La guitarra tiene una magia de madera, alguna vez fue árbol. Tiene ese permiso de ser transportada a cualquier lado como un juguete o una herramienta o un libro o un mate (al final todo es lo mismo, guitarra juguete libro mate... herramientas... portales). Por eso se vuelve compañera, cobra id-entidad, es una amiga.
Cuando voy a la plaza, al río, a la terraza, a la playa, al cielo, con la guitarra, casi siempre me voy con una nueva melodía, una nueva música, que baja del aire casi sin querer. Por eso siento que las canciones están ahí, y hay que ir a buscarlas. Por eso venir acá, a la natura, y escuchar, y cantar, y sacar, y decir. Porque hay mensajes que esperan ser recibidos, esperan ser dichos, esperan ser canción.
La guitarra brinda esa posibilidad, de salir a buscar música a cualquier lado. Bien sabemos que el contexto nos afecta, lo que absorbemos por nuestros cinco (o más) sentidos le da forma a nuestro sentir, a nuestro pensar, a nuestro crecer. Creo que venir a buscar canciones a estos lugares, es lo más, porque no solo aparecen canciones, aparecen sentires, pensares, creceres. Así la música se vuelve camino, maestra, se vuelve vida, herramienta, así brota su poder, así se manifiesta y construye, acciona su causa, le da rienda suelta a su efecto.
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