Es la chinura de la noche
El momento de soltar
La estadía momentánea
La alegría de estar
Escaparnos del hogar
Para vivir el momento
Sin futuro en especial
Ni pasado de lamentos
Escribo mi propio cuento
Voy descifrando mi historia
Triunfando en mis sueños
Y añorando la victoria
sábado, 27 de agosto de 2016
miércoles, 24 de agosto de 2016
Tengo ganas de patear cosas
Tengo ganas de patear cosas
Patear cosas para romperlas
Pero mejor si no se rompen
Tengo ganas de patear cosas
Cosas duras
Para sentirlo
Tengo ganas de patear cosas
Me sale mal solucionar las cosas
Me sale muy bien patearlas
Tengo ganas de patear cosas
Para que algo, por lo menos algo
Cambie de lugar, de parecer, de forma
Tengo ganas de patear cosas
Patearlas hasta que me canse
Hasta que vuelva a tener ganas
Ganas de patear cosas
Para seguir pateándolas
Hasta que me canse de patearlas
Patear cosas para romperlas
Pero mejor si no se rompen
Tengo ganas de patear cosas
Cosas duras
Para sentirlo
Tengo ganas de patear cosas
Me sale mal solucionar las cosas
Me sale muy bien patearlas
Tengo ganas de patear cosas
Para que algo, por lo menos algo
Cambie de lugar, de parecer, de forma
Tengo ganas de patear cosas
Patearlas hasta que me canse
Hasta que vuelva a tener ganas
Ganas de patear cosas
Para seguir pateándolas
Hasta que me canse de patearlas
lunes, 22 de agosto de 2016
La teoría de la ardilla
Yo existo. Ustedes existen. Nosotros existimos. Bueno… creo que existo, creo que existen, creo que existimos. Todos dudamos de eso alguna vez, pero una cosa es segura: si en verdad existimos, también es verdad que gastamos gran parte de nuestra existencia estando preocupados por algo. Primero el colegio, luego el qué dirán, luego tu sexualidad, luego tus gustos, luego la facultad, luego el trabajo, luego tus padres, el dinero, tu vida. Es muy raro pensar en el sentido que acabamos de darle a la palabra “vida”. Metida en ese contexto de dinero y trabajo, la sonoridad de “vida” hace referencia a tu vida en el sistema, a tu propio laburo para poder mantenerte solo, a tu propio coche, a tu propia casa, a tu televisión, tu traje y tu corbata. Entonces, si realmente existimos, ¿es esa la vida en la que venimos a existir? Vivimos en casas (mucho más grandes que nosotros, vale aclarar), que están en una manzana (mucho más grande que nuestra casa), que está en un barrio, en una ciudad, en una provincia, en un país, en un continente, en un hemisferio, en un planeta, en un sistema solar, en una galaxia, en un cúmulo de galaxias, en un cúmulo de cúmulos de galaxias (mucho, pero mucho más grande que vos y que tu casa). Si existimos, la verdad es que lo hacemos muy poco: no somos nada. Si nosotros existimos, entonces ¿qué les queda a las galaxias? ¿Super existir? No. Nosotros existimos, poquito, pero lo hacemos. ¡Preocupados! Pero lo hacemos.
Todo empezó con una almohada. Una habitación, mi hermano y yo, una cama de dos plazas, una tele, unas cortinas, una ventana. Mi hermano toma la almohada y la tira al suelo. Luego me dice: “¿ves? Si mamá estuviese acá me diría: -¿Qué haces Ignacio? Levantá la almohada del suelo, no la tires” como si el hecho de que la almohada estuviera en el suelo produjera algún tipo de diferencia… en nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. La almohada en el piso, ¿y? ¿Cuál es el problema? No se murió nadie, no se arruinó nada. ¿Qué es lo que tanto hay que solucionar? La almohada está en el piso, y no pasa nada. Nunca pasa nada. Mi hermano tira la almohada al piso y no sucede nada más. Solo una almohada en el piso. Entonces, ¿qué tal si llevamos ese ejemplo a un plano más alto? Desarmo toda la cama de la habitación. Le saco la frazada, la sábana y el elástico. Hago un bollo con todo y lo tiro en el piso. Miento, en realidad, lo revoleo por el aire y que caiga donde caiga. Si, desarmé la cama, las sábanas están todas tiradas por la habitación y la cama hecha un desastre… ¿y? Entonces rompo un vidrio, rompo la ventana de la habitación, la hago pedazos lanzándole una silla. La ventana estalla en pedazos de vidrio incontables y caen para todos lados. Rompo el vidrio del espejo, tiro la televisión al piso, hago pis por la ventana previamente rota, la cual ahora es solo un agujero en una pared, escribo con aerosol las paredes de la habitación… ¿y? ¿Cuál es el problema? ¿Acaso cambió algo? En nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. Nada. Todo supuesto desastre que acaba de acontecer, no desató prácticamente nada en ninguna parte. Y pienso en mi madre, preocupada por la ventana rota, casi a los gritos por mi locura, preocupada por la cama desplumada, las paredes grafiteadas, el televisor estallado y muerto en el piso. Después de todo eso, pienso, entonces ¿qué sucede si dejo el colegio, si dejo la universidad, si nunca trabajo, si termino en la calle, si no tengo plata, si no tengo familia, si me suicido, si me muero? Y la verdad es que no sucede nada. Nuestros problemas (si se pueden llamar así) no son nada, no importan nada, no cambian nada, no mueven nada, no son absolutamente NADA. Y nosotros preocupados. De repente me doy cuenta que la vida no tiene