Nunca me enseñaron
a atarme los condones,
por eso
siempre que camino
(cojo)
acabo en el piso.
lunes, 27 de febrero de 2017
lunes, 6 de febrero de 2017
Tormenta eléctrica
Es de noche
en la ruta
y está lloviendo.
Pero hoy
los que llueven
son los rayos.
Cada tanto
caen un par de gotas,
diluvia electricidad,
la ley de Ohm se vuelve mantra
y los rayos
dibujan mi nombre,
los rayos
rayan mi nombre
y lloran en mi hombro,
Me están tentando,
me quieren llevar,
y la verdad
es que el contrato eléctrico
me cierra bastante.
Sin más verlos
ya me están mostrando
lo fácil que sería,
lo fácil que puede ser,
lo fácil que es
darle fin a toda ópera,
sellar cada gotera,
conciliar el sueño
con tan solo parar el micro,
salir a la ruta,
a la lluvia de esta noche,
porque esta noche
los que llueven son los rayos,
que no caen,
simplemente aparecen,
como el amor,
como el calor,
el sabor,
y todo
sucediendo
mientras yo
ya abandoné el micro,
y estoy solo
pero acompañado,
internándome
poco a poco
en el campo al costado de la ruta,
hipnotizado por este poder celestial
que, como hoja al final del cuaderno,
parece tener todas las respuestas
al servicio
de una noche
que dejará atrás la tormenta
pero cuando lo haga
yo ya habré muerto
y será otro
el que lea estas palabras.
en la ruta
y está lloviendo.
Pero hoy
los que llueven
son los rayos.
Cada tanto
caen un par de gotas,
diluvia electricidad,
la ley de Ohm se vuelve mantra
y los rayos
dibujan mi nombre,
los rayos
rayan mi nombre
y lloran en mi hombro,
Me están tentando,
me quieren llevar,
y la verdad
es que el contrato eléctrico
me cierra bastante.
Sin más verlos
ya me están mostrando
lo fácil que sería,
lo fácil que puede ser,
lo fácil que es
darle fin a toda ópera,
sellar cada gotera,
conciliar el sueño
con tan solo parar el micro,
salir a la ruta,
a la lluvia de esta noche,
porque esta noche
los que llueven son los rayos,
que no caen,
simplemente aparecen,
como el amor,
como el calor,
el sabor,
y todo
sucediendo
mientras yo
ya abandoné el micro,
y estoy solo
pero acompañado,
internándome
poco a poco
en el campo al costado de la ruta,
hipnotizado por este poder celestial
que, como hoja al final del cuaderno,
parece tener todas las respuestas
al servicio
de una noche
que dejará atrás la tormenta
pero cuando lo haga
yo ya habré muerto
y será otro
el que lea estas palabras.
Llegar tarde
Todos los días llego tarde a la facultad,
y la verdad
me chupa un huevo.
Me levanto tarde de mi cama,
tarde me ducho
y en la ducha tardía me lavo los dientes
tarde.
Tan tarde desayuno que antes de desayunar ya es tarde
y cuando salgo de casa,
tarde como siempre,
llego a la parada y se me van no uno,
ni dos,
sino tres bondis en la cara,
¿y saben por qué?
por llegar tarde a la parada.
Y ya no espero un bondi,
ahora espero EL bondi,
aquel bondi que salió tarde de la estación
porque el bondista llegó tarde a poner la llave,
tarde a poner en marcha,
tarde a salir,
tarde a recoger a quien tarde llega a parar el tardibondi,
o sea yo.
Me subo y saco el boleto más tarde de lo que podría haber sido
y llego tarde a la parada donde me bajo,
en la cual cruzo tarde
y por eso un tipo desde el auto me putea:
"¡dale pibe! ¡¿no vés que llego tarde al laburo?!"
y tarde me encuentro con una flaca que me encanta,
que me encanta mal,
pero nunca me animé a decirle nada
y ahora ya es tarde sin siquiera serlo,
y me acompaña a llegar tarde a clases
y hablamos de lo tarde que es.
Ahora llego al aula,
tarde como siempre,
tarde como todos los días
y mis compañeros están ahí,
puntuales,
inatrasables,
compañeros antitarde,
y me preguntan:
"¿Por qué tardaste tanto?
No tenés que llegar tarde
¿Qué es lo que te atrasa?
¿Qué es lo que te pasa?
Así vas a llegar tarde a todo,
a tu trabajo,
a tu vida,
a tu felicidad,
tarde
tarde
tarde."
Pero, ¿es que no lo ven?
¿Es que acaso sus ojos envían tarde la información a sus cerebros?
¿O tardan demasiado en ver las cosas?
¿Es que no ven que llego tarde
y el mundo sigue girando?
Llego tarde y el cielo sigue encendido,
el pasto crece y estoy acá,
estoy vivo señores,
estoy vivo y retardado,
porque llego tarde a todos lados
pero nunca
llego tarde
a mi propio tiempo.
y la verdad
me chupa un huevo.
Me levanto tarde de mi cama,
tarde me ducho
y en la ducha tardía me lavo los dientes
tarde.
Tan tarde desayuno que antes de desayunar ya es tarde
y cuando salgo de casa,
tarde como siempre,
llego a la parada y se me van no uno,
ni dos,
sino tres bondis en la cara,
¿y saben por qué?
por llegar tarde a la parada.
