jueves, 10 de julio de 2025

Creo en Dios

Creo en Dios.
Creo en Dios porque no sé si existe, pero tampoco sé si no existe.
Creo en Dios porque la vida es un misterio demasiado bien guionado.
Creo en Dios porque en el caos de la existencia, parecería haber un orden intrínseco. Todo ha sucedido demasiado bien acomodado para llegar hoy hasta aquí.
Creo en Dios porque todo sucede por algo, porque hay casualidades demasiado sospechosas, muy bien armadas. Como cruzarse justo con esa persona en la calle, justo en ese momento, ¿por qué?
Creo en Dios porque no hay mal que por bien no venga, porque yo no sé por qué sigo vivo cada mañana, porque no sé si despertaré al otro día cuando me voy a dormir.
Creo en Dios porque sigo respirando, porque nunca me falta la comida, ni la palabra amiga, ni alguien que escuche mis penas y me abrace.
Creo en Dios porque el dolor ha sido medicina, y lo que parecían tragedias se volvieron regalos. Porque las pérdidas se volvieron ganancias. 
Creo en Dios porque las cosas más lindas de mi vida han sucedido sin planearlas en absoluto.
Creo en Dios por la belleza de las flores, por la sinfonía del día y el silencio de la noche.
Creo en Dios por la danza de las galaxias, por el matrimonio de la tierra y el sol. 
Creo en Dios porque creo en la vida, en la sensualidad y en la mirada.
Creo en Dios porque creo en la locura.
Creo en Dios porque quizás mañana no crea. 
Creo en Dios porque creo en la muerte, porque ya he muerto varias veces para renacer en otro yo. Creo en Dios porque sé que, mientras viva, seguiré muriendo. 
Creo en Dios porque todo está siempre yéndose, y todo está siempre llegando. Creo en Dios porque yo estoy en el medio, viendo pasar el tiempo, viendo crecer las plantas, viendo marchitarse el fruto, para entregar su semilla a la tierra, y volver a nacer. Creo en Dios porque creo en la esperanza de una luz que nunca se apaga, que espera eternamente su momento.
Una luz que, cuando todo está en el oscuro más profundo, se revela.

Para que todo no se vuelva una mercancía

En qué momento
la espiritualidad
se volvió un negocio?

En qué momento
Dios se convirtió
en un paquete?

En qué momento
la esperanza
se volvió
un privilegio de clase?

En qué momento
nos disputamos
quién tiene la verdad, 
la terapia de las terapias, 
la sanación de las sanaciones,
la práctica de las prácticas, 
a través de reels de instagram?

Por qué nos olvidamos
que no hay nadie
mejor que otro?

Por qué
hay occidentales
vendiendo
ceremonias andinas
de tiempos incaicos? 

Por qué
lo que siempre
fue del pueblo
ahora es un artículo de vidriera, 
de especial acceso
para unos pocos?

En qué momento
se le puso precio
a la soledad
y al silencio? 

Por qué
todo lo ponemos
a la venta?

Por qué
todo lo volvemos
mercancía?

Hay que pagar
para rezar?

Dios solo asiste
a quien tiene dinero? 

Parecería 
que Jesús
va a tener que volver
a echar
a los mercaderes del templo
una vez más.

Mi único rezo

Hoy
mi único rezo
es que sea lo que Dios quiera.
Mi acotada mente
no sabe nada,
todo lo que hace es desear.
Desear y desear cosas.
Y pobrecita,
piensa que esta pena terminará
y la anhelada gloria llegará
cuando consiga lo que tanto desea.
No sabe que es una ilusión.
Me pregunto si la pena terminará
antes del día de la muerte,
o si habrá que irse a la tumba así,
mitad contento, mitad triste.
Voy a ser feliz ahora,
con todo este miedo adentro,
con toda esta tristeza encima.
Voy a ser feliz con poco,
comiendo pan y tomando mate,
mirando al cielo por horas,
no haciendo nada en todo el día.
Voy a ser feliz ahora,
olvidándome de mi,
porque no hay tal mi. 
Dejando que la vida ocurra,
confiando en la magia de la incertidumbre,
soltando lo que creo saber.
Basta de comprar certezas,
perecederas certezas del tiempo,
que me alejan del misterio
y me hacen olvidarme
de la nada sin forma
que es todo.