Ahora que dejamos de vernos,
tengo que volver a mis espacios.
Tengo que devolverte los tuyos
para que vuelvan a ser tuyos.
Tengo que respetar tus guaridas
y dejar de frecuentarlas.
Volver a las mías
para olvidarme
de que alguna vez
estuviste en ellas.
Tengo que volver
a aprender
a ser,
a actuar
sin tener en cuenta
tu mirada,
tu presencia,
tu reacción
ante el movimiento
de mi cuerpo.
Tengo que empezar de nuevo,
y volver a moverme
como si no estuvieras ahí,
porque ya
no estás
ahí.
Tengo que cambiar las baldosas de mi cocina
porque las baldosas
se hicieron tuyas
desde la primera vez
que te tiraste en el piso
solamente
a ver el techo,
a ver el techo
y nada más.
Tengo que vivir en la vigilia
porque mi sueño
se hizo tuyo
desde la primera vez
que dormimos juntos.
Tengo que mudarme de mi casa
porque mi casa
se hizo tuya
desde que la pisaste
por primera vez.
Tengo que cambiar de cama
porque mi cama
se hizo tuya
desde la primera vez
que me viste caer dormido en ella,
mi almohada
tiene que irse con vos
porque se hizo tuya
desde la primera vez
que se dibujó con tu pelo,
desde la primera vez
que sintió tu baba.
Tengo que abandonar la música
porque mi música
se hizo tuya
desde la primera vez
que te toqué una canción,
desde la primera vez
que te escribí un poema.
Tengo que dejar la poesía
porque ya no encuentro
otra manera
de escribir
que no sea
escribiéndote,
y ese
es un problema,
porque la poesía
no puede ser tuya,
porque no es de nadie,
porque nadie la conoce,
pero aún así
mi poesía
se hizo tuya
desde la primera vez
que nos besamos,
desde la primera vez
que me llamaron la atención
tus cachetes,
desde que le preguntaste el nombre a la camarera.
Tengo que salirme de mi cuerpo
porque mi cuerpo
se hizo tuyo
desde que entendiste
lo que las anteriores
no entendieron.
Tengo que cambiar de palabras
porque mis palabras
se hicieron tuyas
desde que te dije
todo
lo que nunca
le había dicho
a nadie.
Tengo que cambiar de familia
porque mi familia
se hizo tuya
desde la primera vez
que los hiciste reír,
desde la primera vez
que se dieron cuenta
que eras igual a mí,
que estabas
en la misma
que yo.
Tengo que dejar mi vida
porque mi vida
se hizo tuya
desde que
ya no estás
acá.
miércoles, 19 de abril de 2017
El negro consuelo
Si yo por si acaso me río
del negro cuando pifia,
no es por alguna malicia
o envidia dentro mío.
Lo que pasa es que me río
porque el negro quizás es mi hermano.
Quisiera darle la mano
porque él también se equivoca.
Me relaja que pifie cuando toca,
el negro también es humano.
del negro cuando pifia,
no es por alguna malicia
o envidia dentro mío.
Lo que pasa es que me río
porque el negro quizás es mi hermano.
Quisiera darle la mano
porque él también se equivoca.
Me relaja que pifie cuando toca,
el negro también es humano.
Ajedrez
Que pérdida de tiempo
besarse,
pudiendo charlar.
Que pérdida de tiempo
besarse,
pudiendo estar comiendo
juntos
y besarnos mientras masticamos
porque no se habla con la boca llena.
Que pérdida de tiempo
los labios
cuando hay ajedrez.
Me gusta pensar
(ya lo sabés)
que no tenemos que decirnos todo,
porque nos juega en contra
y nos pone en jaque,
porque lo único
que se puede hacer
con el veneno
es tomarlo.
Será el camimo a la desgracia
si nos damos las cartas equivocadas,
si te entrego mis fichas pasadas
de alcohol,
vomitivas,
un rey adicto
a la tristeza
en rehabilitación,
caballos dopados
y torres castigadas.
Desde su punto más alto
se pueden ver los restos
de todos mis castillos,
incinerados por mi propia mano,
guiada por mi propio delirio,
mi propio rey,
mis propios caballos.
Los peones
son como el tiempo,
no pueden retroceder
pero pueden estancarse
de igual a igual,
frente a frente,
tus peones y los míos,
que los pusimos ahí,
y aunque queramos
no podemos cambiar
las cosas que hicimos.