sentido. Me doy cuenta de que vivimos en un juego de cumplir responsabilidades y objetivos fantasmas que no existen ni aquí ni en ningún lado. Me doy cuenta de que todo es en vano, que nada importa, que no afectamos en nada a nada en absoluto. Pienso en dejar el colegio, pienso en dejar la universidad, pienso en dejar el trabajo, pienso en abandonarlo todo. Pienso en suicidarme (realmente lo hago), si total, mi vida no es nada, en nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. Y en ese momento, veo a la ardilla. Una ardilla que no existe ni existió pero la veo. La ardilla está en su rueda, corriendo, y cada tanto se detiene. La ardilla corre en su rueda y cuando se detiene, se cae, porque la rueda viene girando muy rápido y no puede mantenerse en pie si no corre en esta rueda que gira. Y me vi a mí, los vi a ustedes, nos vi a nosotros. Nosotros, que no sabemos siquiera si existimos, pero aun así corremos. Ahí está mi respuesta momentánea, provisoria, caducante. Vivimos en un sistema, en un planeta que funciona de cierta manera, vivimos en una vida ya planeada, una realidad ya diseñada. Podemos cambiarla, si, pero realidad al fin. Una realidad que no es igual para nadie. Yo, en este momento, el “yo” que yo conozco, no existe más que en mí. En ustedes, solo existe su percepción de mí, como ninguno de ustedes de verdad existe en mi realidad, solo las percepciones de ustedes que yo tengo. Jamás podré ver a través de sus ojos. Jamás conoceré su universo, su mundo, su realidad. Y ustedes jamás la mía. Nada existe de verdad, porque todo existe. Nuestra vida es nuestra rueda. Mi solución provisoria es la siguiente: utilizar el sistema. Si nuestra existencia dudosa no es absolutamente nada en nuestro cúmulo de galaxias, ¿qué nos queda más que ser felices? No podemos preocuparnos por nada más. La rueda siempre va a seguir girando, y el que no corre, lamentablemente se cae. Pero lo que tenemos que hacer es correr por algo, no correr en vano. Y correr por algo que realmente valga la pena (una pena también inexistente). Debemos de correr para ser felices. Pero no correr hacia la felicidad, sino ser felices mientras corremos. ¿Hacia dónde? Hacia ningún lado, no hay nada al otro lado del túnel. Todo lo que hay es el trayecto. Correr por nuestros amigos, correr por nuestra familia, correr por esos momentos de sol al aire libre con una guitarra y tus hermanos de vida. Correr por tus abuelos, correr por tus tíos, correr por vos. Cito a Sebastián De Caro, que habla de “robar el mundo”: “La felicidad la tenemos en la mano, desde el día en que nacemos, todos. No hay un medidor de felicidad que haga presumir que Mick Jagger, cuando toca en River, es más feliz que nosotros ahora. No es que nos está esperando una felicidad consagrada que tienen los grandes, los millonarios, los dueños del mundo. Todos padecemos y todos somos felices por momentos.” Eso es lo que hay que hacer. Esta rueda es mía, aprópiense de su rueda. Vivan el momento, el ahora, porque es lo único que existe, no hay nada más, nunca lo hubo, nunca lo habrá. Si nos hicieron gastar 12 años de nuestra vida en la escuela, usémoslos para aprender, para criticarla, para sabotearla, para cambiarla, para crecer, para conocer gente, gente que posiblemente quede para siempre dando vueltas por nuestro cuerpo. Si para comer es necesario plata, si para viajar es necesario plata, si para TODO es necesario plata, trabajemos. Pero no trabajemos por la plata en sí, no juntemos plata por juntar plata. Robémonos el mundo, trabajemos por esa pizza con tus amigos, trabajemos por ese viaje al sur, trabajemos por esa guitarra, por esa bicicleta. Trabajemos para sabotear el sistema. Trabajemos por la plata que nos mantiene corriendo en la rueda y disfrutemos cada instante de estadía en ella lo más que podamos, como si fuera el último, como si fuéramos los reyes del mundo que verdaderamente somos en el mundo de cada uno. Gocemos cada momento, cada paso en la rueda, cada preciso segundo, cada partícula de aire absorbida. Nada importa al fin y al cabo, ni la almohada, ni la cama, ni la ventana. Pero no rompas la ventana, admirala. No tires la almohada porque tu mamá se pone mal porque estás haciendo lío, y vos lo que más querés es que tu mamá sea feliz. Hace cosas para que tu mamá sea feliz, hacele bien. No desarmes la cama (tampoco la armes, no sirve de nada). Cito a Pierre Schäeffer: “Un torrente de luz nos lanzó hasta este sitio en que vivimos. Eso es ya algo extraordinario, aún a pesar de lo poco que alcancemos a comprender... ¡Queda tanto por hacer!” Seamos el amigo del espejo, seamos los dueños del mundo, seamos los autores de lo que vaya a suceder en cada segundo de nuestras vidas, sin obstruir a la casualidad, a las cosas inesperadas y a las coincidencias. Seamos la causa y el efecto. Demos por dar, causemos la felicidad en los demás, seamos agradecidos. Sepamos que cada segundo en este extraño lugar en el que terminamos es un suceso espectacular, y que tarde o temprano se acaba. No te tires de la rueda, no saltes. La rueda sigue girando, y correr en ella es una aventura extraordinaria. No te la pierdas.
Todo empezó con una almohada. Una habitación, mi hermano y yo, una cama de dos plazas, una tele, unas cortinas, una ventana. Mi hermano toma la almohada y la tira al suelo. Luego me dice: “¿ves? Si mamá estuviese acá me diría: -¿Qué haces Ignacio? Levantá la almohada del suelo, no la tires” como si el hecho de que la almohada estuviera en el suelo produjera algún tipo de diferencia… en nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. La almohada en el piso, ¿y? ¿Cuál es el problema? No se murió nadie, no se arruinó nada. ¿Qué es lo que tanto hay que solucionar? La almohada está en el piso, y no pasa nada. Nunca pasa nada. Mi hermano tira la almohada al piso y no sucede nada más. Solo una almohada en el piso. Entonces, ¿qué tal si llevamos ese ejemplo a un plano más alto? Desarmo toda la cama de la habitación. Le saco la frazada, la sábana y el elástico. Hago un bollo con todo y lo tiro en el piso. Miento, en realidad, lo revoleo por el aire y que caiga donde caiga. Si, desarmé la cama, las sábanas están todas tiradas por la habitación y la cama hecha un desastre… ¿y? Entonces rompo un vidrio, rompo la ventana de la habitación, la hago pedazos lanzándole una silla. La ventana estalla en pedazos de vidrio incontables y caen para todos lados. Rompo el vidrio del espejo, tiro la televisión al piso, hago pis por la ventana previamente rota, la cual ahora es solo un agujero en una pared, escribo con aerosol las paredes de la habitación… ¿y? ¿Cuál es el problema? ¿Acaso cambió algo? En nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. Nada. Todo supuesto desastre que acaba de acontecer, no desató prácticamente nada en ninguna parte. Y pienso en mi madre, preocupada por la ventana rota, casi a los gritos por mi locura, preocupada por la cama desplumada, las paredes grafiteadas, el televisor estallado y muerto en el piso. Después de todo eso, pienso, entonces ¿qué sucede si dejo el colegio, si dejo la universidad, si nunca trabajo, si termino en la calle, si no tengo plata, si no tengo familia, si me suicido, si me muero? Y la verdad es que no sucede nada. Nuestros problemas (si se pueden llamar así) no son nada, no importan nada, no cambian nada, no mueven nada, no son absolutamente NADA. Y nosotros preocupados. De repente me doy cuenta que la vida no tiene sentido. Me doy cuenta de que vivimos en un juego de cumplir responsabilidades y objetivos fantasmas que no existen ni aquí ni en ningún lado. Me doy cuenta de que todo es en vano, que nada importa, que no afectamos en nada a nada en absoluto. Pienso en dejar el colegio, pienso en dejar la universidad, pienso en dejar el trabajo, pienso en abandonarlo todo. Pienso en suicidarme (realmente lo hago), si total, mi vida no es nada, en nuestro planeta, en nuestra galaxia, en nuestro cúmulo de galaxias. Y en ese momento, veo a la ardilla. Una ardilla que no existe ni existió pero la veo. La ardilla está en su rueda, corriendo, y cada tanto se detiene. La ardilla corre en su rueda y cuando se detiene, se cae, porque la rueda viene girando muy rápido y no puede mantenerse en pie si no corre en esta rueda que gira. Y me vi a mí, los vi a ustedes, nos vi a nosotros. Nosotros, que no sabemos siquiera si existimos, pero aun así corremos. Ahí está mi respuesta momentánea, provisoria, caducante. Vivimos en un sistema, en un planeta que funciona de cierta manera, vivimos en una vida ya planeada, una realidad ya diseñada. Podemos cambiarla, si, pero realidad al fin. Una realidad que no es igual para nadie. Yo, en este momento, el “yo” que yo conozco, no existe más que en mí. En ustedes, solo existe su percepción de mí, como ninguno de ustedes de verdad existe en mi realidad, solo las percepciones de ustedes que yo tengo. Jamás podré ver a través de sus ojos. Jamás conoceré su universo, su mundo, su realidad. Y ustedes jamás la mía. Nada existe de verdad, porque todo existe. Nuestra vida es nuestra rueda. Mi solución provisoria es la siguiente: utilizar el sistema. Si nuestra existencia dudosa no es absolutamente nada en nuestro cúmulo de galaxias, ¿qué nos queda más que ser felices? No podemos preocuparnos por nada más. La rueda siempre va a seguir girando, y el que no corre, lamentablemente se cae. Pero lo que tenemos que hacer es correr por algo, no correr en vano. Y correr por algo que realmente valga la pena (una pena también inexistente). Debemos de correr para ser felices. Pero no correr hacia la felicidad, sino ser felices mientras corremos. ¿Hacia dónde? Hacia ningún lado, no hay nada al otro lado del túnel. Todo lo que hay es el trayecto. Correr por