Que pérdida de tiempo
besarse,
pudiendo charlar.
Que pérdida de tiempo
besarse,
pudiendo estar comiendo
juntos
y besarnos mientras masticamos
porque no se habla con la boca llena.
Que pérdida de tiempo
los labios
cuando hay ajedrez.
Me gusta pensar
(ya lo sabés)
que no tenemos que decirnos todo,
porque nos juega en contra
y nos pone en jaque,
porque lo único
que se puede hacer
con el veneno
es tomarlo.
Será el camimo a la desgracia
si nos damos las cartas equivocadas,
si te entrego mis fichas pasadas
de alcohol,
vomitivas,
un rey adicto
a la tristeza
en rehabilitación,
caballos dopados
y torres castigadas.
Desde su punto más alto
se pueden ver los restos
de todos mis castillos,
incinerados por mi propia mano,
guiada por mi propio delirio,
mi propio rey,
mis propios caballos.
Los peones
son como el tiempo,
no pueden retroceder
pero pueden estancarse
de igual a igual,
frente a frente,
tus peones y los míos,
que los pusimos ahí,
y aunque queramos
no podemos cambiar
las cosas que hicimos.
Solo tenemos que dejarlos ahí,
estancados,
ignorados,
marginados,
y esperar que el otro
llegue heroique
con su espada
(rota),
su caballo
(roto),
y decapite este peón
que solo quiere violencia,
va para adelante
cegado,
a la bandera blanca
negado,
con paso firme,
con el horizonte entre las cejas,
enfermo por el deseo
de convertirse en reina
para infiltrarse en mi castillo,
enamorar a mi rey
y desatar
una vez más
todo su poder
contra el otro reino,
sin darse cuenta
que ambos reyes son iguales
y que si estuvieran solos en el mundo
no podrían hacerse daño
ni aunque quisieran hacerlo.
Jaque mate amargo,
lavado,
mal cebado,
y sin sentido.
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