miércoles, 19 de abril de 2017

El arribo del otoño

Que lejos estabas cuando llegó el otoño.
Tu piel se volvió una campera
que a mí no me quedaría tan bien,
pero que buena campera la tuya.
Que invierno que estabas cuando llegaste.
Tanto deseamos su arribo para vestir estas ropas
que, ahora que podemos arroparnos vestidos,
decidimos dormir separados.
Que lejos estamos ahora que llegó el otoño.
Los besos de la muerte parecían ser calientes,
pero no.
Ahora que llegó el otoño
entiendo que son fríos,
ahora que llegó el otoño
los quiero menos que antes,
ya no guardan esa minúscula de placer.
Ahora me hacen tiritar los dientes,
como los cubitos de hielo.
Ah, pero cuando hay sed
si o si los cubitos,
si o si hasta los dientes,
y que la sensibilidad se la banque
porque llega el otoño
y ahora sí,
agarrate Catalina,
estamos hasta las manos.
Vuelven las tazas calientes,
las noches en casa,
las medias.
Vuelven los pantalones largos,
vuelve el buzo en la mochila,
el color sepia,
las hojas que se caen
hasta dejar solo la tapa y la contratapa.
Vuelven las cuadras frías de casa hasta la parada,
el viaje en bondi
solo y abrigado,
pegado a una ventanilla empañada de calor al revés.
Que lejos estabas cuando llegó el otoño
y que cerca te ponías mientras transcurría el verano.
Ahora entiendo que tu cercanía era atérmica
y que tu amor no entiende de comodidades.

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