no de mí,
no de vos,
mamá siempre va a ser mi novia,
y papá siempre va a tener la culpa de todo,
y toda mi vida depende de un papel.
Ya no quiero ver gente entera
porque eso no existe.
Quiero verlos a todos rotos,
muéstrense,
que rotos estamos todos
por dentro
el tiempo todo,
todo el tiempo.
Mi vida toda,
toda mi vida
depende de un papel.
¿Qué consejo puede considerarse acertado, si las fórmulas
son cuentos de hadas?
Si aprender buscamos, mi amor, ¿qué hemos estado haciendo?
A mi me enseñaron a odiar a los chilenos porque vendieron las
Malvinas.
"¡Chilenos de mierda!" gritaba Fede en la primaria a los 7 años,
creyendo saber algo,
sintiéndose parte de algo,
sin saber que "no sé" se escribe separado,
al igual que "por favor",
un reclamo,
un abrazo,
un rincón para llorar tranquilo.
"¡Chilenos de mierda!" gritaba mi padre,
y yo que admiraba sus puteadas,
hoy puteo sus admiraciones.
¿Qué culpa tengo yo de ser tan falible y qué culpa tiene un
chileno de que le hayan puesto nombre de la cordillera para allá?
¿Por qué no aquí?
O yo allá.
Aquí y ahora
es cuando.
Quisiera vestirme de explosivos,
la cantidad exacta para derrumbar todo el muro de los andes,
(la cordillera de Berlín),
y abrazar a aquel hermano que no conozco,
que está del otro lado,
hacer un fuego alimentado de cadáveres de generaciones pasadas,
que ya cadáveres son,
entonces,
usémoslos para algo,
danzar tirando tiros al aire,
a ver quién puede atrapar una bala con su cabeza,
para solucionar algo,
para hacer reír,
para darle un sentido más práctico a esta vida absurda,
para que mi muerte sea recordada
como aquel cuerpo explosivo,
que derrumbó la montaña,
y les regaló hoy,
un pedazo de vida.
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