martes, 27 de diciembre de 2016

Ordenar la pieza

Voy a barrer y a ordenar mi pieza
como si mi cama
nunca hubiera sido abordada
por pilas
de prendas
de ropa,
como si el suelo
fuera solo para caminar,
y no
un tacho de basura
sin profundidad,
voy a pasarle Blem
a todos los muebles
y todo el mundo va a notarlo,
voy a traer al mundo
una pieza nueva,
una pieza limpia
y ordenada,
respetable,
una pieza
que no es la mía,
una pieza
que no soy yo,
para que todo el mundo
pueda verla
y esté orgulloso
de lo presentable
que está la pieza,
una pieza
que no es la mía,
una pieza
que no soy yo.
Fuerte el aplauso
para esta pieza,
belleza
despensa
de mis días contados,
amados los lados
de estas cuatro paredes
que gritan el nombre
de un hombre ordenado,
un nombre que no es el mío,
un hombre que no soy yo.
La pieza será la prueba
de qué bien que estoy,
tengo todo bajo control,
y mi pieza te lo cuenta,
barrida,
lustrada,
encendida,
encerada,
mi pieza bañada
de moral y respeto,
guarda un secreto
que solo yo sé:
el cuarto ordenado
socialmente exhibido,
pero el cuarto ordenado
pasa desapercibido.

Delfines

I.

Que el jueves se haga presente
para convertirme en delfín
y vos en Delfina
y tengamos sexo
solo por placer,
porque, claro,
podemos hacerlo,
pues claro,
somos delfines.

Mi remedio inútil (Incesante)

Pensadores andantes del mundo de los muertos,
mi casa está acá a la vuelta,
pueden venir a cenar un día,
o cenarse una semana,
o mi vida entera.
Esta sensación vital esquizofrénica es como tener un cubo rubick metido en el ojete y no podérselo sacar. Y cuando sentís que lo estás sacando de a poquito, lo que en realidad sucede, es que lo estás metiendo cada vez más adentro. Porque te gusta, porque te duele, porque te gusta que te duela, y si sos hombre, te gusta más, porque te sentís la mujer que nunca vas a ser, pero una parte de vos ya lo es, lo ha sido siempre, y eso es hermoso.
Ellos, mis maestros, ven todos las mismas cosas. Sienten los mismos colores, colores que yo no puedo ver. Porque mis ojos están escupidos vaya yo a lograr saber de qué clase de veneno, de dónde, de cuándo, de quién, y si me pinta la curiosidad repentina, también de cómo.
Ellos, mis maestros, han venido de otro lugar.
Han nacido en otra tierra.
Ellos, mis maestros, saben algo que yo no.
Y escuchando música, cae la moneda, y me hace masajes dorados, que descontracturan pero contracturan, que desarman pero arman, pilares, y pilares de cuestionamientos, de incógnitas, de incongruencias, de faltas de sentido, de curiosidades, de preguntas, preguntas y preguntas. Y es ahí cuando me siento vivo y muerto, o loco y cuerdo, de repente me acuerdo, de la primera vez que pensé en Michi. Y ellos, mis maestros, saben algo que yo no y siguen avanzando, mientras yo cabalgo mi incesante tortuga, que quiere pero (pobre) no puede, y teme que no podrá nunca,
pero incesante seguro,
incesante siempre,
incesante mi duda,
incesante mi miedo,
incesante mi consciente acting,
por ende,
incesante estar hoy aquí,
incesante dar el presente,
incesante el aún dar más,
incesante el amor al acting
falso,
pero siempre
incesante
este momento,
que ya es pasado,
pero ahora,
para estos ojos
que miran,
apuntan
y disparan
esto no es más
que un descargo canábico
que finge ser
mi remedio inútil.

Fran y su novia

Fran y su novia comenzaron a besarse apasionadísimamente, con mucho ruido, con ricas ganas, con libre e intenso disfrute, como debe ser.
Y Gabi gritó: "¡viva el amor!".
Fran dejó de besar a su novia, tomó su cara entre sus enormes manos (seguramente suaves), construyó un puente con sus ojos, un puente directo a ella, y le dijo: "yo te uso y tú me usas".
Luego, siguieron besándose.

