lunes, 17 de octubre de 2016
La pared y la mariposa
El tiempo es un actor que interpreta eternamente el papel de divisor de caminos. Yo soy parte de una tribu, o al menos lo era. Vagábamos, cual manada, por el desierto. Era tal el ocaso de esa tarde y el naranja del cielo era tan igual al naranja de la arena del suelo, que parecía no haber horizonte, parecía no haber un sol pero aun así no ser de noche. Vagábamos, como por nada, como por todo, como si ignoráramos completa y absolutamente el paso del tiempo. Recuerdo que estábamos caminando todos juntos, encontrándonos a cada segundo hasta que apareció cierta mariposa de ciertos colores extraños, como si hubiera sido pintada por un artista de otro mundo. Voló hacia nosotros, y de repente, de la nada misma, se trazó ante nosotros una pared de un material llamativamente extraño. La mejor aproximación que puedo darles es "gelatina violeta claro", una pared de gelatina violeta claro, transparente. Pared que se estrenó en nuestra vida, pared nueva y virgen de teorías y errores humanos, errores contaminantes. En la tribu eramos varios, dormíamos todos bajos distintos techos. Nos encontrábamos para enseñarnos, para aprendernos. Íbamos, al menos hasta ese momento, hacia el mismo lado. El caso es que uno de nosotros se atrevió a tantear la gelatinosa pared. Apoyó su mano pensando en la pared, siendo la pared. Dio un paso mas allá y se decidió a intentar atravesarla, pero atravesarla no dificultosamente sino como si lo único que supiera hacer en el mundo fuera atravesar paredes gelatina, como si ya hubiera atravesado mil paredes gelatina, como si hubiera nacido para atravesar paredes gelatina, tan fácil lo hizo parecer. Se convenció de que podía pasar. Y pasó, ahora está del otro lado. Otro mas se atrevió, apoya, atraviesa, pasa. Ahora otro, apoya, atraviesa, pasa. Otro curioso, apoya, atraviesa, pasa. Pasaron todos, uno atrás del otro, como ideas en una mente. Hasta que quedé yo. Era mi turno de enfrentarme con esa pared, de conocerla, de transitarla, de degustarla, de sentirla, de atravesarla mientras me dejo atravesar por ella. Me acerqué, me apoyé, me uní a ella y.... no hubo caso. La pared se volvió totalmente sólida. A la vista era exactamente igual que antes, nada había cambiado. Pero ahora era completa y escalofriantemente sólida. "No puedo" fue lo primero que pensé. "No pertenezco al otro lado, hay todo un hemisferio que jamas podrá ser mio ni yo ser de él. Quiero pasar, nada mas quiero. ¿Qué tantas maravillas se esconden de ese lado? ¿Qué mas hay para escuchar? ¿Cuáles son los mensajes que no logro recibir? ¿Cuáles son las ideas que no logro decodificar? ¿Por qué soy tan ignorante y por qué me es tan difícil lo que para todos es tan fácil? ¿Por qué esta caída absurda, esta confesión patética y penosa de ejercicios matemáticos que a nadie le importan? Al fin y al cabo estoy solo. Todos habían pasado, juntos, sonriendo, pintando de color fácil a la vida. Los miré a través de la transparencia de la pared, sin saber que hacer, con la mirada desesperada y cargada de deseo y buenas intenciones. Ellos, del otro lado, se miraron, me miraron, son seres que miran, que gesticulan, que hablan, que transmiten pedazos de mundo. Algo ha cambiado, el aire lo dice. Me miraron de reojo, dijeron adiós con la boca cerrada (lo dijeron con los ojos), dieron media vuelta y se marcharon. Los vi alejarse en el desierto naranja como el cielo, hasta que en un momento, cuando estaban llegando a lo que para mi era el horizonte, para ellos su casa, pude ver como uno por uno, se convertían en ciertas mariposas de ciertos colores extraños, y volvían volando, directo hacia mi, directo a buscarme. Volvían directo a llevarme.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario