jueves, 20 de octubre de 2016

El cielo se desmorona

El cielo se desmorona,
se cae a pedazos.
Se suicida
solo para nosotros.
El cielo se desmorona,
apaga su velador,
baja la térmica,
manda a las nubes a casa
para que se mojen en el camino
y lleguen a su hogar,
agarren una toalla,
sequen sus melenas blancas esponjosas
y se sacudan,
y sean libres danzando mojadas
porque el cielo se desmorona,
y no es tarde,
sino que es exactamente preciso.
Es una lluvia exacta;
cada centímetro cúbico sabe donde y cuando caer
ya que el cielo se desmorona,
se quiebra en llanto,
hace nacer una ducha sin canillas,
sin fierros,
sin cloro.
Es una ducha que viene del primer mundo,
y no hablo de países,
sino de la lluvia primera,
la ducha original,
el baño que el cielo hace nacer para nosotros,
para que te vea venir a lo lejos
por la misma cuadra,
o la cuadra de enfrente,
y cruce, ajeno a toda duda,
mojándome feliz, mojándome más todavía,
y te reconozca a lo lejos
y vos me reconozcas a mí,
me analices y me sientas dentro tuyo,
sin aún tocarnos,
como yo te siento dentro solo al verte,
y te invite:
¡Vení a mojarte conmigo!
¡Dancemos bajo la lluvia!
¡Respiremos bajo el agua!
Dame tu mano
y creemos un momento único,
un momento irrepetiblemente fugaz.
Creemos un momento jamás creado,
deborémonos los labios en un beso bien ruidoso,
bien húmedo,
un beso como debe ser,
un beso con B mayúscula,
un beso que te haga saber cuántas ganas,
cuántas ganas,
cuántas ganas había
mientras nos fusionamos en un abrazo subacuático.
Dejá caer todas tus bolsas y entregate a este momento,
que cada gota de esta lluvia
está cayendo para nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario