Ahhhhhh... ¡PEDÍS! Solo pedís...
Pedís humo, pedís agua, pedís amor, pedís sexo. Pedís que te pida, y él te pide, por tu tanga tanto como por tu presencia. Y te canta, te escribe, te recita un hipócrita "¿esa tanga no era rosa?", porque conoce esa tanga, domestica esa tanga. El recuerdo de esa toalla llorosa navega burbujeante por los lagos del interior de su boca. Pretende que nada más las risas le importan, pero no es tan así. Él sabe enojarse, sí que conoce ese sentimiento. "¡Ey! Tu nariz roja no me agrada" le dije sin decirle nada.
El arte es lento, como tu efecto en mí, al contrario del mío, que ibuprofenó tus ventrículos de la noche a la mañana. Es lento, como lentas caen las cartas en mi buzón, cuando el impulso nervioso parte de tu mente, viajando por tus tendones hasta tus dedos, obligados innegablemente a relajarse, a soltar las cartas, a dormir en tu bolsillo. No, no es birra, no es vino, no es jugo. Es el arte, lento, que destierra a la cordura de mi mente.
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