lunes, 13 de junio de 2016

Claudia en el zaguán (La Banda del Río Salí)

Para ti, mi amor.
Y abrazada a su almohada, Claudia se acordó. Se acordó de los besos, de los abrazos, y tuvo sed. Se acordó de esas noches interminables en la casa de sus padres. Esa casa en la que tanto tiempo habían estado solos y juntos. Porque ellos viajaban. Los padres. No viajaban lejos pero viajaban siempre. Se acordó. Se acordó del pasillo, del zaguán. De la ventana en el zaguán, esa ventanita de vitró. ¡Del amor en la ventana se acordó! Ese amor, agarrada fuerte al marco, o posando las manos ante las luces de una ciudad que se adivinaba cómplice. Se acordó de las noches interminables, con desvelo y alegría, que parecían sonrisas. De las sonrisas interminables, con desvelo y alegría, que parecían refusilos. Y de los refusilos interminables, con desvelo y alegría, que parecían... que parecían...
¡No, no, no, no, no lo decían! Pero se miraban (y qué manera de besarse). Qué manera de recorrerse el cuerpo por entero (desde la cabeza hasta los tobillos), en franco descenso por la espalda, no sin antes... no sin antes pasar y detenerse ahí, ahí, justo ahí, en aquel pedacito de piel tersa. Ese pedacito de piel tersa que está detrás de la rodilla, que no sabemos cómo se llama, no tenemos idea, pero que es imposible pasar por ahí sin detenerse a dibujar con la boca, con la lengua, con los dientes, con los labios, con los nervios. Hombro, cuello, nuca, oreja, nariz, costilla, atentos en la espera de que un "¡Qué beso!" los haga cómplices.
Y del placer de verla caminar a la heladera a las 6 de la mañana a buscar una botella de agua. Ser testigo manso de sus gracias caminantes, en ese pasillo que se dibuja entre heladera y cama, cama y heladera, cada vez que se abre esa puerta. Y más tarde, entre las sábanas, La Cordillera de Los Andes, El Aconcagua, Los Valles Calchaquíes. Mientras tanto, abajo de la tierra, las placas tectónicas chocan unas contra otras, formando y desarmando cosas. Detenerse en un espejo de agua y darse cuenta de que Claudia, tal vez, tenga otros nombres.

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