Solo tenemos que dejarlos ahí,
estancados,
ignorados,
marginados,
y esperar que el otro
llegue heroique
con su espada
(rota),
su caballo
(roto),
y decapite este peón
que solo quiere violencia,
va para adelante
cegado,
a la bandera blanca
negado,
con paso firme,
con el horizonte entre las cejas,
enfermo por el deseo
de convertirse en reina
para infiltrarse en mi castillo,
enamorar a mi rey
y desatar
una vez más
todo su poder
contra el otro reino,
sin darse cuenta
que ambos reyes son iguales
y que si estuvieran solos en el mundo
no podrían hacerse daño
ni aunque quisieran hacerlo.
Jaque mate amargo,
lavado,
mal cebado,
y sin sentido.
besarse,
pudiendo charlar.
Que pérdida de tiempo
besarse,
pudiendo estar comiendo
juntos
y besarnos mientras masticamos
porque no se habla con la boca llena.
Que pérdida de tiempo
los labios
cuando hay ajedrez.
Me gusta pensar
(ya lo sabés)
que no tenemos que decirnos todo,
porque nos juega en contra
y nos pone en jaque,
porque lo único
que se puede hacer
con el veneno
es tomarlo.
Será el camimo a la desgracia
si nos damos las cartas equivocadas,
si te entrego mis fichas pasadas
de alcohol,
vomitivas,
un rey adicto
a la tristeza
en rehabilitación,
caballos dopados
y torres castigadas.
Desde su punto más alto
se pueden ver los restos
de todos mis castillos,
incinerados por mi propia mano,
guiada por mi propio delirio,
mi propio rey,
mis propios caballos.
Los peones
son como el tiempo,
no pueden retroceder
pero pueden estancarse
de igual a igual,
frente a frente,
tus peones y los míos,
que los pusimos ahí,
y aunque queramos
no podemos cambiar
las cosas que hicimos.
Solo tenemos que dejarlos ahí,
estancados,
ignorados,
marginados,
y esperar que el otro
llegue heroique
con su espada
(rota),
su caballo
(roto),
y decapite este peón
que solo quiere violencia,
va para adelante
cegado,
a la bandera blanca
negado,
con paso firme,
con el horizonte entre las cejas,
enfermo por el deseo
de convertirse en reina
para infiltrarse en mi castillo,
enamorar a mi rey
y desatar
una vez más
todo su poder
contra el otro reino,
sin darse cuenta
que ambos reyes son iguales
y que si estuvieran solos en el mundo
no podrían hacerse daño
ni aunque quisieran hacerlo.
Jaque mate amargo,
lavado,
mal cebado,
y sin sentido.
Bostezo
Yo, sentado.
Él, sentado.
Yo, lo miro.
Él, me mira.
Yo, a sus ojos
Él, a mis ojos
Y, de repente,
él, bosteza.
Y una nube cósmica nace desde mi estómago.
Mis baldozas de piel
tiemblan
cuales placas tectónicas,
igual que mis piernas
totalmente rendidas
ante su poder dominante
del temblor de mis extremidades
y de mis nervios ascendentes
imposibles de condimentar,
cortar,
rebajar.
Es inevitable pensar
lo inevitable que es
el efecto de lo inevitable
y aun así
trato de frenarlo,
pero caigo por un tobogán naranja
hacia la arenilla rasposa de rodillas.
¿A quién querés engañar?
Sabés que viene a por vos,
sabés que es imprable
y que en las fronteras de tu mente
no piden documento,
sus aduaneros son ebrios asquerosos,
o ebrios felices
que solo quieren volver a casa,
a la misma casa que ayer,
y saben
que intentar frenar
un sentimiento de tal porte
sería un esfuerzo tan en vano
como buscar certezas.
Entendiendo esto,
y sonriendo al asumirlo,
dejo que la bestia se apodere de mi.
Sube por mi espalda,
escala por mi nuca,
efervece por mi garganta
y se infla
como un globo de aire caliente,
globo soñador,
globo adormecedor,
globo almohada.
Me suelto,
me relajo,
y tranquilo,
bostezo yo también.
Él, sentado.
Yo, lo miro.
Él, me mira.
Yo, a sus ojos
Él, a mis ojos
Y, de repente,
él, bosteza.
Y una nube cósmica nace desde mi estómago.