nuestros amigos, correr por nuestra familia, correr por esos momentos de sol al aire libre con una guitarra y tus hermanos de vida. Correr por tus abuelos, correr por tus tíos, correr por vos. Cito a Sebastián De Caro, que habla de “robar el mundo”: “La felicidad la tenemos en la mano, desde el día en que nacemos, todos. No hay un medidor de felicidad que haga presumir que Mick Jagger, cuando toca en River, es más feliz que nosotros ahora. No es que nos está esperando una felicidad consagrada que tienen los grandes, los millonarios, los dueños del mundo. Todos padecemos y todos somos felices por momentos.” Eso es lo que hay que hacer. Esta rueda es mía, aprópiense de su rueda. Vivan el momento, el ahora, porque es lo único que existe, no hay nada más, nunca lo hubo, nunca lo habrá. Si nos hicieron gastar 12 años de nuestra vida en la escuela, usémoslos para aprender, para criticarla, para sabotearla, para cambiarla, para crecer, para conocer gente, gente que posiblemente quede para siempre dando vueltas por nuestro cuerpo. Si para comer es necesario plata, si para viajar es necesario plata, si para TODO es necesario plata, trabajemos. Pero no trabajemos por la plata en sí, no juntemos plata por juntar plata. Robémonos el mundo, trabajemos por esa pizza con tus amigos, trabajemos por ese viaje al sur, trabajemos por esa guitarra, por esa bicicleta. Trabajemos para sabotear el sistema. Trabajemos por la plata que nos mantiene corriendo en la rueda y disfrutemos cada instante de estadía en ella lo más que podamos, como si fuera el último, como si fuéramos los reyes del mundo que verdaderamente somos en el mundo de cada uno. Gocemos cada momento, cada paso en la rueda, cada preciso segundo, cada partícula de aire absorbida. Nada importa al fin y al cabo, ni la almohada, ni la cama, ni la ventana. Pero no rompas la ventana, admirala. No tires la almohada porque tu mamá se pone mal porque estás haciendo lío, y vos lo que más querés es que tu mamá sea feliz. Hace cosas para que tu mamá sea feliz, hacele bien. No desarmes la cama (tampoco la armes, no sirve de nada). Cito a Pierre Schäeffer: “Un torrente de luz nos lanzó hasta este sitio en que vivimos. Eso es ya algo extraordinario, aún a pesar de lo poco que alcancemos a comprender... ¡Queda tanto por hacer!” Seamos el amigo del espejo, seamos los dueños del mundo, seamos los autores de lo que vaya a suceder en cada segundo de nuestras vidas, sin obstruir a la casualidad, a las cosas inesperadas y a las coincidencias. Seamos la causa y el efecto. Demos por dar, causemos la felicidad en los demás, seamos agradecidos. Sepamos que cada segundo en este extraño lugar en el que terminamos es un suceso espectacular, y que tarde o temprano se acaba. No te tires de la rueda, no saltes. La rueda sigue girando, y correr en ella es una aventura extraordinaria. No te la pierdas.
lunes, 15 de agosto de 2016
Querido niño oculto
"Querido niño oculto
¿En dónde pasas tus días?
¿Por qué ya no me miras?
Sufrís de ser tan culto
Por si acaso, ante ti me disculpo
Mas no contestas mi duda
Siento la fiebre que suda
Sin encontrar un contesto
Depende a qué esté dispuesto
Depende a quién acuda
Estás oculto del mundo
Sintiendo los días dormir
Siempre queriendo salir
De ese escondite profundo
Aunque de ese sitio inmundo
Siempre encontrás salida
Sabés disfrutar la vida
En cada ocasión
Recibiendo a la pasión
Como un viaje de ida
Así encontrás tu recreo
Te olvidás de hacerte valer
Y al olvidarte lográs volver
A este valioso paseo
Dejás correr el deseo
El amor y la intuición
Lo que marca tu situación
Es solamente tu instinto
Eso te hace distinto
Querido niño en mi corazón"
Para el niño interior que todos llevamos dentro y que deberíamos (debemos) dejarlo salir a jugar más seguido.
¿En dónde pasas tus días?
¿Por qué ya no me miras?
Sufrís de ser tan culto
Por si acaso, ante ti me disculpo
Mas no contestas mi duda
Siento la fiebre que suda
Sin encontrar un contesto
Depende a qué esté dispuesto
Depende a quién acuda
Estás oculto del mundo
Sintiendo los días dormir
Siempre queriendo salir
De ese escondite profundo
Aunque de ese sitio inmundo
Siempre encontrás salida
Sabés disfrutar la vida
En cada ocasión
Recibiendo a la pasión
Como un viaje de ida
Así encontrás tu recreo
Te olvidás de hacerte valer
Y al olvidarte lográs volver
A este valioso paseo
Dejás correr el deseo
El amor y la intuición
Lo que marca tu situación
Es solamente tu instinto
Eso te hace distinto
Querido niño en mi corazón"
Para el niño interior que todos llevamos dentro y que deberíamos (debemos) dejarlo salir a jugar más seguido.
