevitable
y aun así
trato de frenarlo,
pero caigo por un tobogán naranja
hacia la arenilla rasposa de rodillas.
¿A quién querés engañar?
Sabés que viene a por vos,
sabés que es imprable
y que en las fronteras de tu mente
no piden documento,
sus aduaneros son ebrios asquerosos,
o ebrios felices
que solo quieren volver a casa,
a la misma casa que ayer,
y saben
que intentar frenar
un sentimiento de tal porte
sería un esfuerzo tan en vano
como buscar certezas.
Entendiendo esto,
y sonriendo al asumirlo,
dejo que la bestia se apodere de mi.
Sube por mi espalda,
escala por mi nuca,
efervece por mi garganta
y se infla
como un globo de aire caliente,
globo soñador,
globo adormecedor,
globo almohada.
Me suelto,
me relajo,
y tranquilo,
bostezo yo también.
El arribo del otoño
Que lejos estabas cuando llegó el otoño.
Tu piel se volvió una campera
que a mí no me quedaría tan bien,
pero que buena campera la tuya.
Que invierno que estabas cuando llegaste.
Tanto deseamos su arribo para vestir estas ropas
que, ahora que podemos arroparnos vestidos,
decidimos dormir separados.
Que lejos estamos ahora que llegó el otoño.
Los besos de la muerte parecían ser calientes,
pero no.
Ahora que llegó el otoño
entiendo que son fríos,
ahora que llegó el otoño
los quiero menos que antes,
ya no guardan esa minúscula de placer.
Ahora me hacen tiritar los dientes,
como los cubitos de hielo.
Ah, pero cuando hay sed
si o si los cubitos,
si o si hasta los dientes,
y que la sensibilidad se la banque
porque llega el otoño
y ahora sí,
agarrate Catalina,
estamos hasta las manos.
Vuelven las tazas calientes,
las noches en casa,
las medias.
Vuelven los pantalones largos,
vuelve el buzo en la mochila,
el color sepia,
las hojas que se caen
hasta dejar solo la tapa y la contratapa.
Vuelven las cuadras frías de casa hasta la parada,
el viaje en bondi
solo y abrigado,
pegado a una ventanilla empañada de calor al revés.
Que lejos estabas cuando llegó el otoño
y que cerca te ponías mientras transcurría el verano.
Ahora entiendo que tu cercanía era atérmica
y que tu amor no entiende de comodidades.
Tu piel se volvió una campera
que a mí no me quedaría tan bien,
pero que buena campera la tuya.
Que invierno que estabas cuando llegaste.
Tanto deseamos su arribo para vestir estas ropas
que, ahora que podemos arroparnos vestidos,
decidimos dormir separados.
Que lejos estamos ahora que llegó el otoño.
Los besos de la muerte parecían ser calientes,
pero no.
Ahora que llegó el otoño
entiendo que son fríos,
ahora que llegó el otoño
los quiero menos que antes,
ya no guardan esa minúscula de placer.
Ahora me hacen tiritar los dientes,
como los cubitos de hielo.
Ah, pero cuando hay sed
si o si los cubitos,
si o si hasta los dientes,
y que la sensibilidad se la banque
porque llega el otoño
y ahora sí,
agarrate Catalina,
estamos hasta las manos.
Vuelven las tazas calientes,
las noches en casa,
las medias.
Vuelven los pantalones largos,
vuelve el buzo en la mochila,
el color sepia,
las hojas que se caen
hasta dejar solo la tapa y la contratapa.
Vuelven las cuadras frías de casa hasta la parada,
el viaje en bondi
solo y abrigado,
pegado a una ventanilla empañada de calor al revés.
Que lejos estabas cuando llegó el otoño
y que cerca te ponías mientras transcurría el verano.
Ahora entiendo que tu cercanía era atérmica
y que tu amor no entiende de comodidades.
Filosofía
Que la filosofía se la banque,
que entienda que conocerte
fue como encontrar una respuesta.
que entienda que conocerte
fue como encontrar una respuesta.
lunes, 27 de febrero de 2017
Condones
Nunca me enseñaron
a atarme los condones,
por eso
siempre que camino
(cojo)
acabo en el piso.
a atarme los condones,
por eso
siempre que camino
(cojo)
acabo en el piso.
lunes, 6 de febrero de 2017
Tormenta eléctrica
Es de noche
en la ruta
y está lloviendo.
Pero hoy
los que llueven
son los rayos.
