lunes, 6 de febrero de 2017

Llegar tarde

Todos los días llego tarde a la facultad,
y la verdad
me chupa un huevo.
Me levanto tarde de mi cama,
tarde me ducho
y en la ducha tardía me lavo los dientes
tarde.
Tan tarde desayuno que antes de desayunar ya es tarde
y cuando salgo de casa,
tarde como siempre,
llego a la parada y se me van no uno,
ni dos,
sino tres bondis en la cara,
¿y saben por qué?
por llegar tarde a la parada.
Y ya no espero un bondi,
ahora espero EL bondi,
aquel bondi que salió tarde de la estación
porque el bondista llegó tarde a poner la llave,
tarde a poner en marcha,
tarde a salir,
tarde a recoger a quien tarde llega a parar el tardibondi,
o sea yo.
Me subo y saco el boleto más tarde de lo que podría haber sido
y llego tarde a la parada donde me bajo,
en la cual cruzo tarde
y por eso un tipo desde el auto me putea:
"¡dale pibe! ¡¿no vés que llego tarde al laburo?!"
y tarde me encuentro con una flaca que me encanta,
que me encanta mal,
pero nunca me animé a decirle nada
y ahora ya es tarde sin siquiera serlo,
y me acompaña a llegar tarde a clases
y hablamos de lo tarde que es.
Ahora llego al aula,
tarde como siempre,
tarde como todos los días
y mis compañeros están ahí,
puntuales,
inatrasables,
compañeros antitarde,
y me preguntan:
"¿Por qué tardaste tanto?
No tenés que llegar tarde
¿Qué es lo que te atrasa?
¿Qué es lo que te pasa?
Así vas a llegar tarde a todo,
a tu trabajo,
a tu vida,
a tu felicidad,
tarde
tarde
tarde."
Pero, ¿es que no lo ven?
¿Es que acaso sus ojos envían tarde la información a sus cerebros?
¿O tardan demasiado en ver las cosas?
¿Es que no ven que llego tarde
y el mundo sigue girando?
Llego tarde y el cielo sigue encendido,
el pasto crece y estoy acá,
estoy vivo señores,
estoy vivo y retardado,
porque llego tarde a todos lados
pero nunca
llego tarde
a mi propio tiempo.

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