Llegó el extranjero al planeta
Llegó el extranjero al planeta. Me encontró moviendo la tierra con un sombrero de paja en la cabeza y unos tirantes de jean, arropado por el atardecer. No sé si cayó de arriba, si surgió de abajo o si apareció simplemente, pero ahí estaba. Y sí que estaba, de todo dudaba, todo cuestionaba. Me preguntó y yo le contesté, le conté, le mostré. Lo llevé a las montañas, a los pastizales. Y luego vinimos a la playa. Lo llevé al mar, se sumergió, flotaba y nadaba. Hasta que llegó el atardecer. Si hubieran visto el atardecer resplandecer en sus ojos. Y de repente me miró, y yo asentí, entendiéndolo. Él colocó su mano en su pecho y brotaron un par de lágrimas de sus ojos. El sol se fue y cayó la noche, y todo cambió. Me preguntó qué había sucedido, y yo le expliqué que el sol se había ido. Y ahí se puso a llorar, nervioso, preocupado, triste, corría de un lado a otro buscando respuesta. "¡¿A dónde fue?! ¿Por qué se fue así sin más? ¿No podía quedarse? ¡No quería que se fuera!". Lo tranquilicé, le hice esperar, y esperamos, sentados en la arena. Estuvo triste toda la noche. De repente, el color naranja se empezó a asomar de nuevo. Sus ojos no podían creer lo que veía: el sol había vuelto. "¡Está volviendo!", "Sí" le dije, "el sol siempre vuelve”. Y se fue de regreso. Tiempo después recibí sus cartas. Ahí él me contaba, me mostraba. Me decía, entusiasmado, que les había contado a todos:
"¡Todo, les he contado todo! Llegué a casa y les he contado. Les conté sobre esos enormes yacimientos interminables de agua, esos yacimientos que no puedes ver dónde terminan: los mares. Les conté de esas rocas gigantes con pastizales que se mezclan con el cielo como si estuviesen hechos el uno para el otro: las montañas. Les conté de esos lugares de los que uno nunca quiere irse, esos que me mostraste vos. Les conté sobre la sensación de estar bajo el agua, y flotar, y nadar, y flotar, y nadar. También sobre la sensación de tirarse en el pasto a ver el cielo. Sobre la sensación de respirar profunnnnnndo y largar el aire. Les conté de las casualidades, de que no hay manera de explicarlas y que algunas llegan a ser tan maravillosas como la vida misma. Les conté de la arena que acompaña al mar y de esa increíble escena cuando el sol ya se está yendo y se pone todo naranja. Al principio no me creían. No me creían que solo por un color uno sintiera algo parecido a la felicidad. Un color: naranja. Les conté como solo se necesita un color y ya. Y como podemos verlo todos los días. Les conté del sol. Les conté que todos y cada uno de los días aparece, nunca falta, pero nunca eh. Es una promesa eterna de que siempre aparecerá. Cuando se hace de noche se va y no saben si volverá a iluminarlos o si esta vez se ha ido para siempre. ¿Cómo tienen la certeza de que cuando se va, al otro día volverá? Todos los días sale el sol. Nos enojemos con él, nos pongamos tristes por su culpa, nos caigamos, nos lastimemos, nos perdamos y le digamos que no vuelva más, que nos deje solos, siempre vuelve. A veces trae nubes, para no sentirse tan solo, pero a veces trae tantas que ni lo podés ver, en sus días de timidez. Y aún así, no me creen. No me creen que sea verdad, que ustedes cuenten con eso, y que nada pueda cambiarlo. Todo, les he contado todo, pero aun así, no logran creer que absolutamente todos pero todos los días, pase lo que pase, el sol vuelve a salir. Siempre vuelve a salir.”
"¡Todo, les he contado todo! Llegué a casa y les he contado. Les conté sobre esos enormes yacimientos interminables de agua, esos yacimientos que no puedes ver dónde terminan: los mares. Les conté de esas rocas gigantes con pastizales que se mezclan con el cielo como si estuviesen hechos el uno para el otro: las montañas. Les conté de esos lugares de los que uno nunca quiere irse, esos que me mostraste vos. Les conté sobre la sensación de estar bajo el agua, y flotar, y nadar, y flotar, y nadar. También sobre la sensación de tirarse en el pasto a ver el cielo. Sobre la sensación de respirar profunnnnnndo y largar el aire. Les conté de las casualidades, de que no hay manera de explicarlas y que algunas llegan a ser tan maravillosas como la vida misma. Les conté de la arena que acompaña al mar y de esa increíble escena cuando el sol ya se está yendo y se pone todo naranja. Al principio no me creían. No me creían que solo por un color uno sintiera algo parecido a la felicidad. Un color: naranja. Les conté como solo se necesita un color y ya. Y como podemos verlo todos los días. Les conté del sol. Les conté que todos y cada uno de los días aparece, nunca falta, pero nunca eh. Es una promesa eterna de que siempre aparecerá. Cuando se hace de noche se va y no saben si volverá a iluminarlos o si esta vez se ha ido para siempre. ¿Cómo tienen la certeza de que cuando se va, al otro día volverá? Todos los días sale el sol. Nos enojemos con él, nos pongamos tristes por su culpa, nos caigamos, nos lastimemos, nos perdamos y le digamos que no vuelva más, que nos deje solos, siempre vuelve. A veces trae nubes, para no sentirse tan solo, pero a veces trae tantas que ni lo podés ver, en sus días de timidez. Y aún así, no me creen. No me creen que sea verdad, que ustedes cuenten con eso, y que nada pueda cambiarlo. Todo, les he contado todo, pero aun así, no logran creer que absolutamente todos pero todos los días, pase lo que pase, el sol vuelve a salir. Siempre vuelve a salir.”