Cada tanto
caen un par de gotas,
diluvia electricidad,
la ley de Ohm se vuelve mantra
y los rayos
dibujan mi nombre,
los rayos
rayan mi nombre
y lloran en mi hombro,
Me están tentando,
me quieren llevar,
y la verdad
es que el contrato eléctrico
me cierra bastante.
Sin más verlos
ya me están mostrando
lo fácil que sería,
lo fácil que puede ser,
lo fácil que es
darle fin a toda ópera,
sellar cada gotera,
conciliar el sueño
con tan solo parar el micro,
salir a la ruta,
a la lluvia de esta noche,
porque esta noche
los que llueven son los rayos,
que no caen,
simplemente aparecen,
como el amor,
como el calor,
el sabor,
y todo
sucediendo
mientras yo
ya abandoné el micro,
y estoy solo
pero acompañado,
internándome
poco a poco
en el campo al costado de la ruta,
hipnotizado por este poder celestial
que, como hoja al final del cuaderno,
parece tener todas las respuestas
al servicio
de una noche
que dejará atrás la tormenta
pero cuando lo haga
yo ya habré muerto
y será otro
el que lea estas palabras.
en la ruta
y está lloviendo.
Pero hoy
los que llueven
son los rayos.
Cada tanto
caen un par de gotas,
diluvia electricidad,
la ley de Ohm se vuelve mantra
y los rayos
dibujan mi nombre,
los rayos
rayan mi nombre
y lloran en mi hombro,
Me están tentando,
me quieren llevar,
y la verdad
es que el contrato eléctrico
me cierra bastante.
Sin más verlos
ya me están mostrando
lo fácil que sería,
lo fácil que puede ser,
lo fácil que es
darle fin a toda ópera,
sellar cada gotera,
conciliar el sueño
con tan solo parar el micro,
salir a la ruta,
a la lluvia de esta noche,
porque esta noche
los que llueven son los rayos,
que no caen,
simplemente aparecen,
como el amor,
como el calor,
el sabor,
y todo
sucediendo
mientras yo
ya abandoné el micro,
y estoy solo
pero acompañado,
internándome
poco a poco
en el campo al costado de la ruta,
hipnotizado por este poder celestial
que, como hoja al final del cuaderno,
parece tener todas las respuestas
al servicio
de una noche
que dejará atrás la tormenta
pero cuando lo haga
yo ya habré muerto
y será otro
el que lea estas palabras.
Llegar tarde
Todos los días llego tarde a la facultad,
y la verdad
me chupa un huevo.
Me levanto tarde de mi cama,
tarde me ducho
y en la ducha tardía me lavo los dientes
tarde.
Tan tarde desayuno que antes de desayunar ya es tarde
y cuando salgo de casa,
tarde como siempre,
llego a la parada y se me van no uno,
ni dos,
sino tres bondis en la cara,
¿y saben por qué?
por llegar tarde a la parada.
Y ya no espero un bondi,
ahora espero EL bondi,
aquel bondi que salió tarde de la estación
porque el bondista llegó tarde a poner la llave,
tarde a poner en marcha,
tarde a salir,
tarde a recoger a quien tarde llega a parar el tardibondi,
o sea yo.
Me subo y saco el boleto más tarde de lo que podría haber sido
y llego tarde a la parada donde me bajo,
en la cual cruzo tarde
y por eso un tipo desde el auto me putea:
"¡dale pibe! ¡¿no vés que llego tarde al laburo?!"
y tarde me encuentro con una flaca que me encanta,
que me encanta mal,
pero nunca me animé a decirle nada
y ahora ya es tarde sin siquiera serlo,
y me acompaña a llegar tarde a clases
y hablamos de lo tarde que es.
Ahora llego al aula,
tarde como siempre,
tarde como todos los días
y mis compañeros están ahí,
puntuales,
inatrasables,
compañeros antitarde,
y me preguntan:
"¿Por qué tardaste tanto?
No tenés que llegar tarde
¿Qué es lo que te atrasa?
¿Qué es lo que te pasa?
Así vas a llegar tarde a todo,
a tu trabajo,
a tu vida,
a tu felicidad,
tarde
tarde
tarde."
Pero, ¿es que no lo ven?
¿Es que acaso sus ojos envían tarde la información a sus cerebros?
¿O tardan demasiado en ver las cosas?
¿Es que no ven que llego tarde
y el mundo sigue girando?
Llego tarde y el cielo sigue encendido,
el pasto crece y estoy acá,
estoy vivo señores,
estoy vivo y retardado,
porque llego tarde a todos lados
pero nunca
llego tarde
a mi propio tiempo.
y la verdad
me chupa un huevo.
Me levanto tarde de mi cama,
tarde me ducho
y en la ducha tardía me lavo los dientes
tarde.
Tan tarde desayuno que antes de desayunar ya es tarde
y cuando salgo de casa,
tarde como siempre,
llego a la parada y se me van no uno,
ni dos,
sino tres bondis en la cara,
¿y saben por qué?
por llegar tarde a la parada.
Y ya no espero un bondi,
ahora espero EL bondi,
aquel bondi que salió tarde de la estación
porque el bondista llegó tarde a poner la llave,
tarde a poner en marcha,
tarde a salir,
tarde a recoger a quien tarde llega a parar el tardibondi,
o sea yo.
Me subo y saco el boleto más tarde de lo que podría haber sido
y llego tarde a la parada donde me bajo,
en la cual cruzo tarde
y por eso un tipo desde el auto me putea:
"¡dale pibe! ¡¿no vés que llego tarde al laburo?!"
y tarde me encuentro con una flaca que me encanta,
que me encanta mal,
pero nunca me animé a decirle nada
y ahora ya es tarde sin siquiera serlo,
y me acompaña a llegar tarde a clases
y hablamos de lo tarde que es.
Ahora llego al aula,
tarde como siempre,
tarde como todos los días
y mis compañeros están ahí,
puntuales,
inatrasables,
compañeros antitarde,
y me preguntan:
"¿Por qué tardaste tanto?
No tenés que llegar tarde
¿Qué es lo que te atrasa?
¿Qué es lo que te pasa?
Así vas a llegar tarde a todo,
a tu trabajo,
a tu vida,
a tu felicidad,
tarde
tarde
tarde."
Pero, ¿es que no lo ven?
¿Es que acaso sus ojos envían tarde la información a sus cerebros?
¿O tardan demasiado en ver las cosas?
¿Es que no ven que llego tarde
y el mundo sigue girando?
Llego tarde y el cielo sigue encendido,
el pasto crece y estoy acá,
estoy vivo señores,
estoy vivo y retardado,
porque llego tarde a todos lados
pero nunca
llego tarde
a mi propio tiempo.
De ventanas, puertas y llaves
Cuando se cierra la puerta
la ventana no se abre
porque no hay tal ventana.
Son cuatro paredes,
una puerta
y un pibe sentado en el medio del cuarto
con un manojo de llaves en la mano.
El humo parece ser la única atmósfera que alguna vez existió,
y él parece ser la única persona que alguna vez nació.
El manojo de llaves no es solo un manojo:
es una herramienta,
una opción,
una pregunta,
una elección.
La puerta ya ni recuerda cómo era ser abierta,
ni se acuerda que sentía cuando le metían la llave
para transformarla en un pasaje hacia un más allá,
hacia un después.
Ni recuerda cómo era ser lubricada,
antioxidada,
doblevecuarentizada,
reforzada,
penetrada por una contraseña de metal
y patitas que no giran
pero hacen girar.
Ella sigue cerrada
y el muchacho sigue teniendo el manojo,
y en el manojo
la llave que abre
entre muchas de miles de llaves,
y se levanta entre el humo,
y se acerca a la puerta
buscando entre las posibles claves
la llave correcta,
la llave que sirva,
la llave que tenga forma de moral,
forma de respuesta,
forma de fórmula,
fórmula de forma,
la llave que lo lleve a la puerta,
a buen puerto,
a puerto de puerta,
a Puerto Patriada,
y no lo haga sufrir más,
la llave que abra ventanas,
la llave que está ahí y no encuentra,
la llave que deje de ser llave
y se vuelva candado,
colgante,
un collar que le recuerde
que esa puerta puede abrirse
porque ya ha sido abierta.
Pero se detiene,
se vuelve,
y abandona el manojo millonésico de llaves.
La puerta seguirá sin ser abierta
porque este pibe nunca pudo
y ya hace tiempo
que dejó de intentar.
la ventana no se abre
porque no hay tal ventana.
Son cuatro paredes,
una puerta
y un pibe sentado en el medio del cuarto
con un manojo de llaves en la mano.
El humo parece ser la única atmósfera que alguna vez existió,
y él parece ser la única persona que alguna vez nació.
El manojo de llaves no es solo un manojo:
es una herramienta,
una opción,
una pregunta,
una elección.
