miércoles, 14 de junio de 2017

Contexto

Acá abajo hay un mundo que pocos ven,
un mundo que late,
un mundo máquina
que maquinea,
alimentado del deseo
de una incesante búsqueda
hacia ningún lado.
Acá abajo hay un mundo que pocos conocen.
Qué tan pocos somos nosotros,
qué tan pocos nos sentimos,
qué tan pocos queremos ser.
Seamos pocos,
y hagámonos cargo.
Somos nosotros
los motores de este poderío
que está latiendo,
haciendo retumbar los tambores,
colocando bien las voces,
afinando bien las guitarras,
nadie
se queda
afuera,
si el piano está desafinado
nos afinamos todos a él,
y tocamos todos,
que nadie
se quede
afuera,
por más imposible que sea.
Si nadie tiene las fórmulas,
ni las maneras,
ni los por qué,
ni los cómo,
en qué otro lugar
puedo poner mi sudor
y mis lágrimas
que no sea
en el constante proceso
de transformar mi entorno,
en exigirme,
en exigirles,
en generar que este mar en el que nado
sea el mar en el que quiero nadar,
sea el mar en el que siempre he nadado,
sea simplemente
el mar,
todo
el mar.
Qué más me queda que dejarme flotar,
sin esperar más las costas,
sin esperar más los barcos,
qué más me queda
que aprender a nadar sin que me enseñen,
ver qué hay más abajo,
bajar más,
con mucho miedo a no salir,
pero sin miedo a seguir bajando.
Qué más me queda
que entregarme a mi lugar en el mundo
y confiar,
confiar
y confiar.

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