sábado, 13 de agosto de 2016
Ir y venir
Hoy la Luna está debajo mío. Me dejo caer a ella, mientras los peces cantan. Hoy confirmo todo, hoy comienzo de nuevo. Voy y vengo. Siento irme del centro, ni los algoritmos sirven. Ya estás ciega hacia mí, más yo invisible. Decaigo hacia arriba, solidamente resignado. Y es ahí cuando reaparecés, como un viento nostálgico, como un océano que levita por encima de las nubes, que son tuyas también. Me elevás como una pluma en el aire, como una idea en el cosmos. No tardo más de dos segundos en dejar que me convenzas, y ya no importa nada. No importa de dónde viene el amor, no importa si existe al menos. No importa si todos los filósofos incompletos del mundo van en contra de mis endorfinas. Yo te veo, sé que estás ahí, siento que estás ahí. Compro al amor con ignorancia. Me deslizo por cada célula de tus dedos con el más loco de los placeres, el más invasor de todos. Ya ni siquiera recuerdo quién era hace dos minutos, ni me importa. Estás en mí ahora, yo estoy en vos. Viajo en vos, a las montañas de tu pecho, a las playas de tu vientre, a cada dibujo en tus arenas. No poseo recuerdo alguno en mi memoria... estoy en vos.
Pero de repente, un inconsciente indicio me pincha, y 10 milisegundos después, una tormenta de arena decide morir en mí. Me ahoga por el cuello, por el pecho, luego por cada una de mis extremidades. Van muriendo uno por uno todos los rastros de tu luz. Y ya está, completamente y para siempre. Es como una sombra que me escala desde abajo, lento, cada vez más lento. Muero por un instante, y de golpe, sin darme respiro alguno, me salvás con una caricia en el cuello, con tus uñas en mis pelos. Tus manos van en las mías, como mi alma en tu poder, para que luego, libre de todo camino, vuelva a los oscuros rincones de la lógica. Vengo. Voy y vengo. Y siento que esto es algo que nunca acabará, una serie de finales infinitos. Porque no recuerdo nada, salvo una intrigante y única idea. La idea de que todo, cada cosa que veo, siempre ha sido así, como lo es hoy, como siempre lo será.
Pero de repente, un inconsciente indicio me pincha, y 10 milisegundos después, una tormenta de arena decide morir en mí. Me ahoga por el cuello, por el pecho, luego por cada una de mis extremidades. Van muriendo uno por uno todos los rastros de tu luz. Y ya está, completamente y para siempre. Es como una sombra que me escala desde abajo, lento, cada vez más lento. Muero por un instante, y de golpe, sin darme respiro alguno, me salvás con una caricia en el cuello, con tus uñas en mis pelos. Tus manos van en las mías, como mi alma en tu poder, para que luego, libre de todo camino, vuelva a los oscuros rincones de la lógica. Vengo. Voy y vengo. Y siento que esto es algo que nunca acabará, una serie de finales infinitos. Porque no recuerdo nada, salvo una intrigante y única idea. La idea de que todo, cada cosa que veo, siempre ha sido así, como lo es hoy, como siempre lo será.
jueves, 11 de agosto de 2016
Queda tanto por hacer (Pierre Schäeffer)
"Y bien, en lugar de oponer una ciencia gregaria a una filosofía laxa, una ciencia aplastante a una filosofía débil, conjuguemos pues ambas para encontrar una forma de renacimiento. Ello quiere decir: no elijas entre tus cinco sentidos; ayúdate del oído para ver mejor, del ojo para oír mejor, conjuga tus dos cerebros a la vez, tanto el del poeta como el del sabio. Deja de oponer ciencia y filosofía, matemáticas y literatura. Haz niños inteligentes, cuyo espíritu se abra a las formaciones más diversas, y sobre todo, enséñales a cambiar el sentido de su mirada: que dejen de poner al hombre al centro del universo, en esa soledad imbécil que le vuelve desesperado y perverso. Es cierto que la mediocridad abruma, pero no añadamos más: un torrente de luz nos lanzó hasta este sitio en que vivimos. Eso es ya algo extraordinario, aún a pesar de lo poco que alcancemos a comprender... ¡Queda tanto por hacer!"
martes, 9 de agosto de 2016
Malabarear
Formado a la luz de la Luna,
bailando en un sol digital,
sabés que no hace mal
por un rato volver a la cuna.
Te miro y la niebla no apuna,
florece tu corazón,
que perfuma esta sensación
que venís a compartir conmigo.
Malabareás al lado mío,
reina de mi canción.
Lanzás las pelotas al aire,
es de noche como ayer.
Aún así puedo ver
que me invitás a tu baile.
Pero gana mi lado cobarde,
fracaso al disimular.
La verdad te quiero cantar
lo mucho que te he anhelado.
Malabareás a mi costado,
reina de mi amar.
Y al igual que cae la bocha,
voy a caer en el colchón,
cerrando esta canción
como un vino que se descorcha.