Reacción

¿Qué debería hacer?
¿Hundirme la cara en el barro y respirar?
¿Dibujar en el barro?
¿O evitar que llueva?

¿Qué debería hacer?
¿Coger más?
¿Coger menos?
¿Hacerme la paja más seguido?
¿Más todavía?

¿Qué debería hacer?
¿Cerrar el orto?
¿Escupir en sus caras?
¿Tragarme los mocos?
¿O meterme los dedos hasta el cerebelo?

¿Qué debería hacer?
¿Estar tranquilo?
¿Estar nervioso?
Reposo
mentiroso,
taquicárdico,
adictivo.
Lo quiero todo.

¿Qué debería hacer?
¿Pasar sin saludar?
¿Saludar sin culpa?
¿Hacer la mía?
¿Hacer la tuya?
¡Xuxa!
¡Vendeme el cicatricure!
La franquicia, el fondo de comercio,
porque esto no sana.

¿Qué debería hacer?
¿Comprar un destornillador,
abrir esta máquina,
quitarle ese bichito molesto
y quemarlo vivo en una olla con aceite hirviendo?
¿O domesticarlo?
¿Darle de comer?
Le pongo su agüita,
le pongo su comidita.
Que crezca y me devore.
Quizás,
casi desecho en sus ácidos gástricos,
ya no me preocupe por hacer algo,
y logre ver una luz,
una luz que me mira desde adentro,
una luz que siempre estuvo ahí,
una luz que aún en pleno nado digestivo en mi bicho doméstico,
me demanda que reaccione ante todo esto
y entonces...

¿Qué debería hacer?

Tijeretazo indebido

Perdóname pelo, debo cortarte.
Soy un pelotudo. Ese tijeretazo indebido me ha peinado las venas, lastimándolas, vaciándolas, haciendo que desaparezcan en un tachito de basura, de esos que hay en los baños.

Perdóname pelo, debo cortarte.
Por pensar demasiado las cosas terminé sin pensar nada, nada que realmente importe, aún ahora lo hago, sospecho que lo haré para siempre. Pisé la baldosa más floja y más agua y más barro del barrio barrial barrido por el barrendero, ese que me mira cuando paso. De ahora en más, ya no va a hacerlo. Ya no hay nada que ver.

Perdóname pelo, debo cortarte.
El miedo y yo aún cenamos en la misma mesa, aún me tiene atado en la misma silla. Eras el símbolo de un cambio, el despertar de una voz dormida, la llegada a un nuevo mundo, eras la prueba.

Perdóname pelo, debo cortarte.
No debo olvidar pulir mis tesoros más pequeños. Tu eres uno de ellos. Pero debes irte de todas formas, volverás renovado. Yo te esperaré con algunos años más encima, intentaré conservar los anteojos, y te esperaré con más pastos, con más almohadas, te esperaré con más colitas, buenas y no tanto. Te esperaré con más dedos para volver a sentirte. Dejaré de llorar para no acrecentar tu mar en este viaje temporal, tu barco acariciará mis lágrimas.

Así que ve pelo,
pero perdóname, debo cortarte, y debo hacerlo sin amor. Porque extrañarte será tan filoso como esta tijera que ahora sientes.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Besar

besarte la boca
tanto como los cachetes
el derecho más
porque es más gordo
que bien que se siente
apretado
entre mi pulgar
y la falange media
de mi dedo índice
ambos
son de la mano derecha

besarte la tuya
en el centro
sopapa
destapa
un tsunami de sensaciones
guardadas
esperando

con miel y limón
escondido
abajo de una mesita ratona

besarte la cara
como si te pegara un tiro
en el medio de la jeta
desfigurarte el rostro
potencial labial
te marco
hoy
no hay nadie más en el mundo
que lleve mi marca
yo llevo la tuya

besarte las ideas
tu llamado de hermana
emana
tu bondad entera
¡camarera
habilite la casa
que el momento no se pasa
sin tomar otra pinta!
privilegiada cinta
la que recoge tu pelo
es mi mano misma
acariciando el cielo