La puerta ya ni recuerda cómo era ser abierta,
ni se acuerda que sentía cuando le metían la llave
para transformarla en un pasaje hacia un más allá,
hacia un después.
Ni recuerda cómo era ser lubricada,
antioxidada,
doblevecuarentizada,
reforzada,
penetrada por una contraseña de metal
y patitas que no giran
pero hacen girar.
Ella sigue cerrada
y el muchacho sigue teniendo el manojo,
y en el manojo
la llave que abre
entre muchas de miles de llaves,
y se levanta entre el humo,
y se acerca a la puerta
buscando entre las posibles claves
la llave correcta,
la llave que sirva,
la llave que tenga forma de moral,
forma de respuesta,
forma de fórmula,
fórmula de forma,
la llave que lo lleve a la puerta,
a buen puerto,
a puerto de puerta,
a Puerto Patriada,
y no lo haga sufrir más,
la llave que abra ventanas,
la llave que está ahí y no encuentra,
la llave que deje de ser llave
y se vuelva candado,
colgante,
un collar que le recuerde
que esa puerta puede abrirse
porque ya ha sido abierta.
Pero se detiene,
se vuelve,
y abandona el manojo millonésico de llaves.
La puerta seguirá sin ser abierta
porque este pibe nunca pudo
y ya hace tiempo
que dejó de intentar.
viernes, 27 de enero de 2017
El género rebautizado
Es el siglo XXI
y el género está siendo rebautizado.
Ya no somos todos,
ahora se habla de todes.
Se habla de jurades
y de poetes
(aunque de esta última desconfío,
me resulta inevitable).
Y es esta misma desconfianza,
añoranza
de mi pueblo natal,
sensación fatal
de punzante ignorancia,
como si un fantasma
se vistiera de seda,
yo me pregunto:
¿tienen sexo los poemas?
¿cómo escribir un poema mujer?
¿cómo es un poema mujer?
¿y el sexo?
¿y el texto?
¿tienen sexo los textos?
¿cómo escribir un texto mujer?
Identificarlo sería una audacia de ginecología literaria.
¿Cómo limpiar la sangre de un texto mujer,
que sangra por no ser escrito
(o escrita),
por no fecundar más palabras en su vientre manuscrito?
Times New Roman
¿Poemas mujeres y además digitales?
Ahora el sexo es binario,
y el calendario
machista
plantea que todos los días son macho
porque
el lunes,
el martes,
el miércoles,
el jueves,
el viernes,
el sábado,
el domingo,
y la nada misma
es solo nada,
o todo,
o todes.
Es el siglo XXI,
los ángeles son textos
(no hay sexos),
la libertad condicionada,
el género rebautizado,
la sangre maltratada
y el lenguaje caducado.
Seamos todes
o no seamos.
y el género está siendo rebautizado.
Ya no somos todos,
ahora se habla de todes.
Se habla de jurades
y de poetes
(aunque de esta última desconfío,
me resulta inevitable).
Y es esta misma desconfianza,
añoranza
de mi pueblo natal,
sensación fatal
de punzante ignorancia,
como si un fantasma
se vistiera de seda,
yo me pregunto:
¿tienen sexo los poemas?
¿cómo escribir un poema mujer?
¿cómo es un poema mujer?
¿y el sexo?
¿y el texto?
¿tienen sexo los textos?
¿cómo escribir un texto mujer?
Identificarlo sería una audacia de ginecología literaria.
¿Cómo limpiar la sangre de un texto mujer,
que sangra por no ser escrito
(o escrita),
por no fecundar más palabras en su vientre manuscrito?
Times New Roman
¿Poemas mujeres y además digitales?
Ahora el sexo es binario,
y el calendario
machista
plantea que todos los días son macho
porque
el lunes,
el martes,
el miércoles,
el jueves,
el viernes,
el sábado,
el domingo,
y la nada misma
es solo nada,
o todo,
o todes.
Es el siglo XXI,
los ángeles son textos
(no hay sexos),
la libertad condicionada,
el género rebautizado,
la sangre maltratada
y el lenguaje caducado.
Seamos todes
o no seamos.
El imperdonable
toda mi vida fui un pelotudo
y ahora que estoy despierto
sigo siendo un pelotudo
simplemente
por el hecho
de haber estado dormido
y ahora que estoy despierto
sigo siendo un pelotudo
simplemente
por el hecho
de haber estado dormido
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