Más nunca apago esta antorcha
que se enciende con tu mirar.
Siempre puedo sospechar
que estás cerca mío,
malabareando conmigo,
reina de mi soñar.
bailando en un sol digital,
sabés que no hace mal
por un rato volver a la cuna.
Te miro y la niebla no apuna,
florece tu corazón,
que perfuma esta sensación
que venís a compartir conmigo.
Malabareás al lado mío,
reina de mi canción.
Lanzás las pelotas al aire,
es de noche como ayer.
Aún así puedo ver
que me invitás a tu baile.
Pero gana mi lado cobarde,
fracaso al disimular.
La verdad te quiero cantar
lo mucho que te he anhelado.
Malabareás a mi costado,
reina de mi amar.
Y al igual que cae la bocha,
voy a caer en el colchón,
cerrando esta canción
como un vino que se descorcha.
Más nunca apago esta antorcha
que se enciende con tu mirar.
Siempre puedo sospechar
que estás cerca mío,
malabareando conmigo,
reina de mi soñar.
lunes, 8 de agosto de 2016
Décima primera
Besado por todos tus dientes
Tocado por toda tu piel
De aroma a té con miel
Y miles de cuentas pendientes
Igual te pido te sientes
Y me regales un sordo escuchar
Pues hoy te quiero cantar
Lo que nunca voy a decirte
Más nunca voy a herirte
Solo te voy besar
Tocado por toda tu piel
De aroma a té con miel
Y miles de cuentas pendientes
Igual te pido te sientes
Y me regales un sordo escuchar
Pues hoy te quiero cantar
Lo que nunca voy a decirte
Más nunca voy a herirte
Solo te voy besar
domingo, 7 de agosto de 2016
Por dormirte algún día
Que toques mi espalda,
yo dejaría.
Con las manos heladas
y la mirada perdida.
No me opondría
a tu roce homicida,
a tu pelo cortado
a la perfecta medida.
Aprovecharía
tu cautiva energía,
con los brazos abiertos,
nuestras manos unidas.
Tu aspecto suicida,
tu apariencia de diva,
tu golpiza exhaustiva
desde abajo hasta arriba.
Por dormirte algún día,
yo te escribiría,
con todas mis rimas
y una imperfecta ironía.
Intentando buscarte
en esta ciudad perdida,
que amanece de noche
y anochece de día.
yo dejaría.
Con las manos heladas
y la mirada perdida.
No me opondría
a tu roce homicida,
a tu pelo cortado
a la perfecta medida.
Aprovecharía
tu cautiva energía,
con los brazos abiertos,
nuestras manos unidas.
Tu aspecto suicida,
tu apariencia de diva,
tu golpiza exhaustiva
desde abajo hasta arriba.
Por dormirte algún día,
yo te escribiría,
con todas mis rimas
y una imperfecta ironía.
Intentando buscarte
en esta ciudad perdida,
que amanece de noche
y anochece de día.
sábado, 6 de agosto de 2016
Arte lento
Ahhhhhh... ¡PEDÍS! Solo pedís...
Pedís humo, pedís agua, pedís amor, pedís sexo. Pedís que te pida, y él te pide, por tu tanga tanto como por tu presencia. Y te canta, te escribe, te recita un hipócrita "¿esa tanga no era rosa?", porque conoce esa tanga, domestica esa tanga. El recuerdo de esa toalla llorosa navega burbujeante por los lagos del interior de su boca. Pretende que nada más las risas le importan, pero no es tan así. Él sabe enojarse, sí que conoce ese sentimiento. "¡Ey! Tu nariz roja no me agrada" le dije sin decirle nada.
El arte es lento, como tu efecto en mí, al contrario del mío, que ibuprofenó tus ventrículos de la noche a la mañana. Es lento, como lentas caen las cartas en mi buzón, cuando el impulso nervioso parte de tu mente, viajando por tus tendones hasta tus dedos, obligados innegablemente a relajarse, a soltar las cartas, a dormir en tu bolsillo. No, no es birra, no es vino, no es jugo. Es el arte, lento, que destierra a la cordura de mi mente.
Pedís humo, pedís agua, pedís amor, pedís sexo. Pedís que te pida, y él te pide, por tu tanga tanto como por tu presencia. Y te canta, te escribe, te recita un hipócrita "¿esa tanga no era rosa?", porque conoce esa tanga, domestica esa tanga. El recuerdo de esa toalla llorosa navega burbujeante por los lagos del interior de su boca. Pretende que nada más las risas le importan, pero no es tan así. Él sabe enojarse, sí que conoce ese sentimiento. "¡Ey! Tu nariz roja no me agrada" le dije sin decirle nada.
El arte es lento, como tu efecto en mí, al contrario del mío, que ibuprofenó tus ventrículos de la noche a la mañana. Es lento, como lentas caen las cartas en mi buzón, cuando el impulso nervioso parte de tu mente, viajando por tus tendones hasta tus dedos, obligados innegablemente a relajarse, a soltar las cartas, a dormir en tu bolsillo. No, no es birra, no es vino, no es jugo. Es el arte, lento, que destierra a la cordura de mi mente.
