martes, 27 de diciembre de 2016

Reacción

¿Qué debería hacer?
¿Hundirme la cara en el barro y respirar?
¿Dibujar en el barro?
¿O evitar que llueva?

¿Qué debería hacer?
¿Coger más?
¿Coger menos?
¿Hacerme la paja más seguido?
¿Más todavía?

¿Qué debería hacer?
¿Cerrar el orto?
¿Escupir en sus caras?
¿Tragarme los mocos?
¿O meterme los dedos hasta el cerebelo?

¿Qué debería hacer?
¿Estar tranquilo?
¿Estar nervioso?
Reposo
mentiroso,
taquicárdico,
adictivo.
Lo quiero todo.

¿Qué debería hacer?
¿Pasar sin saludar?
¿Saludar sin culpa?
¿Hacer la mía?
¿Hacer la tuya?
¡Xuxa!
¡Vendeme el cicatricure!
La franquicia, el fondo de comercio,
porque esto no sana.

¿Qué debería hacer?
¿Comprar un destornillador,
abrir esta máquina,
quitarle ese bichito molesto
y quemarlo vivo en una olla con aceite hirviendo?
¿O domesticarlo?
¿Darle de comer?
Le pongo su agüita,
le pongo su comidita.
Que crezca y me devore.
Quizás,
casi desecho en sus ácidos gástricos,
ya no me preocupe por hacer algo,
y logre ver una luz,
una luz que me mira desde adentro,
una luz que siempre estuvo ahí,
una luz que aún en pleno nado digestivo en mi bicho doméstico,
me demanda que reaccione ante todo esto
y entonces...

¿Qué debería hacer?

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