Mis baldozas de piel
tiemblan
cuales placas tectónicas,
igual que mis piernas
totalmente rendidas
ante su poder dominante
del temblor de mis extremidades
y de mis nervios ascendentes
imposibles de condimentar,
cortar,
rebajar.
Es inevitable pensar
lo inevitable que es
el efecto de lo inevitable
y aun así
trato de frenarlo,
pero caigo por un tobogán naranja
hacia la arenilla rasposa de rodillas.
¿A quién querés engañar?
Sabés que viene a por vos,
sabés que es imprable
y que en las fronteras de tu mente
no piden documento,
sus aduaneros son ebrios asquerosos,
o ebrios felices
que solo quieren volver a casa,
a la misma casa que ayer,
y saben
que intentar frenar
un sentimiento de tal porte
sería un esfuerzo tan en vano
como buscar certezas.
Entendiendo esto,
y sonriendo al asumirlo,
dejo que la bestia se apodere de mi.
Sube por mi espalda,
escala por mi nuca,
efervece por mi garganta
y se infla
como un globo de aire caliente,
globo soñador,
globo adormecedor,
globo almohada.
Me suelto,
me relajo,
y tranquilo,
bostezo yo también.
El arribo del otoño
Que lejos estabas cuando llegó el otoño.
Tu piel se volvió una campera
que a mí no me quedaría tan bien,
pero que buena campera la tuya.
Que invierno que estabas cuando llegaste.
Tanto deseamos su arribo para vestir estas ropas
que, ahora que podemos arroparnos vestidos,
decidimos dormir separados.
Que lejos estamos ahora que llegó el otoño.
Los besos de la muerte parecían ser calientes,
pero no.
Ahora que llegó el otoño
entiendo que son fríos,
ahora que llegó el otoño
los quiero menos que antes,
ya no guardan esa minúscula de placer.
Ahora me hacen tiritar los dientes,
como los cubitos de hielo.
Ah, pero cuando hay sed
si o si los cubitos,
si o si hasta los dientes,
y que la sensibilidad se la banque
porque llega el otoño
y ahora sí,
agarrate Catalina,
estamos hasta las manos.
Vuelven las tazas calientes,
las noches en casa,
las medias.
Vuelven los pantalones largos,
vuelve el buzo en la mochila,
el color sepia,
las hojas que se caen
hasta dejar solo la tapa y la contratapa.
Vuelven las cuadras frías de casa hasta la parada,
el viaje en bondi
solo y abrigado,
pegado a una ventanilla empañada de calor al revés.
Que lejos estabas cuando llegó el otoño
y que cerca te ponías mientras transcurría el verano.
Ahora entiendo que tu cercanía era atérmica
y que tu amor no entiende de comodidades.
Tu piel se volvió una campera
que a mí no me quedaría tan bien,
pero que buena campera la tuya.
Que invierno que estabas cuando llegaste.
Tanto deseamos su arribo para vestir estas ropas
que, ahora que podemos arroparnos vestidos,
decidimos dormir separados.
Que lejos estamos ahora que llegó el otoño.
Los besos de la muerte parecían ser calientes,
pero no.
Ahora que llegó el otoño
entiendo que son fríos,
ahora que llegó el otoño
los quiero menos que antes,
ya no guardan esa minúscula de placer.
Ahora me hacen tiritar los dientes,
como los cubitos de hielo.
Ah, pero cuando hay sed
si o si los cubitos,
si o si hasta los dientes,
y que la sensibilidad se la banque
porque llega el otoño
y ahora sí,
agarrate Catalina,
estamos hasta las manos.
Vuelven las tazas calientes,
las noches en casa,
las medias.
Vuelven los pantalones largos,
vuelve el buzo en la mochila,
el color sepia,
las hojas que se caen
hasta dejar solo la tapa y la contratapa.
Vuelven las cuadras frías de casa hasta la parada,
el viaje en bondi
solo y abrigado,
pegado a una ventanilla empañada de calor al revés.
Que lejos estabas cuando llegó el otoño
y que cerca te ponías mientras transcurría el verano.
Ahora entiendo que tu cercanía era atérmica
y que tu amor no entiende de comodidades.
Filosofía
Que la filosofía se la banque,
que entienda que conocerte
fue como encontrar una respuesta.
que entienda que conocerte
fue como encontrar una respuesta.
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