Te diré que sí a todo (Musa bis)
Mía compañera, ¿te acuerdas de que me atreví a desafiarte? Pues ya no quiero hacerlo. No te enrosques en mis muros de plastilina. En lugar de eso, perdóname, no debí presionarte. Perdóname solo si lo deseas. Yo, por mi parte, lo hagas o no, te diré que sí a todo. Viajaré en el tiempo contigo, como un pez en la corriente. Responderé todas tus preguntas. No dudes de que seguirás desbordando en mis rincones, pero volveré a no decírtelo, tal como tan bien nos hace no hacerlo. Sospecharé de todas tus miradas y no dudaré de tus señales. Serás bienvenida en mi casa aunque no vivas en ella. Te miraré para saberte, te sabré para mirarte. Todo será blanco como tu alma, la que jamás mancharé con mi pincel de realidad. Te amaré aunque no digas nada, nadie quiere que lo hagas, ni tu, ni yo. Calcaré todos tus pensamientos y los haré míos, para que sean nuestros. Te robaré cada uno de tus versos, porque aunque cuente con mis anteojos, sabes ver las cosas mejor que yo. Te amaré sin que termines de saberlo. Te acariciaré para que mi piel se erize al compás de la tuya. Te besaré sin tocar tus labios, te miraré sin abrir los ojos. Aceptaré vivir fuera de tu realidad palpable, feliz y sonriente, como me haces sentir. Seré tu compañero, tu mi compañera. Jamás te dejaré sola. A donde vayas, tendrás mi mano disponible para que vayamos juntos si lo deseas. Seré tu alma complementaria en tus aventuras y tus desgracias. Mi amor callado, no debí presionarte. ¿Para qué irnos a otro lado si nuestra casa ya es perfecta a su manera? Ahora lo veo bien, ahora te veo bien. Seré tu amo de casa, tu cocina, tu fuego y tu lapicera. Te acompañaré hasta donde deba acompañarte, y luego te diré adiós. Pero hasta entonces, compañera mía, te diré que sí a todo.
De sensaciones
Se trata de sensaciones. Todo se trata de sensaciones. De ver hasta dónde llegamos, de conocer nuestros límites como la palma de nuestra mano para poder estirarlos siempre un cachito más. Se trata de ver con qué tanta creatividad fuimos creados, qué tantas sorpresas fueron escondidas dentro nuestro. Por eso la música, por eso las plantas, por eso el cielo y los atardeceres, los libros. Por eso los besos, por eso los abrazos, las caricias, el sexo.
Se trata de sensaciones, de ver hasta dónde vemos, de descubrir qué tanto pueden saborear nuestros ojos y qué tanto pueden ver nuestros oídos, dejarnos ir hasta donde puedan llevarnos para luego empezar de nuevo. Es todo lo que nos hace olvidar la falsa homogeneidad de las cosas, es todo lo que nos mueve de manera distinta. Es lo que damos y lo que recibimos. Se trata de sensaciones, todo se trata de sensaciones.
Se trata de sensaciones, de ver hasta dónde vemos, de descubrir qué tanto pueden saborear nuestros ojos y qué tanto pueden ver nuestros oídos, dejarnos ir hasta donde puedan llevarnos para luego empezar de nuevo. Es todo lo que nos hace olvidar la falsa homogeneidad de las cosas, es todo lo que nos mueve de manera distinta. Es lo que damos y lo que recibimos. Se trata de sensaciones, todo se trata de sensaciones.
Turista de la gama
El cielo es celeste. Pero en un disparo fugaz, juega a ser un turista de la gama. Abandona su casa celeste y se copia del pasto, tiñéndose de verde. Pero en el pasto encuentra los campos de trigo, de los que toma la ruta hacia el amarillo. Desde los campos observa al sol, al que le roba un naranja melódico para su piel de nubes dermatológicas. El sol se ríe por lo bajo del cielo camaleón y se marcha, mancha, de vida y sal. Primero se convierte en luna y pone una pizca de dedo gordo en el agua, luego comienza a sumergirse. Se convierte en ballena, luego en barco y luego en bote. Navega lentamente sin moverse y se convierte en una lamparita, un foco, un rayo de luz, que termina por hundirse en el mar, sin mojarse. El cielo anaranjado se vuelve rojo de la vergüenza, pero al tiempo se mima y se hace violeta para poder acercarse al mar, que le devuelve ese color celeste que mañana volverá a olvidar.
Furiosa descripción de un cristal dormido
Primero que nada, el sol. Penetra cada vidrio que construya, cada planta que plante. Montañas blancas de algodón gaseoso asoman su improcesable silueta, de manera inmóvil y sutil. El cielo no podría estar más celeste. Cae un pájaro del cielo y creo verlo hacerse pedazos, estallar en tuercas y tornillos. Todo parece estar hecho de un exitoso plástico. Un fénix reposa al otro lado de la galaxia, dándome su espalda como ofrenda, y hay perros que vuelan y gatos que ladran al amanecer. Tortugas amarillas que se adivinan como taxis y se dibujan en la arena gris. Pilas de testigos pintan el paisaje como quieren, como pueden, como se les da la gana. Pero primero que nada, el sol, que pega como un humo contenido, como una flor empulmonada que de sorpresa me sorprende, y deja toda esa oscuridad divina, bien en claro, de una vez y para siempre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)