No había sucedido un solo beso
y mientras hablábamos
(vos llevabas la posta de la charla)
te interrumpí
para decirte que me encantabas.
Vos te reíste y me retrucaste
que "¿cómo puede ser?"
"No me conocés" me dijiste.
Para mi fue tan claro.
"¿Qué tiene que ver?
Eso no importa" te dije.
"Si te digo que me encantás,
es porque es así,
porque ya te inventé toda.
Vos me regalaste tu imagen,
y yo hice el resto.
De tus ojos
hice tu sospecha,
tu inconfundible sensación
de guardar algo más
detrás de ellos.
De tu boca
hice tus besos.
Los probé esa noche
para ver si me habían salido bien,
dudé,
y no volví a besarlos,
por si las dudas.
De tu pelo
hice un broche de abuela joven,
te lo colocaste en función de atártelo,
y así pareció mas corto,
tanto
que tuve que cortártelo
para que fuera cierto
y así combinara con tu ropa antigua.
De esas prendas
salieron tus ideas,
tu forma de ver el mundo,
la vida,
tu locura,
música,
películas
y libros.
Toda te hice en un segundo,
y vos callada,
me dijiste que no te conocía.
Yo te dije que eso no importaba
porque con lo demás
ya estaba hecho,
ya quería sentir el momento
de sumergirme
en semejante mujer construida.
Me tiré para ver si funcionabas bien,
dudé,
y no volví a hacerlo,
por si las dudas.
Pero me faltaba algo más,
algo que yo pudiera ver
pero no entender,
algo que pudiera ser
pero no crear.
Ya sabías caminar desde antes de todo,
y así nos llevaste hasta una parada de colectivo,
te pusiste los auris,
te pregunté que escuchabas,
me dijiste
"Sumo,
es una fiesta".
Ahí me di cuenta
que no te conocía,
que vos sabías algo que yo no,
que no me encantabas,
que yo me encantaba solo,
y supe que todo lo que había creado
me mantendría prisionero para siempre,
manteniendome vivo
a base del deseo
de besos
que jamás volvería a probar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario