viernes, 1 de junio de 2018
La última vez
La última vez que vine a la estación de Temperley hice todo distinto. En lugar de esperar el tren en el fondo del andén, donde arriva el último vagón, lo esperé en la punta de todo, donde arriva el primero. El solo hecho de haber cometido tal azaña me hacía vibrar el cuerpo, como si caminara por una ciudad en la que nunca había estado, como si respirara otro aire, todo era de otra manera. La razón de haber esperado el tren ahí fue que me dijiste que estabas en el primer vagón. Yo no tenía problema en viajar solo, pero tu oferta fue tanto mejor que la mirada en la ventanilla y el pensamiento en recurrencias, así que accedí. La última vez que te dije "hola" hice todo distinto. En lugar de trabarme al hablar y desesperar la lengua, te saludé con amor y me sentí tranquilo. En el tren, hablamos con personas que no sabíamos que iban a estar ahí, y hablamos como si fueramos un todo, como si ya nos amaramos o como si quisieramos que así fuera. Nos bajamos en Banfield, fue la última vez que me bajé en esa estación, e hicimos todo distinto. Salimos de la estación saltando andén por andén cual monos, buscando lianas en el aire, y yo ya quería que comieramos bananas y mandarme a la boca cosas que te quitara de entre los pelos. Ya quería que se cayera abajo toda la ciudad, que el tiempo la borre, que la tierra la trague, que el pasto crezca y que nosotros sigamos ahí, firmes en el tiempo como una piedra en el fondo de un río contemplando el movimiento pasar y transformarlo todo. Empezamos a comprar botellas. La última vez que me embriagué, hice todo distinto. Me tomé hasta los culitos de los vasos estancados de birra caliente, aguada y sin gas. Bailamos cumbia de a tres en el medio de un galpón al lado de las vías, volvimos a ser monos, secuestramos un colectivo, comimos chocolate, y me fui para después volver y quedarme en ese todo fantástico que vos creabas hasta que ya no hubiera más. Salió el sol, te levantaste, me abrazaste y te fuiste, no sin antes decirme "cualquier tarde". Esa fue la última vez que te vi. Desde ese momento, siento que todo es igual, que nada es distinto. Que los días son lindos pero iguales, que el sol es siempre el mismo y el aire de la ciudad siempre igual de sucio. Siento que soy parte de un libreto en el que nunca aparece tu nombre, ni el primer vagón, ni las lianas, ni la fantasía.
Sobre lo impredecible
Ni me hubiera imaginado
cuando me giraron la primera seca,
que iba a terminar fumando churro
en el patio de mi casa.
Ni me hubiera imaginado
que una planta,
que los hongos,
que mi vieja.
Ella y su interés
volvieron la casa otro lugar,
la hizo suya,
la hizo nuestra.
Ni me hubiera imaginado los futuros amigos,
los nuevos allegados,
los espacios descubiertos
del verdín subterráneo que espera.
Todo siempre estuvo ahí,
esperando.
Yo,
mi vista,
el timbre de la voz que habla en mi cabeza,
su manera de hablar,
sus tonitos,
sus potencias.
Ni me hubiera imaginado el futuro,
el preciso lugar de las cosas de hoy.
Ni me hubiera imaginado las despedidas,
los nuevos encuentros,
las despedidas con experiencia previa en despedirse,
no importa,
siempre es distinto.
Sabiendo que cada tomada decisión
es un eslabón de una cadena sin fin,
menos mal
que no le tuve miedo a lo desconocido,
menos mal
que la exploración
nubló todo
salvo una sola posibilidad,
que desencadenaría
la única historia posible
que yo podría contar,
la que cuentan estas palabras,
el paseo por el no saber,
el desdibujo de los límites del azar,
la facilidad de no ser,
el menos mal que sí,
y si era tan fácil que no,
menos mal
que no lo pensé tanto.
cuando me giraron la primera seca,
que iba a terminar fumando churro
en el patio de mi casa.
Ni me hubiera imaginado
que una planta,
que los hongos,
que mi vieja.
Ella y su interés
volvieron la casa otro lugar,
la hizo suya,
la hizo nuestra.
Ni me hubiera imaginado los futuros amigos,
los nuevos allegados,
los espacios descubiertos
del verdín subterráneo que espera.
Todo siempre estuvo ahí,
esperando.
Yo,
mi vista,
el timbre de la voz que habla en mi cabeza,
su manera de hablar,
sus tonitos,
sus potencias.
Ni me hubiera imaginado el futuro,
el preciso lugar de las cosas de hoy.
Ni me hubiera imaginado las despedidas,
los nuevos encuentros,
las despedidas con experiencia previa en despedirse,
no importa,
siempre es distinto.
Sabiendo que cada tomada decisión
es un eslabón de una cadena sin fin,
menos mal
que no le tuve miedo a lo desconocido,
menos mal
que la exploración
nubló todo
salvo una sola posibilidad,
que desencadenaría
la única historia posible
que yo podría contar,
la que cuentan estas palabras,
el paseo por el no saber,
el desdibujo de los límites del azar,
la facilidad de no ser,
el menos mal que sí,
y si era tan fácil que no,
menos mal
que no lo pensé tanto.
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