Me la paso hablando
conmigo mismo.
El diálogo interno
no cesa nunca.
A veces se calma
un poco,
digamos que se acerca
al silencio,
como si
se durmiera una siesta.
Pero pareciera que hay
un silencio
que es como
una utopía.
Un silencio interior
que es como un
imposible,
o una posible
iluminación,
un resolverlo todo,
un responder todas las preguntas,
no tener ningún drama,
ningún rollo,
ninguna preocupación,
ningún miedo,
ninguna ansiedad,
la pura plenitud.
Yo todavía
no estoy ahí,
quizás no llegue nunca.
Entonces,
ya que mi diálogo interno
no va a parar,
por ahora
me concentro
en tener un buen diálogo,
una buena conversación
conmigo mismo.
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