miércoles, 14 de junio de 2017

Aseguridad

24/7
me interné a hacerlo.
Pasé foto
tras foto,
tras texto,
tras foto.
Viajando años
y años
hacia atrás,
buscando.
Mirando
tu cara fotografiada,
con tus ojos sin vida,
congelados en el tiempo,
mirándome.
Buscando
en esos ojos
algo
que me diga
algo
que me haga
(sentir)
algo.
Tuve que asegurarme.
Busqué en cada foto
para quedarme tranquilo
de que no eras vos.
Tuve que asegurarme
de que cuando te dejé ir,
no la dejé irse a ella.
Tuve que asegurarme
de que ella
no eras vos,
de que vos
no eras ella.
Porque si eras vos...
Porque si eras ella...
¿Y si eras vos?
¿Y si eras ella?
Tuve que asegurarme
de que si eras vos
iba a darme cuenta,
de que iba a pasar foto,
tras foto,
tras texto,
tras foto,
y se iba a apagar la luz,
se iba a caer el mundo,
se iba a inundar mi cuarto,
e iba a darme cuenta
de que dejé ir
a mi mejor amiga,
a mi compañera de vida,
y tenía que asegurarme
de que no,
de que esto sigue,
de que no sos
la luz
al final
del túnel.
Tuve que mejorar mi mentira,
para asegurarme
de mentirme
bien
a mí mismo,
asegurarme
de ignorar
que eras ella.
Asegurarme
de mentirme
y convencerme
de que no soy víctima
de la tortura
indisimulable
de extrañarte,
pero te extraño,
y aunque te extraño,
tuve que hacerme creer
que no,
que la cosa
no funcionaba,
que la cosa
no iba.
Tuve que asegurarme
de no abrir los ojos,
de no mirar,
para no ver
la magia
que todos
vemos
en vos,
para no
caer
en la cuenta
de tu perfección absoluta,
de tu encastre para con mi forma,
de lo bien
que encajaban
nuestras bocas,
nuestros pensamientos,
nuestras palabras,
nuestro habla,
nuestra fibra óptica.
Tuve que asegurarme,
y asegurarte
para no
lastimarte,
y amarte
a la distancia.
Tuve que asegurarme
de que puedo amar tu recuerdo,
vivir con tu ausencia
y soñar
con todo
lo que pudo
haber
sido
pero
no
fue.

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