Y ya no espero un bondi,
ahora espero EL bondi,
aquel bondi que salió tarde de la estación
porque el bondista llegó tarde a poner la llave,
tarde a poner en marcha,
tarde a salir,
tarde a recoger a quien tarde llega a parar el tardibondi,
o sea yo.
Me subo y saco el boleto más tarde de lo que podría haber sido
y llego tarde a la parada donde me bajo,
en la cual cruzo tarde
y por eso un tipo desde el auto me putea:
"¡dale pibe! ¡¿no vés que llego tarde al laburo?!"
y tarde me encuentro con una flaca que me encanta,
que me encanta mal,
pero nunca me animé a decirle nada
y ahora ya es tarde sin siquiera serlo,
y me acompaña a llegar tarde a clases
y hablamos de lo tarde que es.
Ahora llego al aula,
tarde como siempre,
tarde como todos los días
y mis compañeros están ahí,
puntuales,
inatrasables,
compañeros antitarde,
y me preguntan:
"¿Por qué tardaste tanto?
No tenés que llegar tarde
¿Qué es lo que te atrasa?
¿Qué es lo que te pasa?
Así vas a llegar tarde a todo,
a tu trabajo,
a tu vida,
a tu felicidad,
tarde
tarde
tarde."
Pero, ¿es que no lo ven?
¿Es que acaso sus ojos envían tarde la información a sus cerebros?
¿O tardan demasiado en ver las cosas?
¿Es que no ven que llego tarde
y el mundo sigue girando?
Llego tarde y el cielo sigue encendido,
el pasto crece y estoy acá,
estoy vivo señores,
estoy vivo y retardado,
porque llego tarde a todos lados
pero nunca
llego tarde
a mi propio tiempo.
De ventanas, puertas y llaves
Cuando se cierra la puerta
la ventana no se abre
porque no hay tal ventana.
Son cuatro paredes,
una puerta
y un pibe sentado en el medio del cuarto
con un manojo de llaves en la mano.
El humo parece ser la única atmósfera que alguna vez existió,
y él parece ser la única persona que alguna vez nació.
El manojo de llaves no es solo un manojo:
es una herramienta,
una opción,
una pregunta,
una elección.
La puerta ya ni recuerda cómo era ser abierta,
ni se acuerda que sentía cuando le metían la llave
para transformarla en un pasaje hacia un más allá,
hacia un después.
Ni recuerda cómo era ser lubricada,
antioxidada,
doblevecuarentizada,
reforzada,
penetrada por una contraseña de metal
y patitas que no giran
pero hacen girar.
Ella sigue cerrada
y el muchacho sigue teniendo el manojo,
y en el manojo
la llave que abre
entre muchas de miles de llaves,
y se levanta entre el humo,
y se acerca a la puerta
buscando entre las posibles claves
la llave correcta,
la llave que sirva,
la llave que tenga forma de moral,
forma de respuesta,
forma de fórmula,
fórmula de forma,
la llave que lo lleve a la puerta,
a buen puerto,
a puerto de puerta,
a Puerto Patriada,
y no lo haga sufrir más,
la llave que abra ventanas,
la llave que está ahí y no encuentra,
la llave que deje de ser llave
y se vuelva candado,
colgante,
un collar que le recuerde
que esa puerta puede abrirse
porque ya ha sido abierta.
Pero se detiene,
se vuelve,
y abandona el manojo millonésico de llaves.
La puerta seguirá sin ser abierta
porque este pibe nunca pudo
y ya hace tiempo
que dejó de intentar.
la ventana no se abre
porque no hay tal ventana.
Son cuatro paredes,
una puerta
y un pibe sentado en el medio del cuarto
con un manojo de llaves en la mano.
El humo parece ser la única atmósfera que alguna vez existió,
y él parece ser la única persona que alguna vez nació.
El manojo de llaves no es solo un manojo:
es una herramienta,
una opción,
una pregunta,
una elección.
La puerta ya ni recuerda cómo era ser abierta,
ni se acuerda que sentía cuando le metían la llave
para transformarla en un pasaje hacia un más allá,
hacia un después.
Ni recuerda cómo era ser lubricada,
antioxidada,
doblevecuarentizada,
reforzada,
penetrada por una contraseña de metal
y patitas que no giran
pero hacen girar.
Ella sigue cerrada
y el muchacho sigue teniendo el manojo,
y en el manojo
la llave que abre
entre muchas de miles de llaves,
y se levanta entre el humo,
y se acerca a la puerta
buscando entre las posibles claves
la llave correcta,
la llave que sirva,
la llave que tenga forma de moral,
forma de respuesta,
forma de fórmula,
fórmula de forma,
la llave que lo lleve a la puerta,
a buen puerto,
a puerto de puerta,
a Puerto Patriada,
y no lo haga sufrir más,
la llave que abra ventanas,
la llave que está ahí y no encuentra,
la llave que deje de ser llave
y se vuelva candado,
colgante,
un collar que le recuerde
que esa puerta puede abrirse
porque ya ha sido abierta.
Pero se detiene,
se vuelve,
y abandona el manojo millonésico de llaves.
La puerta seguirá sin ser abierta
porque este pibe nunca pudo
y ya hace tiempo
que dejó de intentar.
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